CHEESE. Descubriendo a Mika Rottenberg

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“Mika Rottenberg elabora narrativas visuales basadas  en tradiciones cinematográficas, escultóricas y de la sub-cultura para forjar un nuevo lenguaje en donde explorar la seducción, la magia y la desesperación de nuestra realidad interconectada a una escala mundial hiper-capitalista.”

Bio extraída de su página en la Galería Andrea Rosen de Nueva York

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Encontrarse con Cheese de Mika Rottenberg, para descubrir a esta artista, sin previo aviso, sin tener ninguna referencia, te hace pensar y pensar. Y te quedas rara, rara. Entras en una choza, la cual no da mucha confianza sobre su estabilidad, y eres hipnotizada por cualquiera de sus rincones. La sensación espacial del interior es de ser muchísimo mayor, como si entraras a otra dimensión. Hay pantallas que te trasladan a una granja de otro siglo, ventanas al exterior, para espiar lo que parece un inocente aquelarre donde seis mujeres de pelos increíblemente largos hacen tareas domésticas o no… necesitas observarlas un poco más, y un poco más, y un poco más… Se atusan el pelo, lo bailan, se lo lavan… hacen queso… persiguen cabras… Y parece que el tiempo se dilata y te cuesta salir de allí, es esa sensación, como quien observa un acuario o se queda durante horas en un refugio camuflado para fotografiar pájaros.

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Por el nombre de la autora y la ubicación, en el DEN FRIE de Copenhague, enseguida te hace pensar en una autora nórdica de referencias ancestrales vikingas. Pero no: ¡Mika Rottenberg es argentina!

Aunque sí, Mika Rottenberg nació en Argentina, pero allí habitó sólo un año, después voló a Tel Aviv donde se crió y se formó, para finalmente terminar viviendo en New York. No hay información sobre si generaciones anteriores a ella sí habitaron por el país de las llanuras infinitas, o como parece contarnos su apellido, sus abuelos, como tantas otras familias, salieron de Europa Central durante la segunda guerra mundial, huyendo del antisemitismo.

La propia identidad la construye uno mismo, por lo que Mika es libre de autodenominarse argentina, pero lo que yo entiendo es que Mika es una ciudadana transmundo.

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El año que nació Mika se produjo el golpe de estado en Argentina. Fueron muchas las familias que debieron, de nuevo, huir de un país por razones políticas. Es bastante probable que la familia de Mika fuera una de ellas. Tanto si esta teoría, como la de los abuelos, es cierta o no, el trabajo de Mika debiera estar impregnado de esa realidad tan cercana a sus circunstancias ambientales, pero no lo está. Al menos no obviamente. El caso es que ese puede ser el origen de que el trabajo de Mika flote por encima de la humanidad. Parece estar por encima del bien y del mal, en la capa que nos conecta a todos, estés donde estés (de aquí lo de trans-mundo). Y lo más interesante de su trabajo quizás sea que lo consigue reutilizando clichés muy potentes y fuertemente contextualizados en un momento histórico, en una ubicación concreta de tiempo y lugar.

Así es Cheese, basada en la atractiva historia real de las siete hermanas Sutherland, que puede ser considerado uno de los primeros ejemplos de la “cosificación de la mujer en la publicidad”.

Fotografías de archivo de las hermanas Sutherland y su loción capilar.

Fotografías de archivo de las hermanas Sutherland y su loción capilar.

Desde una imagen potente que forma parte de una parte pequeña de la historia, en un momento concreto, en un lugar en especial, de unas personas con nombres y apellidos, cuya existencia conocen unos pocos, se construye un relato con casi todas las temáticas del universo Rottenberg, por el cual interconecta realidades de un mundo, como dice su bio, hiper-capitalista. La cosificación de la mujer o la explotación de su cuerpo con fines económicos: el padre de las hermanas utilizó su imagen para vender una loción capilar. Las creencias y la magia: a la loción crece pelos se le atribuían poderes milagrosos a la vista de las magníficas melenas de las siete hermanas. Los rituales de culto al cuerpo que llegan a suponer una esclavitud -mantener esas melenas en cuidados debía ser un tormento similar a las intervenciones estéticas del siglo XXI-, que no es otra cosa que el ejemplo extremo del nivel de esclavitud al que somos capaces de llegar en nombre de nuestra imagen. Y, por último, el atrayente mundo de las subculturas o comunidades frikis de fieles seguidores unidos por las más variopintas y extrañas afinidades que se conforman en verdaderos clanes mundiales gracias a internet, en este caso, amantes del long-hair o rapunzel.

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Cheese es una apuesta de una potencia estética indudable, que te hace vivir una experiencia casi mágica; que me invitó a conocer en mayor profundidad a esta artista. En ese proceso de conocimiento, que todavía no he terminado, descubro una autora más mordaz, menos amable, con una visión más crítica y ácida del mundo en el que vivimos. Si con Cheese cuesta retirarse, con otros trabajos de Mika cuesta quedarse, y no entiendo esto como algo necesariamente negativo. La burla que puede llegar a ser desagradable, para ser digerida, te obliga a reflexionar en el momento. Con Cheese, en cambio, la reflexión ha venido a posteriori y siempre apoyada por el descubrimiento del ámbito de trabajo de la autora.

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Habrá que seguir de cerca el trabajo de Mika Rottenberg, porque por temática y modos de hacer, queda indudablemente en mi cajón de referencias.

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Más información:

www.andrearosengallery.com/artists/mika-rottenberg
denfrie.dk/en/exhibition/mika-rottenberg/
www.rapunzelsdelight.com/sutherland/sisters_old_page.html

Todas las fotografías son de la instalación “Cheese” de Mika Rottenberg en el Centro DEN FRIE de Arte Contemporáneo, tomadas por Elena González Torres el 26 de Febrero de 2017.

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