Entrevista a Javier Jaén, diseñador e ilustrador

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Javier Jaén nació en Barcelona en 1983 y en el intervalo que transcurre entre ese año y la actualidad, se ha convertido en un reconocido diseñador e ilustrador que ha trabajado para The New York Times, The New Yorker, The Washington Post, Time, La Vanguardia, El País, Penguin Random House, y Unesco, por nombrar sólo algunos.

Sin acomodarse en ninguna técnica ni estética, Javier desarrolla un trabajo en el ámbito editorial, de la comunicación y la identidad visual de una gran calidad. Advierto de antemano que si no conocíais su obra, esta entrevista os dejará con ganas de ver más.

¿Qué quiere Alemania? Ilustración para La Vanguardia

¿Qué quiere Alemania? Ilustración para La Vanguardia

Tina – Me gustaría comenzar hablando de tus inicios, porque según he leído en un principio no querías ser ilustrador ni diseñador, sino que ibas más encaminado hacia el periodismo.
Javier Jaén –
Si, de hecho yo jamás fui el típico niño que sabe dibujar y pasa las horas haciendo cómics o caricaturas de sus amigos, pero me llamaba mucho el mundo audiovisual, la radio, la televisión, la publicidad y el periodismo. Creía que quería ser periodista, pero por circunstancias de la vida, me cambié a un instituto donde había el bachillerato artístico y me di cuenta de que aquello me gustaba. Allí me comentaron que había una escuela de diseño gráfico y me apunté, sin absolutamente ni idea de lo que era. Recuerdo lo extraño que se me hacía que hubiese una clase sólo sobre tipografía… Nadie en mi entorno se dedica a nada parecido; mi padre es mecánico de coches, mi madre ama de casa, mi hermano hizo telecomunicaciones, no vengo de una familia en la que esto estuviese presente en absoluto. Fue un experimento que de momento no ha salido mal.

Después de estudiar diseño gráfico estuve un tiempo trabajando en varios estudios de diseño haciendo de todo, ¡incluso cosas que negaría ante un juez! Más tarde fui a vivir a Grecia y trabajé como voluntario en UNESCO. Al volver pensé que quería hacer algo más, seguir estudiando, y empecé Bellas Artes. Yo ya venía de una formación de diseño gráfico y veía las cosas a través de ese prisma, así que de alguna manera muchos proyectos los abordaba desde ahí. Hoy en día creo que la parte más volumétrica de mi trabajo y la manera de abordar a los temas conceptualmente tiene mucho que ver con aquellos años en la carrera.

Portada para Mundo Clásico

Portada para Mundo Clásico

T – Una de las cosas que destacan en tu trabajo es que no te acomodas en ninguna técnica.
J –
La cuestión del estilo nunca me ha interesado lo más mínimo. Si nos ponemos puristas, el diseño gráfico debería estar desligado del estilo, porque debería responder a una necesidad más que a una vocación de comunicar algo personal, como haría el arte, pero hoy en día sabemos que eso no es del todo así. Personalmente, me interesa mucho experimentar y buscar diferentes caminos narrativos, no sólo plásticos. Para mí es mucho más importante la voz que hay detrás, uno se pasa la vida buscándola. Intento que mi cuerpo de trabajo sea sólido, más allá de si hoy he recortado un papel o mañana doy un brochazo. Éso a mí no me preocupa demasiado. Lo importante es qué cuentas y cómo y es ahí donde intento buscar una coherencia. Como se suele decir, el estilo es una cárcel.

T – Tienes trabajos para editorial, prensa, temas de comunicación… ¿Qué diferencias hay en la manera de plantearte esos trabajos?
J –
Hay muchos condicionantes que quizá debería tener en cuenta, como por ejemplo la fecha de caducidad. Un periódico dura un día, una revista algo más, y el libro se queda para siempre. Pero yo no sé hacer eso. Intento hacerlo siempre como creo que se debe hacer, de la misma manera que no se hacer ilustraciones de 100€ o ilustraciones de 1000€.
En mi experiencia, el trabajo en prensa es mucho más ágil. En las portadas de libros, los procesos se suelen alargar en el tiempo, hay más personas decidiendo, varios departamentos, cambios, etc. Aún así, es muy satisfactorio porque es un trabajo más completo y a menudo, más rico donde poder trabajar con el volumen del propio libro, la imagen y sobre todo, la tipografía.

Ilustración para The New York Times

Ilustración para The New York Times

T – Antes me decías que habías comenzado profesionalmente haciendo prácticas, ¿cuáles fueron los primeros trabajos como diseñador que sentiste más tuyos?
J –
Pues en eso no sé si me equivoco, pero siempre he intentado llevarlo todo a un punto que fuese estimulante para mí de alguna manera, incluso los proyectos que en un principio pueden parecer poco interesantes. Y es algo que sigo haciendo hoy. En prensa trabajo habitualmente con temas en los que tengo pocos conocimientos o intereses, pero siempre intento encontrar la manera en que el encargo sea excitante. Incluso cuando trabajaba en estudios más pequeños o con cosas más locales, he intentado siempre hacer las cosas de la manera que yo consideraba correcta. Me peleaba bastante con mis jefes, y viéndolo con la distancia, me equivocaba muy a menudo, pero creo es una actitud que es importante mantener. Al mismo tiempo hay que ser abierto, porque al final, el cliente es el que conoce mejor su producto, su empresa, su diario, su editorial, y en ocasiones partimos de ese planteamiento erróneo de “educar al cliente”. Dicho esto, repito, hay que pelear por lo que crees correcto.

Ilustración para La Vanguardia sobre la reforma energética española

Ilustración para La Vanguardia sobre la reforma energética española

T- Para prensa es cierto que te toca ilustrar todo tipo de temas. ¿Qué es para ti lo más importante a la hora de plantearte una ilustración cuando te toca uno especialmente complejo?
J –
Cuando empecé a trabajar en prensa lo hice en el Diario Público y había algunos temas con los que lo pasaba fatal, por ejemplo ilustraba los artículos de Noam Chomsky y era una inmensa responsabilidad, ¿cómo puedo conseguir traducir todo lo que dice este señor en una imagen? ¿Cómo hacer que mi imagen valga sus mil palabras? Con el tiempo, comencé a intentar encontrar el alma del artículo. Siempre pongo un ejemplo cuando doy clases: Recuerdo que tenía que ilustrar un artículo muy complejo sobre una crisis política en Indonesia, era un caso muy concreto, con muchos nombres de los que no había oído nunca hablar… Más o menos sé situar el país en el mapa, pero más allá de eso tengo muy pocos conocimientos sobre Indonesia, ni conozco su bandera, ni sus platos típicos… Sin embargo, leyendo y releyendo el artículo me di cuenta de que iba sobre populismo, y eso sí que lo puedo entender y explicar. Cuando me tocan temas de este tipo, que suelen ser los habituales, el planteamiento suele ser ése: encontrar de qué habla realmente el artículo, encontrarlo casi en una palabra, en una frase, y explicarlo desde ahí. Al generar una ilustración, una imagen, una portada de un libro, un cartel… siempre intento que sea una unidad de significado en sí misma, que pueda vivir de forma independiente sin necesidad del texto.

Ilustración de Javier Jaén para The New York Times

Ilustración de Javier Jaén para The New York Times

T – Por otra parte tienes un trabajo personal en el que además tocas temas sociales y políticos.
J –
Supongo que el trabajo más personal nace desde el estómago, de aquellas cosas que se tiene más necesidad de hacer o de decir. A veces son temas políticos, a veces son temas sociales, otras son vivencias personales, otras es un chiste que te apetece compartir… Pero no me considero un ilustrador político.

T- De los trabajos que has hecho hasta el momento, ¿cuáles son aquellos de los que te sientes más orgulloso?
J –
Siempre es difícil responder a esto, pero es verdad que hay ciertos casos que han supuesto peldaños, por ejemplo las cafeteras, Cafuerteras, que nacieron de la asignatura de escultura de Bellas Artes y luego rebotando por el mundo llegaron hasta David Lynch, que resultó ser muy cafetero. Gracias a eso me invitaron a participar en la exposición del 20 aniversario de Twin Peaks en Londres y de allí salieron muchos otros proyectos. O los carteles del BccN, el Barcelona Creative Commons Film Festival, también es un proyecto al que le tengo mucho cariño. O la primera vez que trabajé para el New York Times, recuerdo salir a la calle corriendo en cuanto me llamaron. Aunque a veces es difícil, intento mantener esa misma pasión, tratando de disfrutar y aprender de cada uno de los proyectos.

Cafuertera

Cafuertera

T – ¿Cuáles son tus próximos trabajos?
J –
Como ilustrador editorial uno siempre tiene que estar metido en trescientas cosas. Ahora mismo estoy haciendo una sección semanal para la revista del New York Times, dos portadas de libro, una entrevista contigo (risas), dando clases, charlas… Como la seguridad laboral de un ilustrador freelance es totalmente inexistente, tienes que estar implicado en muchas cosas, Excepto la colaboración semanal con The New York Times, el resto del proyectos son totalmente imprevistos. Trabajar para el extranjero además hace que el tema de los horarios sea más complicado.

T – Para el extranjero trabajas principalmente para EEUU, ¿no?
J –
Si, aunque estuve colaborando mucho tiempo en Valor Investe Brasil y colaboro habitualmente con publicaciones europeas. Estuve estudiando en Nueva York hace ya casi cuatro años y estando allí ya hice algún contacto, pero sobre todo entendí que podía trabajar con personas fuera de mis fronteras. Empecé a trabajar con el New York Times y eso fue un altavoz para otras revistas. Después, de vuelta en Barcelona, llegaron, Time, The Washington Post, New Yorker o el Wall Street Journal entre otros.

Portada para La gran búsqueda

Portada para La gran búsqueda

T – ¿Todos estos trabajos los estás llevando a través de un agente?
J –
Yo he estado por mi cuenta totalmente hasta hace algo menos de un año, cuando me contactaron de Malena Agency y ahora ellos me llevan mi portfolio por Estados Unidos, Polonia y Australia. Me han salido varios proyectos a través de ellos. Y aunque lo recomiendo para los que están empezando a trabajar de forma profesional, hoy en día una persona sola con un portátil en su casa puede ponerse en contacto con cualquier persona en el mundo. Si bien es cierto que un agente con su red de contactos puede facilitar mucho las cosas, en mi caso, hasta hace relativamente poco, no lo hacía así y también estaba trabajando para fuera. De alguna manera, creo que es un modelo algo caduco. En EEUU funciona más bien como una meritocracia, lo único importante es el trabajo que haces. Si tu trabajo es más o menos bueno y puede encajar en el medio con el que te estás poniendo en contacto, no creo que les importe demasiado si trabajas con una agencia, dónde eres, a quién conoces, o dónde estudiaste, lo único importante es qué haces.

Trabajo personal

Trabajo personal

T – ¿Alguna vez han puesto pegas al contenido de tu trabajo por no ser políticamente correcto?
J –
La verdad es que no, en los proyectos con los que trabajo siempre hay que presentar varias ideas y entre ellas, se escoge una con la que se desarrolla la pieza final. Pero no me han rechazado algo por ser demasiado fuerte y si ha sido así, ha sido para mejor, porque el punto no es hacer algo salvaje, sino que explique lo que tenga que explicar y con la intensidad adecuada. Esa imagen que tenemos desde aquí de cómo se preocupan por lo políticamente correcto en EEUU y cómo tienden a dulcificar los trabajos, creo que no refleja la realidad, al menos en mi caso.

T – Una de esas preguntas que siempre se suelen hacer, ¿qué tipos de cosas influencian tu trabajo?
J –
Siempre me ha parecido curioso cuando la gente hace una lista de grandes escritores, grandes pintores, grandes películas o grandes libros como únicos referentes en su trabajo. Claro que miro y aprendo con el trabajo de los otros, pero a mi me influencia todo, desde eso, a lo más trivial y cotidiano. Como dice Juli Capella, creo que debemos aprender a vivir de una forma obsesivamente curiosa, abiertos 24 horas.

T – Y acabo esta entrevista preguntándote por un libro y una canción que nos quieras recomendar.
J –
Como canción escojo El cantante de Héctor Lavoe y en cuanto a libro, Un mundo feliz de Aldous Huxley.

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Más información
Página web de Javier Jaén

Créditos de las imágenes: Cortesía del autor

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