Darío Villalba y la poética de la miseria humana

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Darío Villalba Flores nació en 1939 en San Sebastián, pero pronto su familia se mudó a los Estados Unidos ya que su padre fue cónsul en Filadelfia. Allí, Darío desarrolló uno de sus talentos: fue patinador artístico sobre hielo, llegando a competir en los Juegos Olímpicos del 56 y convirtiéndose en el primer español en esta modalidad. Sin embargo, rechazó continuar su carrera deportiva por las fuertes presiones que suponía y decidió dedicarse al arte, aunque siempre siguió de cerca este deporte que le entusiasmaba.

Darío Villalba

“Era heredero del informalismo […] y claro, no podía hacer una contestación a esto porque estaba ya muy visto”, explicaba Villalba en una entrevista. Efectivamente, el vasco desarrolló un lenguaje propio que, si bien recogía todas las influencias artísticas de sus predecesores y compañeros contemporáneos, reflejaba un proceso personal y único. Darío comenzó a utilizar la fotografía como material pictórico, marcando así una distancia tanto con los movimientos pop del momento, que veían en la fotografía un recurso divulgativo y serializado de iconos, como con los conceptuales, que contemplaban esta técnica como una herramienta meramente documental de sus producciones.

La fotografía aportaba a la obra de Villalba un mundo de emociones a su disposición, un soporte ideal para intervenir con materiales pictóricos o de otra índole. Fotografías que muchas veces procedían de periódicos, revistas, archivos o que el propio Darío había realizado; fotografías que reencuadraba, recortaba y posicionaba con una fuerte intención. Villalba quería hablar de las problemáticas humanas universales: soledad, angustia, muerte, sexo, deseo… Pero también, e intrínsecamente, esperanza y paz. Comentaba el artista sobre los temas que trataba en su trabajo: “En la juventud primera era más bien el dolor lo que me impactaba y lo que yo pretendía captar, pero a medida que me fui haciendo más maduro mi mirada se hizo más promiscua y eran distintas cosas las que me llamaban la atención, desde mis pies cansados, hasta adolescentes, mendigos o gentes sin hogar”.

En los 70 presentó sus “Encapsulados rosas”, fotografías intervenidas con colores rosas que “flotaban” en burbujas de metacrilato transparente. El artista comienza a trabajar en estas cápsulas que trascendieron en el tiempo hasta nuestros días y que desterraron el color paulatinamente. Sus cápsulas hablan de un aislamiento, de un vacío y una soledad, reflejo de la sociedad, pero también apuntan notas autobiográficas. Darío reconoció haber tenido un problema de alcoholismo -felizmente superado- que le llevó a experimentar en primera persona algunos de estos desagradables sentimientos. El arte y las estrictas rutinas que él mismo se imponía para producir le ayudaron a salir de su depresión y superar esta enfermedad.

El uso de la fotografía como material pictórico y la confluencia de las corrientes artísticas imperantes en aquel momento en su producción, hicieron de Villalba un artista único, con una sensibilidad a la altura de su técnica, que le permitió abarcar sentires colectivos, males comunes y enfermedades de la sociedad con una estética tan atractiva como inquietante. “No creo ni en el arte político ni social. El arte es un hecho plástico individual que luego se integra en la colectividad (…). Cada vez valoro más las individualidades”, declaraba el artista.

No hace falta saber más de Villalba, no hace falta conocerle a él, o su trayectoria, cuando se está ante una pieza suya. Las obras de Darío transmiten una tensa quietud, un desasosiego que resulta tan familiar que pone nerviosa; incitan a ser esquivadas y, a la vez, a ser contempladas con un punto voyeur, casi como si se estuviera mirando algo que no se debe observar por educación. “Pienso que, aun tratando temas tan aparentemente tan desagradables como el estado pétreo de los muertos, la adolescencia castrada, el escalofrío sobre la piel, la vejez o la recuperación del cuerpo cansado, ha primado sobre todo ello una presencia casi magnética de tensión, belleza y luz”, afirmaba, no sin razón, Villalba.

Darío Villalba, Premio Nacional de Bellas Artes Plásticas y Medalla al Mérito en las Bellas Artes, además de miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fallecía hace unos días dejando un legado clave para el entendimiento de la Historia del Arte de España.Seguiremos recordándole a través de sus cápsulas, pequeñas reflexiones con envoltura de obra de arte y técnica exquisita que seguirán dando que pensar a generaciones venideras.

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