De objeto a sujeto y la fotografía como arma

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La identidad quizás sea una de las temáticas más universales -al menos en el arte contemporáneo- y, a la vez, la más desigual, marcada por la visión de género, partiendo de una obviedad que muchas veces ignoramos o olvidamos: el arte ha estado vetado para la mujer. Fueron muy pocas las que rompieron las barreras para poder trabajar en el ámbito artístico (en contra de lo que pueda parecer actualmente), reservado exclusivamente a los varones. Un dato bastante esclarecedor en este sentido es que solo hace unos 120 años de acceso libre de las mujeres a las universidades; hasta ese momento las mujeres ni siquiera podían acceder a una formación de ningún tipo, incluida la artística.

Laboratorio en la Residencia de Señoritas de Madrid 1930. Hasta el 8 de Marzo de 1910 no se autorizó en España el libre acceso a la Universidad de las mujeres.

Al tiempo que las universidades empiezan a abrirse a las mujeres, una nueva técnica de expresión va tomando popularidad. Sin formación reglada y sin considerarse en sus inicios una disciplina artística, rápidamente se convierte en una poderosa herramienta para la mujer creadora. Quizás por esto la fotografía ha sido una disciplina artística que, desde sus orígenes, se ha trabajado en mayor igualdad. Aunque el sistema dominado por el criterio masculino haya encumbrado a los varones a través de la historia, por encima de sus compañeras, las mujeres han estado presentes desde el principio en esta técnica, marcando pautas muy enriquecedoras y aportando una transversalidad a otras disciplinas artísticas.

Uno de los principales campos en el que siempre han destacado los trabajos de fotógrafas ha sido precisamente la exploración de la identidad. Después de que el hombre, tradicionalmente, haya tomado el cuerpo femenino como objeto de deseo y la mujer ha sido tratada como musa, inspiración o ente abstracto inalcanzable, cuando la mujer accede al arte esa mirada hacia a sí misma forma parte de su bagaje artístico. Ahora son ellas las que se miran a ellas mismas.

Autorretratos de Gertrud Arndt

Aunque la Historia del arte aún arrastre muchos de aquellos valores masculinos dominantes de principios de siglo y en los manuales oficiales las mujeres fotógrafas sigan apareciendo como una minoría, la historia está ahí para quien la quiera buscar. Pioneras, una generación de fotógrafas impresionantes, respetadas por sus compañeros, que trabajaron tanto como ellos. No solo encontraron una herramienta en igualdad de oportunidades, sino que tenían la necesidad de revindicar sus espacios en la escena pública. Católicas o judías, anarquistas o comunistas, conservadoras o liberales, todas sintieron que estaban dinamitando puertas cerradas hasta ese momento. Todas eran, aun sin saberlo en muchos casos, feministas.

“I’am in training don’t kiss me” lema de la camiseta de este autorretrato de Claude Cahun, 1927

Estas artistas trabajaron su propia identidad como mujer y la imagen de la mujer moderna. Son años de liberarse de corsé, cubre corsé, camisa, calzones y muchas enaguas, de cortarse el pelo a lo garçon, vestir pantalones, conducir y fumar como ellos. Constituye la revolución feminista más importante hasta el momento. Las artistas, actrices y modelos de los años 20 deciden liberarse de todo lo que supone ser una mujer sumisa y objeto, revisan la identidad de todo un género, y las principales constructoras de esta revisión son las fotógrafas y cineastas que permiten propagar con rapidez esta nueva imagen.

Louise Brooks, actriz de cine mudo finales de los años 20.

La mayoría de sus compañeros de profesión las respetaron y las admiraron, incluso formaron equipos en igualdad. Sin embargo, en sus movimientos revolucionarios y de vanguardia no articularon discursos en torno a esto, dieron por hecho que la causa caería por su propio peso.

Germaine [Krull], tú y yo somos los mejores fotógrafos de nuestros tiempos; yo en el viejo sentido y tú en el nuevo.

Man Ray, 1920

De la serie “les Amies”, Germaine Krull 1924

No obstante parece que se han borrado las huellas de todas aquellas que lucharon y por un momento incluso se creyeron en igualdad. Tanto es así, que parece que el feminismo es una moda actual, y se escuchan frases como: “es vuestro momento” u “os toca a vosotras”. El feminismo no es una moda pasajera que llegue ahora para asentar una supuesta igualdad alcanzada y desaparecer.Y si no, que se lo pregunten a Cahum, Krull, Taro, Maar, Höch, Stern, Breslauer, Soupault, Besnyö, Lange, Bourke-White, Riefenstahl, Bing, Levitt, Modotti, Oppenheim, Cotton, Arndt y tantas otras grandes artistas visuales de principios del siglo XX.

Es necesario recordar y reinvindicar a esta artistas. Es el momento de dejar de admirar las construcciones de mujer objeto, para reclamar todas aquellas mujeres sujeto, como las que llenaron de vida la Bauhaus, una de las grandes factorías de mujeres sujeto, aunque ahora también olvidadas.

Mujeres en la Bauhaus, 1927

Es necesario introducir a estas mujeres en nuestras referencias, o de lo contrario seguiremos alimentando la rueda de un sistema que continua incurriendo en la injusticia de ocultar, y minusvalorar el arte no producido por hombres blancos, heterosexuales y mayoritariamente de lengua materna inglesa.

Fotografía original de 1918. El poeta Maiakovsky y Lilya Brik, cineasta.
A la derecha la misma fotografía retocada para una publicación oficial.
La manipulación de esta fotografía, retocada originalmente para documentar la imagen del poeta en los libros de historia, sirve perfectamente como metáfora de la manipulación de la historia para borrar a las mujeres.

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