Dos referentes: Maruja Mallo y Mercè Llimona

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Dentro de la semana en la que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, en ¡Ah! Magazine hemos querido recordar a dos grandes artistas, referentes españolas del arte contemporáneo y de la ilustración que, además, vivieron en la misma época, sufrieron los reveses de la Guerra Civil -con el consecuente exilio- y lucharon por profesionalizar su trabajo artístico en un mundo esencialmente masculino que comenzaba a reconocer a sus colegas femeninas como iguales.

Al igual que Mercè Llimona, Maruja Mallo nació en el seno de una familia de artistas. Desde siempre se adentró con naturalidad en ambientes y círculos tradicionalmente frecuentados por hombres, junto con su inseparable amiga Concha Méndez y también con María Zambrano, todas protagonistas del “sinsombrerismo”, movimiento transgresor que consistía en quitarse el sombrero en público como señal de inconformismo y liberación, y por cual estas mujeres fueron agredidas y despreciadas.

Poco antes que Llimona, Mallo estuvo en París. La vida de estas dos artistas parece dar vueltas sobre los mismos lugares y en las mismas épocas, sin llegar a conocerse. Al poco de exiliarse Mallo a Argentina, volvía de Francia Llimona.

 

Ilustración de La Donzelleta de mar, de Mercedes Llimona

Mercè Llimona. Ilustración de “La Donzelleta de mar”

 

Maruja Mallo. "Canto de las espigas", 1929.

Maruja Mallo. “Canto de las espigas”, 1929.

 

La producción de Mallo se caracterizó por varias etapas que coincidieron con su relación con otros tantos grupos artísticos, como la generación del 27, la Escuela de Vallecas, los surrealistas o el pintor Joaquín Torres García, a quien conoció en París. Mallo absorbía todo aquello que le llegaba, sin involucrarse personalmente, ni adherirse públicamente, fuera cual fuera el movimiento que le influía en ese momento; conservando una fuerte personalidad creadora. Reinterpretaba las corrientes artísticas, las interiorizaba y las asumía como lenguajes artísticos que a ella le aportaban una nueva forma de mirar el mundo, sin importar manifiestos o premisas.
Esa independencia y autonomía se dejaba notar en sus compañeros, que consideran a Mallo una fuente de inspiración en sí misma. Por ejemplo, y en ese sentido, C.B. Morris afirmaba: “Alberti se limita a poner en palabras lo que Maruja Mallo expresa en su pintura” refiriéndose a la relación evidente entre “Sobre los ángeles” de Rafael Alberti y la serie de Maruja, “Cloacas y Campanarios”.

 

Maruja Mallo. "La verbena", 1927.

Maruja Mallo. “La verbena”, 1927.

 

Mercedes Llimonas. Ilustración de Caperucita

Mercè Llimona. Ilustración de “Caperucita roja y los tres ositos”

 

Mercè Llimona, por su parte, declaraba su admiración por autores como Apel·les Mestres, Joan Junceda, Arthur Rackham y la ilustración inglesa, que tuvo una gran influencia en su dibujo. Sin embargo, Llimona desarrolló un marcado estilo propio, lleno de sensibilidad y de detalles, que la convertiría no sólo en una de los mejores ilustradores de su época, también en una de las representantes más importantes del movimiento artístico de Barcelona. Con el tiempo llegaría a convertirse en la presidenta del Cercle Artístic de Sant Lluc y de la Asociación de Profesional de Ilustradores.

 

Maruja Mallo. "Máscaras",

Maruja Mallo. “Máscaras”

 

Mercedes Llimona. Ilustración de "Blancanieves"

Mercè Llimona. Ilustración de “Blancanieves”

 

En los años 60, Maruja volvió a España para ser admirada y reconocida, aunque como una artista del pasado. Comentaba Mallo entonces con sorna: “Soy clásica del siglo XX…”. El doble juego de reconocerla como artista consagrada hizo que nadie se parase a observar las obras que Maruja estaba produciendo en ese momento, propias de su modernidad desmarcada.

Maruja Mallo nunca pintó con la idea de ser considerada integrante de los surrealistas o del grupo del 27, a pesar de que estos grupos ansiaban poder contar con la pintora como una de los suyos. Creaba para saciar sus necesidades expresivas y artísticas y utilizaba lenguajes ajenos, o creaba los propios. Implicada social y políticamente, nunca dejó que nadie decidiera por ella, ni en el mundo del arte, ni en su vida personal. Un objetivo vital digno de admirar y desde luego totalmente autosufiente y contemporáneo.

 

Mercedes Llimona. Ilustración para Jocs i cansons per a les infants

Mercè Llimona. Ilustración para Jocs i cansons per a les infants

 

Maruja Mallo. "Selvatro", 1979.

Maruja Mallo. “Selvatro”, 1979.

 

Como también es digna de admirar la obra de Llimona. Toda una vida dedicada a la ilustración, con más de 50 libros publicados entre los que se encuentran no sólo versiones de algunas de las historias más conocidas de la literatura infantil y juvenil, como las de los hermanos Grimm, sino también las suyas propias. Una trayectoria durante la que tuvo que enfrentarse siempre con graves problemas de salud, que la obligaron a pasar largos periodos en cama o en silla de ruedas. No obstante, eso nunca impidió que desarrollase su profesión de manera apasionada y que produjese grandes clásicos que merecen toda la atención de autores y lectores contemporáneos, así como una profunda admiración. Y es que Llimona no dejó nunca que ningún obstáculo se interpusiese entre ella y lo que realmente quería: dibujar.

 

Maruja Mallo. "La religión del trabajo", 1937.

Maruja Mallo. “La religión del trabajo”, 1937.

 

Ilustración para Mi Ángel de la Guarda

Mercè Llimona. Ilustración para Mi Ángel de la Guarda

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