#EmilyXaver. Crónica de un hilo de Twitter

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El 22 de noviembre de 2018, el dramaturgo Guillem Clua escribía los primeros tuits sobre Emil Müler y Xaver Sumer, dos soldados de la Primera Guerra Mundial enterrados en la misma tumba en un cementerio de Sighisoara (Rumanía). La historia nos llegaba a través de su cuenta personal, dosificada en capítulos, y nos convertía en testigos del descubrimiento de una lápida con dos nombres y de la investigación improvisada que realizó el autor durante un viaje al país. Bajo ningún concepto quiso marcharse sin averiguar quiénes fueron esos dos hombres y por qué, falleciendo en años distintos, compartían sepultura, así que, según nos contaba, atrasó compromisos profesionales y se quedó en la ciudad. Preguntó a vecinos, familiares, camareros, taquilleros de museos… hasta ir detallando pormenorizadamente la vida y el sufrimiento de estos “amigos” con fotos, cuadros, documentos y por el boca a boca de los que aún les recordaban. Conocimos así la historia de amor entre Emil y Xaver y su destino trágico: ni la época ni las circunstancias les fueron gratas. Antes incluso de finalizar su periplo tuitero, el fenómeno #EmilyXaver rompía barreras y llegaba más allá de los propios seguidores del autor a base de retweet, se traducía a otros idiomas por tuiteros interesados y conseguía reflejo en medios de comunicación.

A los pocos días de dar por terminada la narración, Guillem, ante las preguntas sobre la veracidad de los hechos, lanzaba un comunicado en su página web. Era ficción. La lápida con los dos nombres le inspiró para construir una historia de amor que quiso compartir por la red social, pero el resto de la información era de su cosecha.

No es ni será la única vez que se use Twitter con este fin (todos conocemos la aventura de Manuel Bartual o los juegos de rol), pero el caso de los dos soldados va más allá. Por una parte -dejando a un lado la perspicacia de cada lector-, el canal por el que ha ido compartiendo su “descubrimiento” es su cuenta personal de Twitter y no hay precedentes para desconfiar de la veracidad de los hechos; por otra, hay que tener en cuenta la expectación y alegría por conocer una historia de amor gay olvidada. Ante la falta de información que suele haber históricamente sobre el colectivo LGTB o sobre grupos sociales que en alguna época no fueran aceptados por según qué entorno, cualquier persona que esté deseosa por conocer sus raíces, si encuentra una historia de estas características, lo más normal es que sea un potencial lector ya que se siente involucrado emocionalmente con lo que se le está contando. Y, por ello, es entendible el enfado y la decepción de una parte del público que leyó con interés hasta el último tweet. Como también es comprensible que se le achacara cierta utilización de un tema tan delicado como el que trató a cambio de interacciones y publicidad, aunque este último punto es poco probable dada su obra literaria y teatral. Además, el mismo autor reconoció en una entrevista que lo que le llevó a escribir fue «la práctica inexistencia de romances LGTB a lo largo de los tiempos”.

#EmilyXaver, a pesar del descontento que generó en parte de su público, ha tenido una gran acogida y no se han hecho esperar peticiones de una versión teatral de la historia, amén de poemas, ilustraciones y fanfics por parte de los seguidores, pero a su vez abre una profunda reflexión en los creadores sobre los límites y las consecuencias de escribir ficciones a partir de personas reales que nos precedieron. Por ejemplo, el museógrafo, gestor y mediador cultural, Sacha Coward, describe en un medio inglés tres motivos por los que debe enfadarnos #EmilyXaver, y uno de ellos es la petición de dejar flores sobre la tumba “en memoria de todas las historias de amor LGTB que nunca serán contadas”, por ser poco ético la utilización de una tumba a favor del éxito del hilo.

De todos modos, estamos hablando de una historia incompleta que no sabemos cómo acabará. El 7 de enero Guillem retomaba el hilo al recibir un “correo” invitándole a volver a Sighisoara para abrir un misterioso baúl de madera que puede contener información sobre Emil y Xaver.

Al final, como ocurre con la eterna discusión de la apropiación cultural, nos encontramos ante medias verdades y medias mentiras, ante historias que pueden rendir homenaje a amores discriminados y ante los riesgos de utilizar nombres y apellidos reales para nuestros personajes. Porque cada lector y cada sensibilidad es un mundo.

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Más información:

Twitter de Guillem Clua

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