Andy Warhol y el cine

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Su verdadero nombre era Andrew Warhola. Nació en 1928 en Pittbursg, Pennsylvania. Su familia era polaca y sus padres, inmigrantes, decidieron cambiarse el apellido original, que era Varchola. Andy fue un niño enfermizo, sufría de escarlatina y corea de Sydenham, o baile de San Vito. Estas enfermedades le llevaron a ser un niño solitario e introvertido y a formar un vínculo muy fuerte con su madre. Al ser un niño tímido, en su soledad se dedicó a pintar, escuchar la radio y curiosear fotografías de estrellas del cine. El propio Warhol admitiría más tarde que esta etapa de su infancia fue fundamental para su posterior desarrollo artístico.

Warhol estudió Arte Comercial en Pittsburg. Se graduó en 1949 y comenzó una fructuosa carrera como ilustrador de famosas publicaciones como Vogue y Harper’s Bazar. En un momento en el que triunfan artistas como Pollock o De Koonign, Warhol propone un arte menos elitista visualmente y más popular, extrayendo elementos cotidianos fuera de contexto; es por esto que se le suele adjudicar un cierto aire dadá y similitudes con los ready mades de Duchamp.

Su primer contacto con el mundo del cine fue a través de una cámara de video que sólo podía filmar unos cuatro o cinco minutos. Comenzó entonces a hacer retratos visuales de sus amigos, les llamaba screen tests.

En 1963 trasladó su estudio a la calle 47, en Nueva York,  y creó La factoría (The Factory), un lugar donde emergían todo tipo de perversiones -artísticas o no, y más o menos políticamente correctas-. La Factoría solía estar llena de artistas y personajes pintorescos, así como de interesados que sólo querían sacar algún tipo de provecho. En este tiempo, Andy ya era bastante famoso y representaba dinero y clase. Supo crear una elegancia extravagante a su alrededor con las fiestas de travestis y drag queens que organizaba, en las que él mismo se ponía pelucas y se pintaba como una mujer para posteriormente retratarse, algo que nos lleva a pensar de nuevo en Duchamp y en su alter ego femenino, Rrose Sélavy.

Izquierda: Andy Warhol vestido de mujer. Derecha: Marcel Duchamp como Rrose Sélavy.

Izquierda: Andy Warhol vestido de mujer. Derecha: Marcel Duchamp como Rrose Sélavy.

Andy Warhol fue, sin lugar a dudas, un maestro de la pasividad: se conviertió a sí mismo en uno de sus objetos, tal vez de similar forma a Dalí, cuando decía aquello de que el surrealismo era él mismo, pero el concepto varía un poco. Warhol trabajó hasta hacerse famoso y ese fue su triunfo, a partir de ahí no hizo – ni tuvo que hacer- nada más. También ligado al concepto de pasividad encontramos el de presencia: la presencia de Warhol en una fiesta o cualquier acto era todo un acontecimiento, y sinónimo de éxito y clase.

Pero Warhol realmente no se preocupaba tanto por asistir a estas fiestas. Allí sólo querían su presencia y él se sentía satisfecho contemplando a la gente y sus reacciones. Llego un momento en el que este mundo de la presencia se acabó, se agotó. A pesar de que pueda resultar extraño, Warhol ni se inmutó, sabía que no asistir u organizar estos eventos sociales no significaba el fin de su fama o su producción. -Nunca estuvo verdaderamente apegado a estos actos, él sólo era un elemento más, un elemento pasivo. Su talento, más que plástico, era teatral, con habilidad para colocar objetos o a él mismo en los ambientes adecuados. Pero, ¿por qué esta inmutable pasividad de Warhol? Básicamente un poco aprecio por la vida, Andy dudaba sobre el valor de la vida.

Para Warhol el cine, como el arte y casi la vida, existen sólo por la mirada del espectador. Warhol se sentía atraído por la inmediatez del cine y, de hecho,  el montaje lo usa muy poco o nada en sus primeras películas. En realidad, Warhol ignoraba el funcionamiento técnico del  montaje y el sonido,  pero esto no le impedió grabar, sin más. Era todo lo que él quería y el resultado fue un cine de vanguardia poético no narrativo.
En 1963 realizó “Kiss”, donde aparecen una serie de planos de parejas besándose. El film carece de títulos de crédito y de banda sonora. Igual ocurre con “Sleep” y “Empire”.

“Sleep” también comienza sin títulos de crédito, lo primero que se ve es el abdomen de un hombre que respira tranquilamente. En el montaje  no existe mucho misterio, rollos tras rollos, sin delicadezas, cuando se acaba uno, deja que la pantalla se quede en blanco, hasta que empieza el empalme del siguiente.

La película fue rodada en varias sesiones y tomas distintas. El hombre que duerme es el amante de Warhol en ese momento, John Girón. Sobre “Sleep”, Adams Sitney 1; comenta: “Warhol hizo famoso el encuadre fijo en “Sleep”, donde se ven media docena de planos durante más de seis horas. Para conseguir esta prolongación utilizó el tiraje en cinta sin fin de tomas enteras de treinta minutos (2 ¾ minutos) y al final el proceso prolongado aumenta el grano y aplana la imagen exactamente igual que lo hace el refotografiar a partir de la pantalla”. En “Sleep” no hay apenas zooms. No hay casi efectos técnicos. Cada uno de los planos es un ejemplo del estilo pictórico de Warhol, es casi una composición serial bajo la influencia de Duchamp. Se denota una pasividad en la obra, una negación del arte en su actitud, un rechazo del artista a ejercer su función creativa.

Cuando se proyectaba “Sleep” en los cines poca gente lograba mantener la atención, así que se convertía en una reunión social. La gente salía y entraba de la sala, pero la película seguía proyectándose. Es la presencia, de la que Warhol se alimentaba y hacía gala, la que creaba ese ambiente frívolo y social burgués.

El tema real de la película es el sueño entendido como liberación nocturna de la prisión del tiempo, cuando la mente se mueve pero el cuerpo reposa. Es una observación directa de una persona sin envoltorios, sólo cuerpo, sólo piel. Es erótico y una alusión a la siempre posición del espectador como voyeur, esta sensación de voyeur puede recordar al cine clásico de Hollywood donde nos otorgan esa posición de poder mirar sin ser mirados, y es bastante interesante incluir un concepto de este tipo con una narrativa totalmente diferente. Este voyeurismo alcanzará su punto álgido con la película de soft porn “Blow up” y lo romperá con “Haircut”, donde el protagonista, Linich, mira la cámara.

giphy

En “Empire” nos enseñó durante ocho horas el edifico más significativo de Nueva York para Warhol desde el piso 44 del edificio Time Life. Asistimos a la caída del sol y el posterior paso de la noche. De nuevo Andy desprecia cualquier interés por el espectador, sin embargo, podemos decir que ocurren cosas: el atardecer, el encendido de luces del edificio… La película es la esencia de Warhol: no tiene más argumento que el mero hecho de estar realizada por él mismo. La fama que automáticamente su persona sugiere. Y esto, de nuevo, es una idea muy dadá.
La película queda totalmente deshumanizada al pensar que ninguna persona puede visionar las ocho horas de film, porque no es soportable, sólo una máquina puede con ello, sólo algo inerte y sin vida puede hacerlo.

Tanto “Sleep” como “Empire”, son películas de corte minimalista y, en el caso de “Empire”, fue la última de sus peliculas mudas.

 

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1 KOCH, Stephen. Andy Warhol Superstar. Anagrama. Barcelona: 1976. Pág 55

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