El lugar para respirar de Nairy Baghramian

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El Palacio de Cristal, sede del Museo Reina Sofía, en el Parque del Retiro de Madrid, está destinado a acoger grandes instalaciones site-specific. Es el caso de “Breathing spell” (Un respiro) de la artista iraní Nairy Baghramian, referente de la escultura contemporánea, que expone por primera vez en España hasta el 14 de octubre.

Afincada en Berlín desde hace años, Baghramian nació y creció en Isfahan en los 70. En la década de los 90 emigró a Alemania, donde su condición de migrante la marcó profundamente, también a la hora de elaborar sus piezas llenas de poética. Desde entonces, la artista ha desarrollado un trabajo tan sutil como directo, buscando y analizando una estética muy precisa y cuidada, sin dejar de lado el ingrediente sociopolítico, tal y como afirmaba en una entrevista, cuando le preguntaban si su producción tenía que ver con la política: “Absolutamente. Los documentales, el discurso directo y el uso del cuerpo no son las únicas formas que comunican una dimensión política”.

Nairy investiga y pone de manifiesto con sus piezas las relaciones más políticas y escondidas de los espacios que interviene o en los que expone. En el Palacio de Cristal hace referencia a las tensiones entre arte y artesanía, función y ornamento o, desde un punto de vista más amplio, los límites: el adentro y el afuera, lo público y lo privado. El propio emplazamiento es una condensación de límites en sí: entre lo urbano de la ciudad y lo natural del Parque del Retiro. Baghramian denomina a estos puntos equidistantes, resultados de dos o más límites: respiros, breathing spells. Lugares, físicos o mentales, donde se pueden observar las conexiones de una y otra parte; pequeños oasis que permiten una visión completa de la situación.

Con una escogida reminiscencia minimalista y surrealista, que plantea cuestiones abiertas en torno a los protagonistas de estos movimientos, la intervención de la artista subraya elementos arquitectónicos del pabellón que pasan desapercibidos, pero que son esenciales para la estructura (¿o no?). Como si fueran frutas, Baghramian “pela” tuberías, conductos, mangueras antincendios o condensadores, mostrándonos obras que simulan ser las pieles frágiles de estos elementos a los que confiamos nuestra seguridad, nuestro bienestar, nuestra vida. Nairy descontextualiza estos elementos para enfatizarlos, sin embargo, la sensación que nos produce en un primer golpe de vista es la de abandono y delicadeza. Tras esta primera sensación, nos vemos casi automáticamente seducidos por las piezas y comienza un juego para adivinar dónde podría colocarse cada cual o de qué parte podría provenir. Una manera inteligente de hacer que el público se relacione de otra forma con el espacio y descubra la arquitectura que se ocultaba bajo la funcionalidad de la nave de paredes de cristal, explorando sus límites y experimentando nuevas miradas que discurren entre lo estético y lo práctico, sin lograr discernir entre ambos y sin necesidad de hacerlo. Una contemplación relajada y entendimiento del lugar desde uno de esos lugares de respiro a los que se refiere Baghramian.

“Las imágenes emergen, pero igual de rápido, desaparecen. Deben emerger y volver a sumergirse para verificarse y solidificarse gradualmente. Y eso lleva tiempo. Dada la compulsión del mundo del arte por un ritmo rápido, a veces tengo la sensación de que no hay tiempo suficiente para que ocurra este proceso, que nos presionamos a nosotros mismos para pedir imágenes y metáforas que se arraiguen rápidamente, a fin de satisfacer una sed de sensaciones y espectáculo”, confesaba la artista, detectando ya esta necesidad de contemplación en la que todo tiene cabida: el arte, el adentro, la función, lo afuera. Situarnos en un punto muerto que nos facilita observar todo lo que nos proporciona la vida.

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Más información:

www.museoreinasofia.es

Fotografías: Elena González Torres

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