El origen del mundo

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Hace unas semanas surgía la polémica en torno a una obra del artista Sam 3, realizada en el marco del proyecto Reversible, en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid y bajo el comisariado de Madrid Street Art Project. La obra de Sam 3, realizada sobre una valla publicitaria, como el resto de intervenciones de Reversible, mostraba una interpretación de El origen del mundo, el famoso cuadro de Gustave Courbet, en la que el vello púbico de la figura femenina está formado por hormigas, una evidente alusión surrealista. La pieza enseguida llamó la atención de las autoridades locales y –casi de forma preventiva- se decidió tapar la obra, ya que se podía observar desde un colegio cercano.

Fue inevitable que asociase este episodio con un momento que tuvo lugar mientras estudiaba Historia del Arte, cuando la profesora que impartía la asignatura de Historia del Arte Contemporáneo anunció que no proyectaría esta obra en clase, debido a que en años anteriores algunos alumnos se habían quejado y ofendido. Esta decisión se recibió entre los asistentes con asombro y resignación, pero sobre todo con muchas ganas de llegar a casa y buscar la obra (entonces no había smartphones). Así lo hicimos la gran mayoría; y quizás era el efecto que buscaba la profesora con esa política de autocensura, pero lo cierto es que ni siquiera nos pareció escandalosa después de haber visto tantos desnudos a lo largo de toda la Historia del Arte, acompañados casi todos de sus correspondientes mitos, muchos de ellos referentes a violaciones, asesinatos o secuestros.

El origen del mundo fue pintado por Gustave Courbet en 1866 por encargo del coleccionista Khalil-Bey, un diplomático turco-egipcio que poseía una grandiosa colección de arte erótico. Parece ser que El origen del mundo iba acompañado de otro cuadro ya perdido, que representaba una escena lésbica. A pesar del destinatario de El origen del mundo, el lienzo entra muy bien en la línea de Courbet. Una escena directa, realista, buscando la objetividad partiendo desde un punto de vista aparentemente honesto. Es fácil creer que el cuadro no gozó de popularidad ya en su época. Primero por el tipo de encargo que fue, para una colección erótica, y segundo por la reputación de Courbet, un personaje poco fácil, contrario a la Academia y creador de polémicas.

Las deudas de juego de Khalil-Bey hicieron que perdiese el cuadro y a partir de ahí es complicado seguirle la pista. Se sabe que va a parar al psiconalista Jacques Lacan y, por último, al Estado francés, ya que a la muerte de Lacan sus descendientes realizaron con El origen del mundo una dación en pago para ahorrarse los impuestos de sucesiones. En 1995 el Museo de Orsay colgó el lienzo en sus paredes.

Pero ni siquiera la legitimación de la institución museística ha logrado que el cuadro esté a salvo de polémicas: “En 1995, cuando la tela llegó al Orsay y EL MUNDO la reprodujo, varios lectores llamaron indignados”, afirmaba Iñaki Gil en un artículo en el que se especula con la posible identidad de la modelo, una de las mayores incógnitas de la obra y sobre la que los expertos no logran ponerse de acuerdo, quizás porque a Courbet poco le importaba este detalle. Pero el escándalo ante la obra del pintor francés no quedó en los 90. En 2011 Facebook censuró El origen del mundo, llegando incluso a desactivar la cuenta personal de un profesor francés que había compartido la obra, junto a un link con un reportaje sobre la misma. El profesor denunció a la red social y ganó el litigio, en el que la defensa era que el cuadro formaba parte del patrimonio francés y que no era, por tanto, un desnudo sino arte.

Algo que me perturba de esta obra es la descripción que, a menudo, se hace de ella: se suelen repetir las mismas palabras en la descripción: un torso femenino en escorzo, en primer plano muestra su vagina. Y esto realmente sí me escandaliza; que a estas alturas no se sepa diferenciar entre vagina y labios vaginales. Algo así debió pensar Deborah de Robertis, la artista que en 2014 realizó de manera no programada una performance frente al lienzo de Courbet en la que mostraba, ahora sí, su vagina. “Soy el origen, soy todas las mujeres, no me has visto, quiero que me reconozcas”, decía en el vídeo de la acción de Robertis, mientras podemos ver el burdo intento de censura por parte del personal de seguridad.

Volviendo a la obra de Sam 3, finalmente fue destapada y permanecerá en la misma ubicación, tras barajarse la posibilidad de que se trasladase a otro lugar menos visible o más alejado del colegio. Parece que la historia se repite: El origen del mundo levanta un sonoro revuelo y, con las mismas, es apaciguado. Más de 150 años después, Gustave Courbet todavía sigue consiguiendo lo que se propuso, crear polémica.

Gustave Courbet

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