Entrevista a Francisco Baena, director del Centro José Guerrero

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Aunque ha trabajado desde sus inicios en el Centro José Guerrero, Francisco Baena fue noticia hace unos meses al ocupar oficialmente el puesto de director de la institución, tras dejar el cargo Yolanda Romero. Con un perfil cultural muy heterogéneo, Baena se caracteriza por su multidisciplinariedad: vocalista de Punk Buró, banda granadina de pop, escribe sobre estética y filosofía, le interesa la edición, el comisariado y el cine, entre otros. Hablamos con él sobre esta nueva etapa personal y del Centro.

Francisco Baena.

Francisco Baena.

IRENE- Al formar parte del equipo del Centro Guerrero desde sus comienzos debe ser, como poco, emocionante llegar a la dirección de este proyecto cultural.

FRANCISCO- Ha sido una historia como de película americana, porque empecé desde abajo; he seguido trabajando hasta que las circunstancias me han llevado a un puesto de mayor responsabilidad. Estoy muy agradecido a la casa, a los compañeros, a la anterior directora, a la Diputación de Granada, a la familia Guerrero… La verdad es que sí es emocionante, me siento un privilegiado.

I- Bueno, en realidad, ya fuiste director en aquella “época oscura” en la que el Centro Guerrero estuvo a punto de desaparecer, por ese desafortunado desencuentro entre la familia Guerrero y la Diputación de Granada, y Yolanda Romero fue temporalmente destituida. ¿Fue aquel un periodo de aprendizaje?

F- Sí. Cuando se repasan los acontecimientos desde cierta perspectiva, se ven diferentes. Ahora veo aquella etapa como un entrenamiento, una práctica.
Siempre he trabajado mano a mano con Yolanda aunque las grandes decisiones las tomaba ella. Yo participaba en el proceso de programación y hablábamos mucho, igual que ahora lo hago con el equipo, es algo que forma parte de la identidad del Centro. Existen una serie de tareas que recaen exclusivamente en la dirección y desde mi antigua posición no era consciente por completo, ya que de ellas se encargaba Yolanda. Mientras fui director interino, las decisiones que se derivan de esa función de liderazgo tampoco se tomaron, tan sólo se trataba de mantener vivo un organismo seriamente dañado, y así lo hice. Fue una época convulsa en la que sólo queríamos que el Centro Guerrero siguiese adelante, así que mi gestión fue más como programador que como director con tareas propias de gerencia. Cuando regresó Yolanda se volvió a hacer cargo de todo y el último periodo con ella al frente se ha basado en la formulación del nuevo contrato de comodato. Ahora mismo hay un encuentro con muy buena sintonía entre la familia Guerrero y la Diputación y esto nos permite mirar a más largo plazo.
Gracias a ese periodo, a la confianza que depositaron en mí, a cómo me desenvolví y al trabajo colaborativo, me sentí lo suficientemente seguro como para presentarme al puesto cuando Yolanda se fue definitivamente.

I- No conozco muchos directores de museos que estén en un grupo de pop. También eres artista y escribes sobre estética y arte… ¿Cuál es tu relación con el mundo de la cultura? ¿Cuándo te inclinaste más por el mundo de las instituciones culturales?

F- Mi trayectoria siempre ha seguido un curso natural, espontáneo, poco meditado. Las cosas han ido fluyendo poco a poco.
Ya no produzco obra plástica, hice algunas exposiciones y lo cierto es que no me fue mal, pude haber seguido ese camino… pero como no tenía ningún plan trazado, me guie por mis necesidades según se manifestaban en cada momento, y por lo que iba aprendiendo. Siempre he sido muy disperso, eso puede ser bueno o malo. Por ejemplo, para la posición que tengo ahora, creo que está bien: me proporciona una visión muy enriquecedora, porque esa variedad de intereses me permite situarme con alguna familiaridad en el mapa cultural en general: literatura, cine, artes plásticas, música, fotografía, filosofía… Todas las artes me han interesado y en distintos momentos he practicado alguna de ellas. Ya cuando estudiaba Bellas Artes mis intereses abarcaban muchos campos, por eso al terminar hice el máster en el Instituto de Estética y Teoría de las Artes de Madrid, para recibir una formación más amplia y teórica que yo demandaba y la facultad no me ofrecía. El master, por su parte, me llevó a hacer la tesis doctoral con mi director, Jesús González Requena, catedrático de Ciencias de la Comunicación, lo que a su vez me llevó al cine, a la semiótica, al psicoanálisis, y de ahí pasé a la literatura. Un recorrido muy variado que no ha obedecido a un plan premeditado.
Después de terminar la tesis en Madrid, trabajé con una compañía de teatro, con una coreógrafa, en una biblioteca y en una editorial. Eduardo Quesada y Yolanda Romero me pidieron, desde Granada, que realizara labores de documentación para una exposición sobre Federico García Lorca, ya que en ese momento yo estaba en la Residencia de Estudiantes de Madrid; después me requirieron para otra exposición y más tarde me presenté a una plaza que convocó la Diputación de Granada para el Área de Cultura, y que resultó ser para poner en pie el proyecto del Centro Guerrero, que ya se estaba gestando y para el que necesitaban alguna gente.

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I – Conociste a José Guerrero en persona, ¿cómo le describirías?

F- Le conocí en un taller de arte actual que él impartía en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Yo estaba estudiando tercero de Bellas Artes en la Universidad de Granada. El taller duraba un mes y tuve la suerte de que me becaran para poder asistir.
El primer día del taller José Guerrero se presentó y nos dijo que nos dejaba carta blanca para que cada cual desarrollara libremente su trabajo, pero que no quería “Guerreritos”, no quería gente que le imitara, lo detestaba.
En el taller teníamos un espacio a nuestra disposición durante todo el día y podíamos ir a trabajar en función de nuestras posibilidades. Yo estaba en Madrid, en mitad del curso, para hacer el taller, así que me pasaba las horas allí. Guerrero nos visitaba para ver qué hacíamos y conversaba con nosotros: nos ayudaba y nos guiaba. Era ya el año 88, por lo que él era un hombre mayor, pero tenía una vitalidad increíble. Además, le interesaba mucho lo que hacíamos los jóvenes, aprendía de nosotros y le inspiraba el arte “emergente” (que entonces no se llamaba así). Yo me lo tomé en serio y estaba casi siempre trabajando en el Círculo, por lo que siempre que se asomaba coincidía con él. Le recuerdo como una persona inspiradora, muy cercana, asequible y generosa. Me aportó mucho y me dio muchos consejos que traté de llevar a la práctica.

I – En tu idea de dirección del Centro apuestas por la continuidad y te acoges al plan museológico trazado por la anterior directora. ¿Hasta qué punto ha sido influyente en el Centro tu predecesora, Yolanda Romero?

F- Para mí ella ha sido una maestra, así que trato, en la medida de mis posibilidades, de seguir su ejemplo. El proyecto original se le encargó a ella y ella formó al equipo que iba a hacerlo realidad atendiendo a sus líneas programáticas; nosotros las hemos asumido y desarrollado. En la renovación del contrato de comodato se mantienen el espíritu y la misión originales. Naturalmente, se han ajustado algunas cosas que han ido cambiando durante el desarrollo del proyecto, como la autonomía de las salas de exposiciones del Palacio de los Condes de Gabia, que al principio dependieron del Guerrero, pero las bases siguen siendo las mismas y sigue siendo la institución con la que me identifico, así que, ¿para qué modificar algo que creo que funciona bien? De hecho, en la “época oscura”, como la has denominado antes, el fallo fue precisamente intentar desarticular algo que estaba funcionando y que no había necesidad de cambiar.
El contexto en todos los sentidos es bueno, atendiendo, claro, a los cambios políticos y económicos: tenemos un público muy fidelizado, una cantidad de visitas bastante buena, razonable para este tipo de servicios, cumplimos un papel reconocido por los diversos agentes del sector y mantenemos una programación que goza de muy buena acogida. Dentro de ese rumbo, a lo mejor a Yolanda le interesaban más algunos aspectos puntuales y a mí otros, pero al fin y al cabo son matices que van con la personalidad de cada uno.

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I – Dos puntos me han llamado especialmente la atención en tu propuesta de dirección, uno es el fundraising, al cual apuntas como complemento al presupuesto público, y la internacionalización de la institución.

F- Esas son dos asignaturas pendientes que me gustaría trabajar, aun siendo difíciles las dos. En cuanto al fundraising, sería bueno que hubiera una persona que se dedicara a esto, pero lamentablemente, de momento, no podemos cubrir ese puesto, así que estamos trabajando en fórmulas alternativas para conseguir este objetivo, supliendo con aportaciones privadas o externas aquellas áreas a las que no llegamos; por las propias necesidades del Centro no podemos olvidarnos de las exposiciones de corte más histórico, más “museísticas”, y lo cierto es que necesitamos ayuda para hacer este tipo de exposiciones.
Respecto a la internacionalización, ya estamos dando algunos pasos, algunos muy perceptibles, como la exposición que hemos tenido, “Nueva York en fotolibros”, donde hemos coeditado por primera vez con una editorial externa que nos garantiza una distribución internacional a la que nosotros no tenemos acceso. Buscamos una mayor visibilidad que nos facilite, a su vez, avanzar hacia el ideal de organizar una exposición de Guerrero en Estados Unidos. Es muy, muy difícil, pero queremos intentarlo.

I – ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene ser un pequeño centro de arte contemporáneo en Andalucía?

F- Yo sólo le veo ventajas, soy muy optimista. También es cierto que me ha tocado vivir la dirección del Centro en un momento dulce. El periodo de crisis, como todas las crisis, o acaba contigo o te vacuna, y este nos ha servido para vacunarnos y crecer. Una de las virtudes del Centro es que desde el principio estaba pensado como un proyecto sostenible, así que a pesar de las dificultades económicas se ha podido mantener sin cambiar apenas su estructura.
Paradójicamente, la única desventaja que puedo encontrar tiene que ver con la ventaja, y es que el no tener unos grandes presupuestos nos limita. Somos un equipo pequeño pero muy comprometido y gracias a eso sacamos adelante mucha actividad. Pero lo cierto es que también se produce un desgaste, porque además el personal del Centro es el mismo de Artes Plásticas de la Diputación: atiende a la vez las necesidades de los dos servicios. Y… bueno, pues sí, si se pudiera completar lo que somos o tenemos con un poco más, sería mejor, son cosas que se tratarán de solventar en este periodo.
También tenemos la ventaja de que Guerrero y su enfoque contemporáneo permite adaptar nuestra programación a corrientes novedosas y muy apegadas al presente, incluso al futuro.

I – Respecto a esto, ¿qué programación nos encontraremos en el Centro Guerrero este 2017?

F- Al ser un equipo pequeño necesitamos trabajar con mucha antelación, por lo que la programación de este año, y parte del que viene, ya está lista y, ahora sí, todo son propuestas mías. Se están empezando a poner en marcha proyectos a largo plazo, pensando ya en la temporada 2018/2019, propuestas que espero que resulten novedosas, ya que el Centro nunca las ha tratado hasta ahora, pero de momento no voy a desvelar nada.
Por otra parte, durante este mes de marzo hemos colaborado con FACBA, una feria que programa exposiciones de arte emergente en varias instituciones y en la Facultad de Bellas Artes, una iniciativa muy ambiciosa que merecía la pena apoyar.
En abril llega una coproducción con la fundación Cartier-Bresson de París (enmarcada dentro de nuestro deseo de por la internacionalización) sobre un fotógrafo americano que tuvo poca fortuna y que “redescubrimos”: Louis Faurer. La fotografía es una de las líneas que mantendremos porque la consideramos un lenguaje fundamental para comprender el mundo contemporáneo, lo que corrobora nuestro púbico.
Continuaremos el año con el programa “La colección del Centro vista por los artistas”, cuya protagonista en esta tercera edición será Paloma Gámez. Y, para finalizar 2017, tendremos una retrospectiva de Luis Gordillo, una coproducción con el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Koldo Mitxelena Kulturunea, Centro Galego de Arte Contemporanea, Patronato de la Alhambra y Generalife y Centro José Guerrero.
Algo que queremos incorporar como novedad durante este año es una colección de publicaciones con un carácter autónomo de las exposiciones, una colección de asuntos “guerrerianos” en sentido amplio, que no obedecerá a una regularidad programada, sino que irá nutriéndose de distintos proyectos que surjan: desde el monográfico de un cuadro hasta el análisis de un periodo de la vida de Guerrero o el ensayo teórico que aborde alguno de sus temas.

I – ¿Seguirá el proyecto de Kiosko?

F- Sí, tenemos la aprobación del Ayuntamiento por dos años más. En este proyecto se conjugaron varios elementos: por una parte, el apoyo al arte emergente y a la escena local, porque Guerrero, como te decía antes, siempre apoyó el arte joven, incluso becaba a gente para ir a Nueva York, y desde el Centro siempre se ha querido seguir esta labor, incluso la familia nos ha instado a ello alguna vez, así que se pensó en esta iniciativa de convocatoria pública. Por otra parte, el kiosko propuesto para intervenir está cerca, en pleno centro, y buscamos proyectos que impliquen al público. Sacar el arte del museo, llevarlo a la calle y que participe la gente, quitar esa barrera de que el arte contemporáneo es una cosa elitista para entendidos.

I- ¿Cómo ves el panorama del arte contemporáneo en Granada?

F- Si se repasa la escena del arte contemporáneo en Granada tal y como la describió -magistralmente- Juan Antonio Ramírez, hay varios agentes: el principal son los artistas y hay buenísimos artistas en Granada. Es cierto que no hay mercado (fallan otros agentes) y, por eso, una gran parte se marcha fuera, aunque continúan manteniendo vivos sus vínculos con la ciudad y están al tanto de lo que pasa aquí. Hace poco el crítico de arte Óscar Alonso Molina decía que la escena en Granada es de las más interesantes de España, en concreto para la pintura. Creo que es una escena que está por vertebrar, falta trabarla. Falta crítica especializada, por ejemplo. ¿Por qué no hay crítica? Porque no hay soportes. Tampoco hay galerías de arte contemporáneo fuertes por lo mismo, porque no hay mercado. Es necesario un coleccionismo más activo.

"Bibrramblabookburning, un memorial intermitente”, de Rogelio López Cuenca para el Proyecto Kiosko, 2015.

“Bibrramblabookburning, un memorial intermitente”, de Rogelio López Cuenca para el Proyecto Kiosko, 2015.

I- Parece que últimamente se programa más arte contemporáneo de calidad, ¿está abriéndose Granada?

F- Buena parte de esas nuevas iniciativas se deben al equipo con el que colaboramos en FACBA, Antonio Collados, Marisa Mancilla y el Vicedecanato de Extensión Universitaria de la Universidad de Granada, con Víctor Medina, que se ha rodeado de personas con ilusión por impulsar el arte contemporáneo y las salas dependientes de la UGR. Hay un nuevo equipo que apuesta por esto. Además, han surgido una serie de espacios alternativos de coworking y salas más interesadas en la producción que no dejan de impulsar y convocar iniciativas estimulantes.

I- Por último, ¿nos puedes recomendar un libro y una canción?

F- Uf, yo soy muy malo haciendo listas… Tengo una incapacidad casi psicopatológica para eso. ¿Por qué tal y no cuál? Hay miles de canciones, cientos de libros… Pero bueno, tampoco me gusta escaparme de los compromisos. Sabiendo que es un juego, te diré, a bote pronto, dos de los libros que más me han impactado de los que he leído últimamente: uno español: “Los hemisferios”, de Mario Cuenca Sandoval; y otro de fuera: “Europa Central”, de William T. Vollmann (me he referido a ambos en las “notas en papel continuo” que he venido publicando en el blog del Centro). En cuanto a canciones, pensando en algunas que me hayan marcado personalmente, te diré dos que aparecen en la novela “Eco oscuro”: “On Horseback” y “Don’t Be Afraid, You’re Already Dead”. Pero para abrir un poco más el campo, también te digo la versión vocal del tema Charade de Mancini (para la película homónima) y un álbum que Emma Kirkby dedicó a distintas arias de Haendel.

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Más información:

www.centroguerrero.es

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