El universo creativo de Fani Iglesias

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Además de fotógrafa, ilustradora y curiosa por naturaleza, Fani Iglesias es una de las colaboradoras de ¡Ah! Magazine que más tiempo lleva en el equipo. Aquí ha escrito sobre fotografía, cine, arte contemporáneo, mundo editorial, diseño gráfico y nuevas tecnologías, por citar algunos temas, además de poder disfrutar de sus fotografías ilustrando algunos artículos. No es casualidad que Fani haya tocado todos estos palos en ¡Ah!, ella misma habla en esta entrevista sobre su “deseo incansable de querer aprender”, lo que le lleva a explorar otros campos y disciplinas que amplían sus conocimientos y formas de ver el mundo como fotógrafa e ilustradora.

Fani Iglesias

Fani Iglesias

IRENE- Tanto en tu trayectoria profesional como académica podemos apreciar una fuerte sensibilidad por las artes y la cultura. ¿En qué momento comprendes que tus inquietudes toman este rumbo?
FANI- Creo que el origen de todo se encuentra en los valores que me han inculcado mis padres. Mi padre es un cinéfilo empedernido, además de escritor de ficción, y mi madre es una persona polivalente, que se le dan igual de bien tanto las letras puras como las ciencias, estudió algunos años de Medicina y de Ingeniería Informática. Ambos tienen una gran sensibilidad por las artes y la cultura, son ratones de biblioteca y unos frikis de la ciencia ficción. Mi madre me enseñó a leer en casa con 3 años y es por ellos por lo que a los 10 años mi género favorito era el cine negro estadounidense, a los 12 ya leía poesía y novela negra y a los 15 empezaba con el ensayo.

Pero el auténtico rumbo hacia las artes lo tomé cuando estuve dando tumbos en el bachillerato de humanidades sin saber muy bien qué era lo que me estaba pasando. No me sentía a gusto, pero no sabía qué pasaba. Creo que quería empezar mi vida demasiado pronto y un bachillerato como ése, totalmente atado a normas y a asignaturas que no me gustaban estaba frenándome y haciéndome perder el tiempo. Soy muy pasional: cuando no me gusta algo lo aparto y cuando me gusta me entrego al 100%. En aquella época yo ya conocía Photoshop y hacía tonterías con él, así que con 17 años, mis padres y yo decidimos que era una buena idea empezar Diseño Gráfico o, mejor dicho, Preimpresión en Artes Gráficas. Y allí se me abrió el cielo, me motivó muchísimo conocer a gente con los mismos intereses que yo e incluso gente de otras disciplinas, pero del gremio, como los encuadernadores. Fue una época muy bonita. Pero al terminar mis prácticas no logré encontrar trabajo de ello, supongo que porque no sabía cómo buscarlo, era muy pequeña, no nos habían aconsejado nada e Internet comenzaba a formar parte de los hogares en aquella época, no todo el mundo lo tenía. Por supuesto, no existían aún los portales de empleo y el correo electrónico era todavía algo muy nuevo, incluso estaba mal visto contactar para según qué cosas por e-mail.

Así que trabajé un tiempo de dependienta, mientras mi interés por la filosofía y el arte no hacían más que crecer. Mi género literario favorito es el ensayo desde que era una adolescente, así iba enlazando unas ideas con otras, unos conocimientos con otros, unos libros me enseñaban unas cosas y otros otras, hasta que un día dije “voy a hacer una carrera de letras puras”. Como tenía 20 años, el camino más rápido era hacer el bachillerato y terminarlo, pero como no quería tener compañeros de clase menores que yo, me metí en el nocturno y esta vez en el de artes, que era lo mío. Fueron 3 años y, aunque nadie hacía fotografía, fue debido al ambiente artístico que allí había por lo que despertó mi interés por ella. Mi padre tenía una vieja Zenit rusa de los años 70 con una lente maravillosa que ahora mismo tengo adaptada en mi cámara actual y con ésa empecé a disparar. Me pasaba horas en el Jardín Botánico con ella y como está un poco rota, podía experimentar con carretes medio velados. Fue ahí, en esos años del bachillerato de artes, en que empezó a definirse la persona que soy ahora.

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I- También te ha marcado mucho el tiempo que has vivido en Barcelona y el convertirte en bilingüe (castellano/catalán).
F- Al acabar el bachillerato de artes, empecé la carrera de Humanidades en Madrid, pero cuando comencé 2º, un asunto personal me dio la oportunidad de vivir en Barcelona. Cuando me trasladé allí tenía que trabajar en algo, como yo ya me manejaba con la fotografía, empecé a realizar sesiones familiares y bodas mientras estudiaba la diplomatura. Por ese motivo no retomé la carrera nada más llegar.

Barcelona era para mí una ciudad con la que ya entonces estaba muy vinculada porque siempre me he sentido muy europea y allí se hacían cosas que no se hacían en Madrid en aquella época. Madrid estaba muy dedicado al gran arte y los grandes museos en aquellos años y Barcelona daba espacio para lo pequeño y lo underground. Tenía cafés y bares muy diferentes de los de Madrid (como los que ahora llenan nuestras calles, de hecho) y un ambiente más de Europa, donde me sentía más cómoda y pensaba que podía desarrollar allí mejor mi vida, que podía crecer más como persona si me iba a vivir allí.

Mi primer contacto con el catalán fue por un amigo de allí con el que tengo una relación de afecto muy especial y nuestra amistad tiene ya 15 años. Nos conocimos porque me llegó lo que actualmente sería una newsletter de su grupo de música de pura casualidad, yo contesté porque me interesó su estilo y como él era quien gestionaba la imagen del grupo en Internet, a partir de ahí empezamos a “cartearnos” por e-mail y surgió una de las más grandes amistades que he tenido en mi vida. Fue él quien me enseñó las primeras palabras en catalán y para mí siempre ha sido un apoyo importantísimo, le considero prácticamente un hermano.

Como un año antes de llegar a Barcelona, ya sabía que me iba a mudar allí, estuve estudiando primero por mi cuenta, diciéndole a la gente que me hablara en catalán cada vez que iba. En tres meses lo entendía todo, en seis empecé a hablar con expresiones sencillas, en un año ya entendía las películas y las canciones y lo hablaba muy bien. Al llegar, me apunté a un curso para aprender a escribir, porque se escribe diferente de como se habla y yo lo escribía tal cual. Al cabo de dos meses tuvieron que subirme de nivel porque se me quedó pequeño el curso y me cambiaron de clase. Actualmente soy bilingüe, hablo catalán siempre que puedo, incluso tengo algunos catalanismos cuando me expreso en castellano, pienso y sueño muchas veces en catalán y me ha aportado muchas cualidades que antes no tenía, para empezar amplitud de mente, rapidez de relación y aprendizaje. Desde que vivo en Madrid me ha servido más en el entorno laboral que el inglés, ya que he trabajado editando contenidos en valenciano o revisando pruebas.

Tengo la teoría de que si no hubiese aprendido catalán, quizá nunca habría desarrollado este deseo incansable que tengo de querer aprender todo lo que esté a mi alcance. Me abrió tanto la mente que es como si me hubiese dado alas. Es decir, no voy a aprender mecánica cuántica porque no tengo capacidad ni formación para ponerme con eso, pero ¿por qué quedarme en el punto en donde estoy? ¿Por qué no seguir yendo más allá e ir estudiando poco a poco por ejemplo UX/UI, animaciones sencillas con After Effects, etc.?

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I- Primero estudiaste Diseño Gráfico, luego una diplomatura en Fotografía y más tarde el grado en Humanidades y finalmente un máster en Gestión Cultural. ¿Qué te han aportado estos estudios? ¿Han cambiado tu forma de relacionarte con el arte?
F- Antes de estudiar yo veía el arte como mera espectadora. Miraba una obra de cualquier índole y sentía algo: me gustaba, me emocionaba, me desagradaba, etc. Ni siquiera me fijaba en la técnica con la que se había hecho. El Diseño Gráfico me enseñó a ver las cosas desde dentro, como un creativo, y me enseñó a ser muy técnica y, por ende, a fijarme en la técnica del resto de artes. La diplomatura en Fotografía me enseñó a ver desde dentro y, al igual que la carrera de Humanidades, también desde fuera, desde el punto de vista de la crítica, del análisis y de la investigación.

El máster en Gestión Cultural me ha aportado cosas completamente diferentes a lo anterior. Lo primero que he de explicar es que para mí en un principio fue un mero trámite para acceder al doctorado, que es lo que realmente quería hacer. No me considero en absoluto gestora cultural en un sentido profesional. Pero si no fuera gestora cultural, no podría entender cómo se comisarían las exposiciones, cómo se organizan los espacios expositivos, cómo funcionan los centros de interpretación, cómo se llevan a cabo los proyectos educativos en los museos, el sistema de edición y producción de libros, etc. Y es por eso, por todos esos conocimientos totalmente nuevos, por los que ahora puedo escribir una tesis como la que estoy escribiendo. Cuando empecé el máster me costó mucho adaptarme, porque además estaba viviendo en Irlanda en esos momentos y tenía que lidiar con una formación ni remotamente parecida a la carrera, y que me parecía dificilísima, con vivir en otro país con una cultura diferente a la mía y en la que tenía que expresar todo lo que pensaba y sentía en un idioma en el que me desenvolvía dignamente, pero que tampoco controlaba del todo (ni siquiera ahora creo que lo controlo del todo [risas]). Pero al final todo salió bien, me adapté después de los primeros seminarios y desde Irlanda encontré mi trabajo de editora en Madrid, así que como sentí que ya había hecho todo lo que tenía que hacer allí, me marché y continué el máster en Madrid mientras trabajaba en edición.

Después de todo, ahora miro una obra o voy a una exposición y puedo ver a través de ello. La obra o la exposición no son más que la punta del grandísimo pedazo de hielo que es un iceberg. Debajo de la punta que asoma en el océano, hay todo un entramado de gente que ha trabajado para conseguir que el espectador vea el resultado final. Todo un equipo de artistas, comisarios, teóricos, editores gráficos, diseñadores, consultores de marketing y comunicación, etc. En el caso de una obra, detrás de ella hay una idea originaria, una investigación, bocetos, maquetas y prototipos, mil y un intentos antes de llegar a la obra terminada y un proceso de producción. Ahora, cuando asisto a una muestra o veo una obra, primero miro como espectadora y si la obra me impacta, entonces adopto mi papel de crítico y la analizo para comprenderla mejor.

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I- Actualmente estás realizando un doctorado en Humanidades, ¿nos puedes contar brevemente cuál es tu línea de investigación? ¿Cómo logras compaginar estos estudios con tu actividad artística y profesional?
F- Investigo sobre nuevas formas de curaduría de la fotografía artística en la cultura digital del siglo XXI. Por eso mismo ser gestora cultural me ayuda tanto con este tema de investigación. Trabajo a jornada completa en una empresa como diseñadora/maquetadora editorial y hacer un doctorado al mismo tiempo es difícil de compaginar, pero no imposible. Mi caso es algo especial porque desarrollo un trabajo de investigación que tuvo su germen en mi trabajo de fin de grado, que continué en mi trabajo de fin de máster y, finalmente, todas esas teorías e ideas primigenias han dado lugar a la tesis doctoral que estoy escribiendo. Ha sido una idea que se ha ido desarrollando y transformando durante dos años, al ir adquiriendo familiaridad y experiencia con ella. Con lo que voy más adelantada que los doctorandos que empiezan de cero. Normalmente el primer año se dedica a la investigación y yo, en cambio, como ya tenía mucha investigación hecha, empiezo ahora mi segundo año y hace tiempo que estoy escribiendo.

En cuanto a cómo hacerlo todo, me ayuda mucho ser una persona metódica y organizada, pero no en el sentido de organizarme cada hora del día, sino en el sentido de que no me lanzo a hacer nada sin pensar antes qué voy a hacer y cómo lo voy a hacer. En diseño e ilustración, le doy unas vueltas, hago unos bocetos en papel y luego me pongo a ello y voy probando a ver cómo quedan las cosas. Pues esto es más o menos lo mismo. Tengo mis deadlines del doctorado de todo el año próximo ya marcados y voy organizando el trabajo en función de lo que tengo que hacer para cada tema relacionado con mi investigación. Llevo mucho tiempo estudiando, toda mi vida de hecho, y también compaginando estudios y trabajo, con lo que ya sé cuánto tiempo tengo que dedicar a cada cosa para hacerlo bien y ser constante. Además, creo que tengo la suerte de tener mucha capacidad de concentración y gracias a eso puedo sacar mucho provecho del poco tiempo que pueda dedicarle a mi tesis u otros trabajos.

Pero es muy sacrificado, porque además no es sólo escribir la tesis, que ya de por sí es un trabajo faraónico, sino que además me exigen unas horas de formación específica y otras de formación transversal. Eso quiere decir que muchos días cuando salgo de la oficina a las 18:00 me tengo que ir a la otra punta de Madrid para asistir a una conferencia o que tengo que realizar un curso online que me permita avanzar en mi investigación porque sabré más de ciertos temas de los que hablo o hacer algún otro curso que no tenga que ver directamente con mi tesis, pero que la toque de alguna manera. Es esfuerzo y es dedicación, pero para mí no es un “tengo que hacerlo”, es un “me apetece hacerlo”, porque el gran sueño de mi vida es ser teórica de la Fotografía.

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I- La fotografía es una de las disciplinas que más utilizas, ¿qué significa para ti la fotografía?
F- Para mí no es sólo una forma de arte, sino también una forma de vida. Mi mirada hacia las cosas que veo está totalmente condicionada por el hecho de ser fotógrafa. Cada vez que voy a algún sitio, aunque sea para ir al metro, me fijo en todo lo que hay a mi alrededor y localizo encuadres, ángulos y combinaciones de color. Ni siquiera lo pienso, después de tantos años se ha convertido en un automatismo. Veo una luz que me interesa, un motivo que quiero capturar y saco mi pequeña cámara para ver si a través de mi visor o del LCD también funciona, si mis ojos no me han engañado. En mi mundo personal la fotografía es expresión, color, luz, belleza… Y es una ciencia mágica, porque es súper adaptable a otros medios y soportes, da mucho juego a la hora de experimentar y se obtienen distintos resultados con técnicas y métodos diferentes.

I- Eres una activa usuaria de Instagram. ¿Qué te aporta esta red social?
F- Mi cuenta como fotógrafa lleva abierta unos seis meses solamente, aún es pequeña, pero llevo usando la red desde 2011 con mi cuenta de ilustración, que antes era una cuenta personal que mezclaba muchas cosas. El ambiente que tengo en Instagram no es el del típico instagrammer que sale en los medios de comunicación, sino que está formado por fotógrafos e ilustradores en su mayoría o, como poco, aficionados a la fotografía y al dibujo. Esta red social me ha aportado mucho en cuanto a conocer a otros artistas y también en cuanto a organizar eventos y enterarme de otros. Para mí es un sitio donde mostrar mi trabajo y poder ver el trabajo de los demás con facilidad, pero sobre todo es un lugar donde me comunico con la gente a la que sigo desde hace muchos años y donde siempre estoy siguiendo a gente nueva y muchas veces nos conocemos en persona.

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I- Ya en tu trabajo de fin de máster en Gestión Cultural abordabas un interesante tema, La nueva fotografía de la cultura digital en el ámbito artístico. ¿Cuándo y por qué comienzas a interesarte por la fotografía móvil?
F- Empecé a interesarme por la fotografía móvil cuando adquirí el iPhone 4 y me abrí Instagram en 2011. En aquel momento esta red social era muchísimo más genuina de lo que es ahora, ya que Facebook no la había comprado y, por tanto, el marketing no había llegado hasta ella. Además, sólo estaba abierta al sistema iOS, precisamente porque era Apple quien estaba desarrollando las mejores cámaras de móvil y quien pensaba mucho en los fotógrafos, pues los fotoperiodistas empezaban a usar sus cámaras como complemento a su equipo. Desde el punto de vista de los fotógrafos, puedo decir que al principio todo el mundo subía cualquier cosa, pues el lema de la red era compartir el instante, de ahí el nombre. Y usábamos filtros porque era algo nuevo y queríamos experimentar. Al cabo de un tiempo, otros desarrolladores más centrados en el mundo de la imagen empezaron a sacar apps más potentes para editar las fotografías móviles y nos dimos cuenta de que los filtros de Instagram eran una horterada inaguantable [risas]. Y tanto yo, como mi comunidad, dejamos de usarlos. Se trataba de intentar que la fotografía móvil se acercara lo más posible al enfoque profesional. Nunca hemos intentado hacer lo mismo que con una cámara profesional porque técnicamente hablando eso es imposible, sino que hemos estudiado las posibilidades de la pequeña lente de los smartphones y, como en todas las herramientas de trabajo, la usamos con unos motivos y ángulos determinados. Del mismo modo que no haría las mismas fotos con una Polaroid tradicional que con una cámara Lomo de 4 lentes o una réflex, tampoco voy a hacer las mismas fotos con una cámara de móvil. Cada máquina y cada lente tiene un lenguaje distinto.

En la actualidad no hago fotografía móvil, utilizo mi smartphone para editar fotos que voy a compartir después en las redes, así voy más rápido, especialmente si estoy de viaje. Como en mi ordenador trabajo con los mismos desarrolladores, cuando una foto me interesa para un proyecto o la considero parte de mi trabajo, entonces hago una segunda edición en alta resolución. Una fotografía de móvil es un JPG súper comprimido que apenas da para imprimir en términos de alta calidad, es más bien para pantalla. Por eso prefiero llevar siempre conmigo una cámara compacta profesional muy pequeña y así, si veo algo, puedo capturarlo y mandarlo a mi iPhone a través del wifi de la cámara, edito la foto y la comparto. Y si me gusta para mi portfolio, tengo calidad suficiente para editarla después en mi ordenador y guardarla o añadirla a un proyecto.

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I- Tus trabajos fotográficos desprenden un estilo personal muy definido. ¿Cómo has llegado a este punto? ¿Qué consejos le darías a alguien que busca su propio estilo?
F- Creo que mi estilo fotográfico viene dado por mi bagaje cultural, debido a todas las fotografías y obras pictóricas que he ido estudiando y analizando a lo largo de mi carrera académica. Cuando empecé con la fotografía, al poco tiempo, me abrí Flickr, fue allí donde empezó a desarrollarse mi cultura visual, aprendí muchísimo con esa red, y lo demás vino después.

A alguien que está empezando le recomiendo ver la obra de muchos fotógrafos, tanto tradicionales como contemporáneos, y mucho arte. Pero es sólo mi experiencia, hay gente que el estilo lo lleva dentro y le sale solo. Yo recomiendo asistir a todas las exposiciones y museos de arte pictórico y fotografía que se pueda, seguir a otros fotógrafos en las redes, leer y mirar libros relacionados con estos temas.

I- Los entornos que podemos observar en tus imágenes perfilan en gran medida ese estilo tan marcado tuyo. ¿Cómo encuentras las localizaciones de tus fotografías?
F: No tengo ningún método especial, mientras haya naturaleza. Ésta puede ser urbana o salvaje, depende de las posibilidades que tenga para acceder al lugar. He realizado retratos en sitios de 2×2 que luego en las fotos parecen bosques inmensos.

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I- Tu primer fotolibro, Aísthêsis, combina retratos con estudios botánicos. ¿Cómo surgió la idea de este libro?
F- Ese proyecto es un remake de uno que hice durante la diplomatura y que proyectaron en la fiesta de graduación. Trata sobre las sensaciones de experiencias vividas, ya sean historias o momentos. Pero entre aquel proyecto y éste han pasado 8 años y he cambiado tanto desde aquel primer proyecto que necesitaba hacer otra cosa, algo que fuese una evolución de mí, pues en aquel momento aún estaba aprendiendo y ahora soy alguien bastante diferente. Alguien que ha crecido, después de todo.

La idea surgió porque soy una persona muy pasional y emocional, siento de manera intensa las cosas que suceden a mi alrededor, tanto si es para bien como para mal. Muchos filósofos y pensadores han reflexionado acerca de la experiencia, de los sentimientos, de las emociones… Mis favoritos son contemporáneos porque son los que están en mi época histórica y por ello, me identifico mucho más con aquello de lo que hablan. He leído mucho a José Antonio Marina y a Carlos Castilla del Pino, tienen unas teorías de los sentimientos y las emociones que me parecen interesantísimas y que no sólo han hecho que me conozca mejor, sino también que conozca mejor a los demás y tener más empatía. Cómo siente el ser humano es algo que me fascina y quería expresar cómo siento yo en una narrativa exclusivamente visual para que el espectador pudiera sentir por sí mismo al contemplar mis imágenes, sin condicionarle. Y así crear un nexo de unión entre dos mentes distintas, la propia y la del otro.

I- Hace unos meses has arrancado “Líneas Amarillas”, tu proyecto de diseño e ilustración. ¿Qué te lleva a desarrollar Líneas Amarillas? ¿Es un proyecto paralelo a tu actividad como fotógrafa o son independientes?
F- Hace un año y medio me percaté de que ser ilustrador es un plus para un diseñador y que yo en mis diseños no quería usar dibujos de otros, quería usar los míos y tenía muy claro qué estilo quería tener. El único contacto que había tenido con el dibujo fue cuando mis padres nos apuntaron a mi hermano y a mí a una academia como actividad extraescolar. Estuve yendo desde los 5 hasta los 10 años, pero desde entonces hasta hace un año y medio no volví a dibujar absolutamente nada en mi vida. Un día me puse a ello y al cabo de un par de meses ya tenía definido el estilo que quería tener. Obviamente, en este año y medio he ido puliéndolo y sigo aprendiendo. Creo que en cualquier tipo de arte nunca se deja de aprender y mejorar.

Por otro lado, mi estilo en ilustración y mi estilo en fotografía son muy diferentes, con la fotografía expreso unas cosas y con la ilustración otras. No he querido nunca dibujar de manera realista porque para eso ya tengo la fotografía. La ilustración para mí es el espacio que dedico a mi parte feliz, divertida, naif, la parte de mi personalidad más accesible a todo el mundo, la que es más fácil de detectar cuando se me conoce. Y la fotografía expresa mi parte más interior, profunda, poética, abstracta, sensible, el espacio en el que expreso lo que llevo más adentro y que sólo es accesible para unas pocas personas.

Después de explicar todo esto, ahora podemos hablar de Líneas Amarillas. Al llegar a este punto, me di cuenta de que no podía tener una imagen en Internet en que mezclase dos cosas tan diferentes, no es una buena estrategia de community management porque hay gente a la que le gusta mi fotografía, pero odia mi ilustración, y al revés. Y hay gente a la que le encanta todo lo que hago y también supongo que, como todo el mundo, seguro que tengo un hater [risas]que odie profundamente todo lo que hago desde la oscuridad de su habitación mientras la luz azul de la pantalla del ordenador le ilumina la cara de enfado mirando mis cosas (esto sería una buena escena para una ilustración). Así que decidí que iba a haber dos Fanis. Una Fani fotógrafa, en la que uso mi nombre Fani Iglesias porque llevo más de 11 años mostrando mi trabajo en la red y sería muy raro cambiarme el nombre ahora. Y una Fani ilustradora y diseñadora gráfica cuyo nombre iba a ser Líneas Amarillas. Por tanto, no es tanto un proyecto como un nombre artístico, que viene dado porque el amarillo mostaza es mi color favoritísimo de entre los cuatro que tengo y siempre hay algo de este color en mis dibujos, es más, utilizo siempre la misma paleta de color, aunque no siempre uso todos los colores de mi paleta. Y como creo que mi estilo en diseño y mi estilo en ilustración sí conectan bien, conviven juntos en Líneas Amarillas, pero sólo en mi web y en Behance, por el momento no me he planteado compartir nada de mi portfolio de diseño en mi cuenta de Instagram.

"Butterfly"

“Butterfly”

I- ¿Qué influencias e inspiraciones tienes en tu producción de diseño e ilustración? ¿Tienen puntos en común con las de fotografía?
F- No hay puntos en común en cuanto a mis influencias e inspiraciones, porque son estilos muy diferentes. En general, para todo me inspiro en cualquier cosa: libros, cine, cómic, realidad… Pero para especificar un poco, podría decir que para la ilustración me inspiro mucho en la vida real, gente que veo por la calle y me llama la atención, cosas que me suceden, cosas que siento, actividades que me gusta hacer, etc.

El diseño gráfico me sirve como herramienta para dar forma a una obra fotográfica o para crear alguna cosa que lleve ilustración. Me inspiro sobre todo en los conceptos nórdicos, donde menos es más. No me gustan nada los diseños sobrecargados, me gustan las líneas puras, minimalistas, sencillas, los colores desaturados. A mi juicio y siempre según mi estilo, no hace falta que un diseño tenga muchas cosas para que funcione, se trata más bien de colocar los elementos en lugares estratégicos y, sobre todo, de que la composición sea equilibrada y haya una armonía de color.

Y para fotografía me inspiro mucho en escenas de películas o series, sobre todo en aquellas en las que la dirección de fotografía ha sido muy trabajada, también en el arte pictórico y en la naturaleza.

I- Has realizado algunos diseños de publicaciones. ¿Es este un campo en el que te gustaría experimentar más?
F- Rotundamente, sí. El diseño editorial es lo que más me gusta, especialmente porque me sirve para dar formato a mi obra artística, tanto fotográfica como de ilustración. Entre libros y revistas es como más cómoda me siento.

"Homenaje a la astronauta Peggy Whitson"

“Homenaje a la astronauta Peggy Whitson”

I- ¿En qué estás trabajando ahora?
F- Ahora mismo he retomado un proyecto antiguo que pertenece a mi primer solo trip, el primer viaje a Irlanda. Ese proyecto habla sólo de la primera vez que fui, que me quedé dos meses, pero como después fui como au pair, en total he pasado seis meses en Irlanda y me gustaría que ahora tomase un sentido como de diario de experiencia de estancia en el extranjero y explicar muchas más cosas de las que explicaba el primero. Una de las cosas que más me apasionan en la vida es viajar sola, he realizado ya cinco viajes en solitario. Me encanta la aventura, me encanta estar conmigo con la única compañía de mi cámara y una libreta. Y que nadie me moleste cuando hago fotos, eso también me gusta [risas].

También estoy trabajando en un par de libros con mi padre, en los cuales me encargo de la edición, la ilustración, el diseño y la maquetación. Uno de ellos es el que más me ilusiona porque son cuentos que mezclan ficción y realidad y hablan de las vivencias de mi familia cuando mi hermano y yo éramos pequeños. Hay cosas muy mágicas, de las que siempre pasan cuando los niños son los protagonistas. Y me parece muy especial dibujarnos a nosotros, retroceder en el tiempo y acordarme de cómo éramos. Reflejar todo eso en mis ilustraciones me emociona mucho.

Y, por último, estoy dibujando a actrices de los años 50 en blanco y negro, ya que sus fotografías y películas eran así. Mi estilo de ilustración es deconstructivo y estoy poniendo mucho esfuerzo en que los rostros se parezcan a pesar de que no son trazos realistas. Me parece algo dificilísimo de conseguir y creo que este proyecto es un buen ejercicio para conseguirlo y practicar diferentes tipos de rasgos y expresiones.

I- No podía faltar la clásica recomendación: ¿un libro y una canción?
F- El libro que recomiendo es una novela gráfica, Náufragos, de Laura Pérez y Pablo Monforte. Y la canción es la pieza Deliverance, de Peter Sandberg.

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Web de fotografía: www.faniiglesias.es
Instagram de fotografía: @faniiglesias
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Web de ilustración: www.lineasamarillas.es
Instagram de ilustración: @lineasamarillas
Behance: @lineasamarillas

Linkedin: Fani Iglesias

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