Entrevista a Anne Marie Métailié, editora (Editions Métailié)

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Anne Marie Métailié es la editora responsable de Editions Métailié, una prestigiosa editorial francesa con más de treinta y cinco años de trayectoria. Un trabajo por el que esta misma semana la Feria del Libro de Guadalajara ha anunciado que le otorgarán el reconocimiento al Mérito Editorial 2014 el próximo mes de diciembre.

Tina – Me gustaría comenzar esta conversación preguntándote por el papel que tiene un editor hoy en día.
AMM –
Pienso que no ha cambiado mucho desde sus orígenes, es decir, que el editor no es sólo el hombre o la mujer que toma la disposición de vender la obra de un escritor sino que es, o al menos así es como lo siento y lo practico, la persona que se pone al servicio del proyecto literario o intelectual de un escritor y su primer lector. No tiene nada que ver con un crítico literario, el editor lee y ayuda al escritor a llevar a cabo el proyecto personal que el editor ha aceptado. Por supuesto, también es el responsable de que el libro sea lo más bonito y atractivo posible para los lectores y poner en marcha todo un proceso que pasa por los comerciales, la difusión, la distribución, los librerías y la promoción en prensa, lo que permite el encuentro entre el lector y el escritor.

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T – Guillermo Schavelzon comenta en un texto sobre ti que en vez de publicar lo que el mercado quiere, como editora tú publicas aquello que el mercado no quiere leer.
AMM –
Lo que es característico de nuestro oficio es que no es una industria de la demanda sino que nosotros ofrecemos cosas que no son lo que los lectores esperan. Estamos aquí para sorprenderlos, enseñarles otros mundos y eso es precisamente lo interesante.

T – La editorial Métalié está ya muy consolidada tras 35 años de trayectoria y, desde el principio, has dado una gran importancia a las traducciones, especialmente de obras literarias latinoamericanas. ¿Cómo surge ese interés?
AMM –
Los idiomas que hablo y entiendo sin problemas son el español y el portugués, el inglés lo leo pero no lo practico, ésa fue una de las primeras razones. También el hecho de que para mi es muy importante que se pueda conocer no sólo una parte del mundo y la manera de pensar norteamericana, que cada vez está más extendida hasta el punto de estar dando lugar a una dominación cultural. Allí existe un inmenso talento, pero también una inmensa mediocridad, como en todas las literaturas. La diferencia es que los mediocres norteamericanos pasan por genios aquí, por precisamente esa dominación cultural por la que todo lo que viene de Estados Unidos parece lo mejor del mundo. Creo que hay maneras de pensar y de escribir que son muy diferentes y te abren más. Yo quiero mostrar esa inmensidad y la variedad de maneras de pensar, de escribir, de expresar los sentimientos y las sensaciones que muestran otras literaturas.

T – Más de 1000 libros conforman vuestro catálogo editorial, ¿hay alguna obra de la que estés especialmente orgullosa por su repercusión entre los lectores franceses?
AMM –
Nuestros criterios para saber si un autor ha impactado profundamente a los lectores del mercado francés son, bien las ventas, bien el prestigio que adquiere la obra a pesar de que las ventas no hayan sido extraordinarias. En Francia, el escritor Luis Sepúlveda con su novela El viejo que leía novelas de amor ha transformado la visión del mundo hispánico. Un ejemplo más, esta vez proveniente de otra área geográfica, es el islandés Arnaldur Indridason. Sus libros no son sólo novelas negras, sino también alta literatura y tienen miles de lectores. Su obra Etranges rivages (Furðustrandir) es una reflexión sobre la muerte que se vendió tan bien como si fuese una novela negra popular.

T – Otra de las cosas que destaca en vuestra editorial es que en muchos casos dais seguimiento al trabajo del autor a lo largo de los años.
AMM –
A mi me interesan los escritores que están construyendo una obra. Por ejemplo, publico a Santiago Gamboa y aunque no publiqué la primera novela que escribió con 22 o 23 años, porque era una novela de adolescente, si que publiqué la segunda y las posteriores, porque tiene una obra literaria que se va construyendo. Considero que un autor debe conocerse a lo largo de los años y eso es precisamente lo que me interesa. Cuando empiezo a leer a un escritor me interesa saber si es su primera novela, si es la segunda y si tiene la capacidad de seguir, porque hay ciertos libros que son lindos pero cuyo autor no tiene combustible para alimentar una obra literaria a largo plazo.

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T – Antes me comentabas que en este periodo el papel del editor no había cambiado sin embargo, ¿qué pasa con la evolución del sector editorial en Francia?
AMM-
Hay una evolución, eso es verdad, pero creo que realmente el núcleo de la profesión es ése, la voluntad de difundir los autores. Es evidente que todo ha cambiado a lo largo de estos 35 años y no me refiero a lo digital, porque al final eso es hacer la difusión de las obras literarias de otra manera. Me refiero a los cambios de los lectores y de la actitud en relación al libro, que es muy diferente. En la educación no se recurre al libro de la misma manera que en generaciones anteriores, también la forma en la que se mira el mundo es diferente. Pero al menos en Francia hay un 55% de gente que sigue leyendo. A los jóvenes editores les tocará resolver los nuevos problemas que surgen en el sector y los que resistan los 10 primeros años de profesión tendrán una visión muy diferente, más adaptada a la manera de ver el mundo de los nuevos autores y los nuevos lectores.

T – Sin embargo no cabe duda de que la situación en Francia, en cuanto al número de lectores y al sector editorial, está mucho más consolidada que en otros países europeos.
AMM –
La razón es sencilla; en el año 1981 hubo un movimiento liderado por Jérôme Lindon, que era un hombre respetado y el editor de Beckett y le nouveau roman. Cuando vio que se instalaban centros comerciales que vendían libros y la Fnac, promovió un lobby que desembocó en la ley del precio único, que ha podido proteger a los libreros todos estos años. Esa ley fue votada por unanimidad en el Parlamento y decía que todos los libros debían venderse al mismo precio en todos los establecimientos en los que se vendiesen libros, con una diferencia de como máximo el 5%. Además, hay un artículo segundo que dice que los libreros se comprometen a responder a los pedidos de los lectores, a encargar los libros solicitados y hacer un trabajo de difusión y promoción del libro. Esta ley fue importantísima para proteger las librerías, como demuestra el caso de Reino Unido. Allí desde el siglo XVIII hubo un convenio profesional entre los editores para que el precio fuese el indicado por las editoriales, hasta que en los años 80 los propios profesionales decidieron abandonar ese convenio, lo que ha dado como resultado la desaparición de muchas librerías. Por otra parte, en Francia en los años ochenta tuvimos un Ministro de Cultura que desarrolló el Centro Nacional del Libro, una institución que ayuda a la traducción de obras extranjeras y a la publicación de libros difíciles. Este centro está financiado por el Ministerio de Cultura, pero también por los propios editores que aportan un porcentaje de su cifra de negocio. Pagamos de manera colectiva para poder ayudar a la edición de textos más difíciles.

T – Es evidente que existe un esfuerzo entre los editores franceses por trabajar unidos.
AMM –
Todas estas leyes y políticas culturales que tenemos, crearon la conciencia de que había que mantener las redes profesionales desde autor al lector y que pasan por editores, difusores, libreros…Y esto es esencial mantenerlo porque sino no podemos vender los libros. Las grandes corporaciones editoriales tardaron muchos años en darse cuenta de que no les interesaba acabar con esto, porque toda la cadena profesional sale ganando con este sistema, con esta solidaridad que nos aporta a todos beneficios.

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T – ¿Qué herramientas utilizáis para hacer llegar vuestras publicaciones a los lectores?
AMM –
Cuando empecé a trabajar lo importante eran los artículos que salían en la prensa, pero poco a poco hubo un descrédito de los periodistas y los críticos literarios y nos dimos cuenta de que los mayores prescriptores de los libros eran los libreros. En mi editorial somos nueve personas y tenemos una encargada de prensa pero también una encargada de las relaciones con las librerías. Preparamos información especialmente para ellos, promociones especiales, vitrinas…Para fomentar su interés hacia nuestros libros y autores. Un ejemplo es el de Selva Almada, la cual era una desconocida cuando publicamos su primer libro. Siendo una autora extranjera – pero no norteamericana- puedes esperar vender unas 1200 copias de su libro. Sin embargo, trabajamos con los libreros, la prensa, con la autora que estaba en Francia y, a día de hoy, hemos vendido casi 5000 ejemplares, debido a ese trabajo de proximidad, en el que se convence a los lectores uno por uno.

T – Para concluir, me gustaría que me hablases de los proyectos literarios en los que estáis trabajando actualmente.
AMM –
Hay un autor latinoamericano, uruguayo concretamente, que estuvo entre los 39 seleccionados de Bogotá39, Pablo Casacuberta. En 2015 publicaremos su libro Escipión, una obra extraordinaria, muy literaria y sorprendente, que tanto a mí como a todo mi equipo editorial nos ha entusiasmado. Por otra parte trabajamos en un libro de un escritor mozambiqueño llamado Mia Couto, La confesión de la leona. Es una obra que cuenta historias tremendas en las que, en la peor miseria, la más miserable es siempre la mujer. Para el Salón del Libro de París, dedicado a Brasil, estamos preparando una antología de jóvenes autores que hayan publicado entre 2005 y 2015 para dar al lector francés una visión de los nuevos rumbos de la literatura brasileña, porque los franceses en general se quedaron en la obra de Jorge Amado, pero los autores de los diez últimos años no tienen nada que ver con su obra. También tenemos otro libro extraordinario de la escritora portuguesa Lídia Jorge, Los memorables, sobre los que hicieron la revolución de los claveles, un saludo a las últimas utopías. Hace mucho tiempo que no me conmovía tanto con una obra.


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Crédito de la fotografía: Daniel Mordzinski
Imágenes de los libros: Cortesía de la editorial

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