Elisa González Miralles y las imágenes que generan preguntas

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La fotógrafa Elisa González Miralles acaba de publicar “Wannabe” (La Fábrica, 2017), un fotolibro sobre el rol social de la mujer en Japón. Este jueves 30 estará en Swinton&Grant charlando con Miguel Trillo sobre cómo fotografiar Japón, dentro de la Japan Art Week. Hablamos con ella sobre el fotolibro, su proceso, la sociedad japonesa y mucho más.

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IRENE- ¿Cómo llegaste a la fotografía?

ELISA- Desde pequeña me ha gustado siempre pintar, pero soy bastante mala [risas]. Cuando tuve que decidir qué estudiar, dudé entre Bellas Artes e Ingeniería Química (y esto es una dualidad que siempre está en mí: la parte ingeniera y la artística se cruzan continuamente). Al final, me dejé llevar por la opinión pública/familiar y terminé estudiando Ingeniería Química. Mientras tanto, un amigo me enseñó a usar la cámara de carrete de toda la vida y me di cuenta de que era una manera de expresarme artísticamente y, además, se me daba mucho mejor fotografiar que pintar.
Al terminar la carrera, me ofrecieron un trabajo relacionado con mis estudios y experimenté una angustia vital tan fuerte, que decidí tomarme un año sabático para pensar qué iba a hacer con mi vida. Ahí fue cuando empecé a estudiar fotografía y me enganchó tanto, que terminé estudiando un máster en Efti en fotografía documental. Tuve suerte, porque al poco tiempo de terminar el máster gané el premio FotoPres; esto me hizo pensar que había una posibilidad real de dedicarme a la fotografía.
Fui asistente de fotógrafos como Damián González, con él aprendí el oficio: desde dar clases en una escuela, hasta las sesiones o el trato con clientes, cómo resolver encargos… Me parecía que era un medio de vida estupendo y que tenía acceso a mundos a los que no podría entrar si no llevara una cámara. Después de aprender el oficio, tuve mis propios clientes comerciales, que todavía sigo conservando porque es una fuente económica que me permite, en muchos casos, poder hacer un proyecto personal autofinanciado.
Unos años después Damián decidió montar una escuela de fotografía, MADPHOTO, y me embarqué junto con él y Manolo Yllera en esa aventura. Durante un tiempo me convertí en empresaria y dejé un poco de lado los proyectos personales. Cuando comencé a dar clase me encantó, es una de las patas de mi trabajo que más me gustan e interesan. Ahora gestiono la coordinación de la escuela, imparto clases, sigo con foto comercial y mi tiempo libre lo dedico a mis proyectos artísticos.

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I- ¿Qué consejo le darías a alguien que se quiere dedicar a la fotografía?

E- ¡Trabajar muchísimo! Y ser persistente, creer que puede llegar a serlo y, sobre todo, tener toda la pasión del mundo. Puedes aprender en un curso, por tu cuenta… Hay muchas formas de aprender, pero tienes que tener pasión. Si es así, si lo luchas y lo trabajas, como en cualquier otro oficio, lo vas a conseguir. Además, creo que la parte del oficio se complementa muy bien con la parte artística, para mí es un binomio estupendo, aunque a otra gente puede que sólo le interese una de las partes. Sobre la fotografía comercial, en concreto, creo que en España seguimos necesitando una cultura de imagen, sobre todo en empresas cuya vía de comunicación es la foto o el vídeo. Todavía no estamos educados para invertir dinero en mejorar y que profesionales del mundo de la imagen tengan esa salida laboral.

I-¿Por qué tratas en tus proyectos las relaciones humanas? ¿Qué es lo que te atrae de este tema?

E- Me atrae el tema en sí mismo, creo que toda persona que se exprese mediante cualquier medio de representación artística, lo que le interesa contar a los demás está ligado a su propia experiencia, inquietudes, obsesiones… todo lo que le preocupa termina saliendo por algún sitio. En mi caso sale a través de la fotografía, que es el medio que uso para comunicarme con el mundo.
Siempre me ha preocupado el ser humano y cómo nos relacionamos, me parece muy interesante la parte psicológica de las relaciones con uno mismo, cómo nos entendemos y, después, cómo nos relacionamos con los demás, cómo vivimos dentro de una sociedad que tiene unas reglas que hay que cumplir y de qué manera nos inculcan esas normas. Desde que nacemos ya tenemos un patrón impuesto y el desarrollo de la identidad de cada individuo está absolutamente limitado a esos patrones que imponen desde el nacimiento.

I-¿Qué se va a encontrar la gente en el libro “Wannabe”?

E- Espero que se encuentren, nada más cogerlo, con un estímulo de los sentidos. Quería generar un objeto que tuviera propiedades sensoriales. El tacto de la portada es siliconoso, gomoso, pegajoso… Y el olor a plástico. Quería desde el principio que fuera algo experiencial, no solo mirar imágenes: una inmersión en el trabajo a través de la estimulación de los sentidos y, luego, me gustaría que se encontraran con algo que les hiciera pensar, que les generara inquietud y una reflexión sobre esas imágenes que han visto. Y que se hicieran preguntas.

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I-¿Cuándo comenzó “Wannabe”?

E- El germen inicial fue en 2002, aunque no empecé a trabajar en el proyecto hasta once años después.
En 2002 viajé a Japón por turismo, porque desde siempre me ha atraído la cultura japonesa. Me fui con mi cámara de carrete y me quedé fascinadísima por todo pero lo que más me inquietó de todo fue encontrarme con las love dolls, que en ese momento comenzaban a aparecer, y cómo estaban hechas a imagen y semejanza de una mujer: misma talla, peso, medidas… El cliente podía elegir el tipo de pelo, el color de ojos, el pelo, incluso el tacto de la piel. La muñeca más completa podía costar alrededor de 10.000€. En ese momento me quedé bastante impactada y me hice muchas preguntas, ¿en qué momento alguien se plantea sustituir una mujer de verdad por una muñeca? ¿Cómo se sienten estas mujeres? ¿Qué patrones de belleza reciben las mujeres japonesas? Estudié sobre la relación de los clientes con sus muñecas y cómo iba mucho más allá de lo estrictamente sexual.
Años después ya trabajaba como fotógrafa cuando pensé que era el momento de volver y ver cómo estaba todo aquello. Así que volví sin saber qué me iba a encontrar, quería ir a fotografiar con la mente abierta. Cuando llegué, lo primero que me llamó la atención fue que las chicas que caminaban por la calle tenían el mismo aspecto que las muñecas que yo había visto hacía once años, parecían un poco robóticas, vulnerables, frágiles y con un halo de resignación. Comencé a fotografiar a mujeres en diferentes entornos y también fotografié productos como peluches, comida… Y muchos peces, no sabía muy bien por qué, pero me atraían mucho. Estuve editando este trabajo durante un año aproximadamente y me di cuenta de que lo que me interesaba era la parte psicológica, más que el contexto, porque mis preguntas iban en esta dirección: ¿qué les estarán inculcando para que crean que se tienen que comportar así? ¿A qué se dedican? ¿Por qué se imponen estos roles?

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Decidí volver a Japón por tercera vez. Buscaba fotografiar de una manera mucho más próxima a ellas, me acercaba más, los planos eran más cortos, buscaba fondos negros para que fuera más psicológico, no quería ninguna distracción para que resaltara más el rostro. En ese viaje fui por primera vez a un showroom de muñecas en Tokyo con Ricardo Garrido, un fotógrafo español que vive allí desde hace años, sabe japonés y es un hombre, una cosa bastante importante para poder acceder a este sitio. En este showroom pudimos tocar, mover y oler estas muñecas que realmente me dejaron helada, parecían chicas de verdad.
En este tercer viaje seguí fotografiando peces, como una obsesión. Cuando repasé el trabajo, descubrí que el pez era un elemento muy importante, era la metáfora perfecta, simbolizaba el inconsciente de estas mujeres que socialmente estaban envenenadas. Los peces globo son muy apreciados en Japón, su carne es exquisita y solo se pueden preparar en determinados sitios con licencia ya que, si no extraes el veneno correctamente, es mortal. Y el veneno mata de una manera que me pareció muy apropiada para hablar de este envenenamiento social de la mujer que se convierte en muñeca: te paraliza los músculos de todo el cuerpo mientras te mantiene consciente y, por último, te asfixias. Me pareció muy significativo el paralelismo con lo que están sufriendo estas chicas en Japón, aunque esto es aplicable a todo el mundo; realmente el estándar de belleza femenino y los roles que vienen impuestos desde hace años y años, socialmente nos tienen a todas oprimidas. Aquí se está haciendo poco a poco por cambiarlo desde la educación, pero en Japón este proceso yo creo que todavía está muy parado.

I-¿Qué ocurre en Japón? ¿por qué las mujeres adoptan esos roles que las convierten en objetos? ¿No existe sublevación?

E- Creo que es algo cultural y es muy difícil desmontar este tipo de cosas. Japón ha estado cerrado al mundo muchos, muchos años, lograron autoabastecerse y crearon una serie de valores sociales donde el individuo casi no tiene importancia por sí mismo si no es dentro de una sociedad, han trabajado todos por el país. Y a la mujer le ha tocado trabajar por la familia. Después de la apertura de Japón al mundo, ocurrió una contradicción enorme entre todo el avance tecnológico que se llevó a cabo para obtener una buena posición económica global y comercial y su celo por sus tradiciones. Sus tradiciones apenas han cambiado y romper eso cuesta mucho, mi sensación es que aún no hay una conciencia social como la que comienza a haber en Europa, por ejemplo. Es cierto que cada vez hay más mujeres que tienen una carrera profesional o que viven solas y no quieren casarse, aunque no sé si es por un avance en su libertad de decisión, o porque cada vez hay menos necesidad de contacto físico. La presión social en Japón es tan fuerte, está tan definido lo que se espera de ti, que es mucho más importante el personaje que se proyecta públicamente que lo que siente uno mismo, de hecho, se diferencian ambos caracteres, “honne” y “tatemae”, lo que de verdad eres tú y lo que enseñas.

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I-¿Sería posible hacer un trabajo como “Wannabe” en cualquier otro país que no fuese Japón?

E- Creo que buscándolo casi en todos, al final es una globalización. Para mí ha sido mucho más fácil hacerlo saliendo de mi zona de confort y mi entorno porque he sentido que lo miraba desde fuera. Me ha sido mucho más sencillo en ese sentido porque yo también soy una de esas chicas en mi país. Es mucho más difícil afrontar este tema en mi terreno por mi propia implicación.

I-¿Crees que “Wannabe” es una buena manera de cuestionarnos nuestros roles en la sociedad, más allá del contexto japonés?

E- Sí, es un caso concreto que se puede extrapolar. Pero no quiero dar lecciones a nadie ni hacer un tratado, simplemente quiero exponer lo que ocurre y lanzar preguntas desde unos hechos que existen, como son las muñecas o los roles sociales.

I-¿Cómo ha sido el proceso de edición de “Wannabe”?

E- Desde que comencé a fotografiar el proyecto ha durado 4 años y 3 viajes. El proceso de edición ha sido largo, entre viajes, y fui imprimiendo diferentes maquetas. He contado desde el principio con la ayuda de mi pareja y, a partir de la primera maqueta, se embarcó también en el proyecto Gonzalo Golpe, que ha estado a mi lado guiándome a través del diálogo para construir mi propio discurso.
Cuando ya tuvimos una maqueta más formal, entró en juego Alberto Salván de Tres Tipos Gráficos, diseñador del trabajo, que le ha puesto el broche de oro y que ha trabajado mucho conmigo la cubierta y los materiales, junto con Dani de Grafilur, donde se ha impreso el trabajo, que me explicó todo el proceso y respondió a mis dudas.
Víctor Garrido y Gonzalo Hernández de La Troupe se encargaron de la preimpresión, que es algo de lo que nunca se habla y es muy importante, porque es donde nos preguntamos cómo hacer para que todas las fotos ya editadas y secuenciadas respiren igual y exista una unidad a nivel de color y estructura.
Y, por supuesto, Álvaro Matías de La Fábrica, que vió mi trabajo hace un año en la convocatoria de Fiebre Photobooks y me dijo que le encantaba y que me llamaría, ¡y me llamó!
Estoy muy contenta con el resultado final y muy agradecida por contar con un equipo humano inmejorable.

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I-¿Te planteas volver a trabajar un proyecto fotográfico ambientado en Japón?

E- Es posible. O sobre la mujer, aunque quizás no en Japón. Pero seguiré tratando el tema de las emociones humanas y nuestras formas de relacionarnos. “Wannabe” está finalizada y creo que el cierre perfecto ha sido el libro y la exposición en mayo en la sala de exposiciones Canal de Isabel II, una colectiva en la que participo con imágenes de la serie, comisariada por Jesús Micó.

I-En la Japan Art Week vas a estar en un coloquio con Miguel Trillo, hablando sobre fotografiar Japón. ¿Qué similitudes aprecias a grandes rasgos entre su obra y tu obra?

E- Podemos conectar en el tema de las identidades, Miguel Trillo siempre ha tenido de fondo la construcción de la identidad y cómo uno se diferencia. Y, de base, el ser humano es un nexo común.
Pero creo que más que buscar cómo encaja nuestra obra, se deben buscar los diferentes puntos de vista. Me parece que la fotografía va a ser la excusa para hablar de la sociedad japonesa o de nuestras sensaciones como viajeros allí, cómo lo hemos percibido y cómo lo contamos en nuestro trabajo.

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I-¿En qué estás trabajando ahora?

E- Tengo una idea que empecé a trabajar muy lentamente hace años pero que dejé un poco parada por “Wannabe”. También tiene relación con el tema de cómo somos y cómo nos relacionamos con los demás y nuestra propia dualidad. Tengo muchas ganas de empezarla, así que pasará poco tiempo hasta que me ponga a ello.

I-Por último, ¿nos recomiendas un libro y una canción?

E- Sobre el tema de “Wannabe”, recomiendo claramente “La casa de las bellas durmientes” de Yasunari Kawabata, es una maravilla. Habla sobre las mujeres durmientes y sobre cómo un hombre duerme con una mujer que nunca se despierta. Fue uno de los puntos en los que yo me enganché con Japón.
Respecto a la canción, me gusta mucho Portishead, pero creo que voy a decir “Creep” de Radiohead.

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Más información:

www.elisagonzalezmiralles.es
www.japanartweek.com

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