El subversivo cine de Kenneth Anger

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Kenneth Wilbur Anglemyer,  más conocido como Kenneth Anger, nació en Santa Mónica, California, en 1927. Pocos datos se conocen sobre su vida, aunque sí hay constancia de su temprana relación con el cine, donde desde niño obtuvo algunos papeles secundarios. Sin embargo, Anger pronto combinó su rol de intérprete con el de director.

Kenneth Anger

Considerado precursor del queercore u homocore, movimiento cultural y social que encontró su culminación en los años ochenta y que rechazaba las normas heterosexuales, para salirse de las reglas preestablecidas del mundo gay asentado, además de en el cine, Anger tuvo actividad en varias facetas artísticas, como la música y la literatura.
Kenneth vestía con una chaqueta que originalmente ponía NY Rangers, a la que había arrancado estratégicamente las letras para que pusiese Anger. Portaba un jersey de cuello alto en el que había bordado su nombre de nuevo. Su pelo siempre estaba teñido de negro. Y tenía tatuado en el pecho la palabra Lucifer, personaje con el que estaba obsesionado gracias a la obra de Crowley, que inspiró gran parte de la iconografía de Anger. Aparte de lo oculto y lo satánico de Crowley, en el cine de Arger hay guiños a la iconografía Pulp, revistas de relatos e historietas, que se hicieron muy famosas en los sesenta; en sus filmes hay cierto legado de Cassavettes, claras reminiscencias del expresionismo alemán, el surrealismo de Buñuel y de Maya Deren -con la que llego a trabajar-, el cine nazi o incluso el cine romántico francés.

La habilidad de Anger para montar y editar sus tomas, junto a su consideración de que todas las relaciones humanas eran eróticas, marcaron su producción, en la que encontramos constantes explícitas como el sexo, la violencia, la dominación/sumisión o las relaciones homosexuales. Curiosamente, Anger es considerado un precursor de los videoclips musicales que alcanzaron su auge en los años 90 y que han seguido desarrollándose bajo esos mismos patrones.

El cineasta produjo casi en exclusiva cortometrajes. Entre sus filmes, destaca especialmente Fireworks (1947), una fantasía erótica de tintes masoquistas en una búsqueda de identidad por parte del protagonista, que es el propio director. El propio Anger la describió: “Un soñador insatisfecho despierta, sale en la noche en búsqueda de una luz que se dibuja a través del ojo de una aguja. Un sueño de un sueño… regresa a una cama menos vacía que antes”.

Si nos situamos en una perspectiva menos poética, podemos observar cómo en Fireworks aparece un primer cine gay con estética leather, haciéndose eco ya de los primeros colectivos gays que aparecieron a comienzos de la década de los cincuenta en Estados Unidos, que se identificaban con formas y códigos tradicionales de la masculinidad. Hasta ese momento, las representaciones sociales del colectivo gay se basaban en la imagen del homosexual afeminado, produciéndose en el imaginario colectivo una identificación casi completa entre el gay y la feminidad.

El corto comienza con un marinero portando en brazos al joven Anger desfallecido. A continuación, Anger aparece durmiendo, soñando con algo aparentemente perturbador. Los primeros planos de su cara, su pecho y su mano nos conducen visualmente a una gorra de marinero que apenas podemos apreciar. En este arranque se podría encontrar algunas similitudes con Sleep, de Warhol; aunque con un proceso mucho más rápido, la erótica de las imágenes de un joven desnudo cubierto sólo por una sábana es muy evidente en ambos films.

Firewoks no sólo fue un trabajo introspectivo, sino que tuvo un tremendo impacto sociológico en la comunidad gay, al exponer sus sitios de encuentro como los baños, su sexualidad o sus perversiones. Ciertamente Anger fue rechazado por un amplio público gay, sin embargo facilitó el camino para aquellos que deseaban declararse abiertamente homosexuales.

A partir de mediados de los años 50, Anger dirigió algunos mediometrajes, como Inauguration of the Pleasure Dome (1954-56) o la mítica Scorpio Rising (1963), por la que incluso fue llevado a juicio debido a las escenas sexuales del film. Anger se defendió contestando que eran escenas de cortísima duración, en las que si uno parpadeaba ni siquiera vería nada. Finalmente fue absuelto y este enfrentamiento con la justicia más puritana, no hizo más que proporcionarle más fama al film.

La banda sonora de Scorpio Rising es impresionante, acompaña a todo el film, ya que no hay diálogos y se compone de canciones pop muy conocidas en la época como: Ricky Nelson-Fools Rush In, Little Peggy March-Wind-Up Doll, The Angels-My Boyfriend’s Back, Bobby Vinton-Blue Velvet, Elvis Presley-Devil In Disguise, Ray Charles-Hit The Road Jack, Martha Reeves and the Vandellas-(Love Is Like A) Heat Wave, The Crystals-He’s A Rebel, Claudine Clark-Party Lights, Kris Jensen-Torture, Gene McDaniels-Point Of No Return, Little Peggy March-I Will Follow Him, Surfaris-Wipeout.

La banda sonora destaca no solo por la calidad de los temas, sino por el interesante papel que juega a lo largo del filme, por ejemplo, la canción Blue Velvet acompaña a un grupo de jóvenes vistiéndose; o I wil follow him acompaña el montaje visual entre Hitler en un desfile militar y los discípulos y apóstoles detrás de Cristo.

Scorpio Rising engloba las grandes obsesiones de Kenneth. Desde la influencia del satanismo y oscurantismo de Crowley, hasta los rituales del acto de vestirse, elementos que el autor consideraba estéticamente eróticos. Pero en Scorpio Rising Anger va más alla y no sólo nos plantea ese satanismo o ese ritual de vestimenta, nos viene a plantear quién es Dios. Para unos es Hitler, para otros es la mismísima banda motera, Scorpio; ¿Dios es judío? ¿Tal vez es cristiano? ¿Qué es Dios?

Siempre provocador y misterioso, Kenneth Anger sigue cultivando ese secretismo en torno a su propia biografía y los hechos que relata en sus películas. Lo cierto es que supo marcar una época, un ritmo y una estética que ha condicionado la imagen televisiva actual, además de visibilizar y normalizar al colectivo gay masculino e introducir una parte de su imaginario erótico en el lenguaje audiovisual cotidiano.

El máximo representante y digno heredero de la iconografía de Anger, es Bruce LaBruce en cuyas películas asistimos a jóvenes gays nazis y orgías sadomasoquistas. Anger influyó también en directores como John Waters, por ejemplo en la Trash Trilogy; influyó también en Martin Scorsese, Roger Corman, Russ Meyer o Denis Hopper, entre otros.

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