Herb y Dorothy: la colección Vogel

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Herbert y Dorothy Vogel fueron los protagonistas de portadas y entrevistas en los años 70 en Estados Unidos por poseer una colección repleta de obras de Sol LeWitt, Christo, Richard Tuttle, Joseph Beuys o Cindy Sherman, entre otros grandes nombres. Recientemente los documentales Herb and Dorothy y Herb and Dorothy 50×50 han retomado esta historia llena de pasión por el arte y el coleccionismo.

Conocí el documental Herb and Dorothy gracias a la entrevista que realicé a la artista a Luz Ángela Lizarazo que, cuando me hablaba sobre la venta de sus obras a coleccionistas, mencionó el caso de Herbert y Dorothy Vogel, al que se le habían dedicado dos largometrajes.

Fue Megumi Sasaki, una joven directora estadounidense, quien tras conocer la vida de los Vogel decidió que era necesario dar difusión a esta historia. El primer documental fue un éxito y para el segundo, Dorothy and Herb 50×50, un ambicioso proyecto que mostraba la segunda parte de esta historia, Sasaki recaudó fondos vía crowdfunding. Rápidamente alcanzó el presupuesto necesario. En todas las reseñas se hace mucho hincapié en que Dorothy y Herbert tenían profesiones humildes, sin grandes honorarios. Ella era bibliotecaria por vocación, y él trabajaba en una oficina postal, en el turno de noche, porque era un buen trabajo y le dejaba muchas horas libres durante el día.

Dorothy y Herbert Vogel en 1975. Foto por Nathaniel Tileston. ©

Dorothy y Herbert Vogel en 1975. Foto: Nathaniel Tileston.

 

Ninguno de los dos sabía especialmente de arte, aunque se interesaban por él. En su luna de miel fueron a Washington, y lo primero que hicieron fue visitar la National Gallery. Fue allí donde ambos se descubrieron como apasionados del arte. El hecho de que su interés por el arte fuera meramente intuitivo y no académico fue un factor clave en su colección. Ambos tomaron clases de arte, pero pronto lo abandonaron porque se interesaron más en la obra de otros artistas, y sin dudarlo, comenzaron a adquirirlas.

Lisa Bradley, "Untitled", 1973. Colección Vogel.

Lisa Bradley, “Untitled”, 1973. Colección Vogel.

Empezaron comprando a artistas jóvenes, con cortas trayectorias pero bastante consolidadas, especialmente de la corriente del minimalismo, por razones económicas, puesto que el pop art y el expresionismo abstracto se cotizaban muy altos y no podían hacer frente a precios desorbitados con sus modestos sueldos. Sin embargo, el minimalismo, despreciado por los grandes coleccionistas, les proporcionaba un contacto directo con artistas emergentes, ávidos de dinero para pagar sus estudios y alquileres y, lo que es bastante importante, muy accesibles a hablar sobre su obra y su proceso creativo.

Richard Tuttle, "3erd rope piece". 1974. Colección Vogel.

Richard Tuttle, “3erd rope piece”. 1974. Colección Vogel.

Estos tres factores: sus orígenes humildes, su intuición para el arte y el contacto directo con los artistas crearon un halo especial que acompañaba a los Vogel allá por donde iban.
Herb y Dorothy vivían en un pequeño apartamento de Nueva York, de una sola habitación. Sus únicas premisas a la hora de comprar obra eran que pudieran permitírsela económicamente y que cupieran en su pequeño piso.

Richard Tuttle, "Bit", 1965. Colección Vogel

Richard Tuttle, “Bit”, 1965. Colección Vogel

De esta manera comenzaron a coleccionar obras, sin más criterio que el suyo propio, si les gustaba y tenía un buen precio, la compraban. No había especulación, no había voluntad de aprovecharse de los jóvenes artistas, sino todo lo contrario. Establecían relaciones de verdadera amistad con los artistas, que solían visitar en sus propios estudios. y éstos les recibían con los brazos abiertos puesto que su visita solía significar que iban a vender.

Will Barnet, "The collectors" (Dorothy y Herb), s/f

Will Barnet, “The collectors” (Dorothy y Herb), s/f. Colección Vogel

Según van relatando su historia, podemos establecer varias diferencias con el coleccionismo de hoy en día. No sólo por el contacto directo con los artistas – aunque también acudieron a las galerías, cuando comenzaron a surgir en el Soho neoyorkino-, también por la cotización de las obras, bastante más asequibles. Incluso, en la película, los Vogel hablan de una venta de obras de arte de Carl André en la que los precios se adecuaban al sueldo de la persona que fuese a comprar la obra, una de las acciones del movimiento que entonces se denominó “arte para el pueblo.”

Carl André, "Untitled", s/f. Colección Vogel

Carl André, “Untitled”, s/f. Colección Vogel. Foto: Lorene Emerson

Los Vogel coleccionaron minimalismo, arte conceptual, e informalismo. Movimientos que no se caracterizan especialmente por su fácil entendimiento o por su estética; no obstante, Dorothy y Herb tenían lo que se ha denominado “ojo para el arte”, su intuición reconocía la importancia de una obra cuando la veían. Por ejemplo, cuando compraron su primer LeWitt, Herb comenta en la película: “lo que ví en Sol LeWitt fue que era un artista original para su tiempo, incluso aunque no entendí su obra, me decía más que otras obras conceptuales, y la sentí”. Por otra parte, Dorothy habla así sobre la belleza: “la belleza es diferente de una persona a otra. Lo que pienso que es bello, no tiene que ser bello para ti. Así con todo”.

Sol LeWitt, "Floor Structure Black", 1965. Colección Vogel.

Sol LeWitt, “Floor Structure Black”, 1965. Colección Vogel.

Los Vogel no tuvieron hijos pero adoraban los animales y su casa siempre estaba llena de mascotas. Invertían el sueldo íntegro de Herb para comprar obra, y el sueldo de Dorothy para pagar el alquiler y otros gastos de la casa. Un sistema que puede parecer simple o sencillo. Pero, ¿cuántas obras llegaron a coleccionar con el sueldo de un trabajador del servicio postal?

Un día Jack Cowart, conservador especializado en arte del siglo XX, fue a ver la colección Vogel a su apartamento, e inmediatamente propuso que la trasladaran a la National Gallery. El espacio del que disponían los dos ancianos era mínimo ya que las obras de arte inundaban cada rincón del piso y compartían el poco espacio con sus mascotas, además de todos los peligros que suponía una vivienda doméstica de esas dimensiones para sus obras de arte. Los Vogel ya habían recibido propuestas para trasladar su colección, pero ellos querían que la entidad que recibiese las obras se las quedase de forma permanente, y lo más importante, que fuese público y de entrada gratuita.

Así pues, comenzó el traslado de obras y el inventario. Nadie podía sospechar que en un espacio tan reducido como aquel piso se encontrarían con más de cuatro mil obras de arte. Fue tan inesperada esta cantidad de obras, que la National Gallery no pudo abarcar todas. Idearon entonces un sistema, en el que repartirían cincuenta obras a cincuenta museos públicos estadounidenses, uno por estado. De esta forma, su colección seguiría bajo las mismas premisas que en la National Gallery, y además todo el país podría disfrutar de su donación.

Joseph Beuys, "Noiseless Blackboard Eraser", 1974. Colección Vogel

Joseph Beuys, “Noiseless Blackboard Eraser”, 1974. Colección Vogel. Foto: Lyle Peterzell ©

En la segunda parte, otra película llamada Herb and Dorothy 50×50 en la que cuentan cómo fue este reparto y cómo lo vivieron los Vogel, además de cómo se hicieron tan conocidos gracias a su primera película, llegando a ser un modelo de coleccionista para jóvenes, y un rayo de esperanza para aquellas personas que sin tener grandes ingresos están interesadas en el coleccionismo. El trailer de este segundo documental muestra una dimensión intergeneracional de la historia de los Dorothy y Herb.

La moraleja de la historia de los Vogel es muy directa. El arte está al alcance de cualquiera que se lo proponga. Es duro, y cuesta trabajo, pero no es imposible, no está reservado a las grandes élites, ni a los estudiosos del arte contemporáneo. Simplemente, como decía Herb, hay que sentirlo.

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Más información:

vogel5050.org
herbanddorothy.com
La colección Vogel en la National Galley

Créditos de las imágenes: vogel5050.org, www.pinterest.com, www.nga.gov, culturehearts.com

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