Audiolibros: ¿una excusa para no leer?

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Están en el ambiente acechándonos, aparecen en tus anuncios de Spotify, entre capítulo y capítulo de Neox, te susurran cuando estás remolón y te embaucan cuando te da toda la pereza levantarte del sofá… ¿Quién llamó a la puerta? ¡Los audiolibros!

Porque ¿quién tiene tiempo para coger un libro y ponerse a leer? Si tienes suerte y puedes conseguir sentarte en el Metro, de camino al trabajo, ya puedes disfrutar de media horita para dedicarla a la lectura pero si te toca hora punta difícilmente puedes mantener los brazos en firme y te ves obligado a usar el comodín: auriculares, y a dañarse los oídos con música demasiado alta. ¿Leer por la noche? No, imposible: ¿cuándo me preparo el tupper para mañana? ¿Quién pone la lavadora? Con suerte, si acaso, consigues dormirte delante del libro abierto.

Orson Welles durante la retransmisión de «La guerra de los mundos»

Los audiolibros no se han inventado ahora –ni por asomo-, son algo que tienen una larga historia detrás con la ficción sonora, las radionovelas, Orson Welles y La guerra de los mundos… Pero actualmente casan a la perfección con nuestra falta de tiempo y con ¿nuestro poco interés en la lectura convencional? Además, la facilidad para acceder a ellos es apabullante. Tanto gratuitos como de pago, los encontramos en vídeos de Youtube que narran tanto La Odisea como Cien años de soledad, en podcasts literarios en Spotify, en Google Play y Apple Books -preinstalados en nuestros móviles para más inri-, en algunas aplicaciones que están ganando popularidad en estos últimos meses como Storytel o Audible, e incluso hace años los encontrábamos en casete (recordemos a ese Homer escuchando en el coche El corazón arponeado, la novela escrita por Marge y recitado por las hermanas Olsen). A través de todas estas plataformas, apretando un botón, tienes tu próximo viaje con un guía que te ahorra mantener la vista sobre la página.

Pero ¿cuál es el problema de los audiolibros? Quizá no esté tan patente en su uso como en su trasfondo -infravalorar la experiencia y catalogarla como “lectura para vagos” es irresponsable y nada certero-. El ritmo que nos impone el mundo actual no nos permite detenernos y nos “obliga” a recurrir a ellos. Todo debe ser rápido, con resultados momentáneos y que nos dirijan a una búsqueda de resultados tangibles perpetua. Con los audiolibros nos sumergirnos en historias que avanzan al igual que nosotros, mientras nos dirigimos al trabajo, a la compra o viajamos en coche. ¡No hay tiempo que perder!

Vamos como locos, de arriba abajo, comiendo de pie y sintiéndonos culpables si salimos a la hora estipulada en nuestro contrato de trabajo. ¡No nos dan tiempo ni para imaginar! La reflexión está de más, el pensamiento crítico es infructuoso y alimentarlo con la lectura pausada… ¡una herejía!

Por ello, hay que ser un auténtico kamikaze para ponerse de espaldas a este frenetismo, cerrar las ventanas de tu casa, encender una lámpara y ponerse a leer –en papel- tranquilamente, obviando las entregas, las fechas límites y los informes que te queden por entregar en el trabajo. Porque leer es, en definitiva, puro punk.

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