“Es muy importante que los ilustradores tengan una voz narrativa propia” Entrevista a Lara Peces, coordinadora de diseño de SM

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Con un catálogo que incluye más de 9.000 títulos y colecciones tan populares como Gran Angular y Barco de Vapor, SM es sin duda uno de los grupos editoriales más importantes de nuestro país. Hemos visitado  la sede de la editorial en Boadilla del Monte para charlar con Lara Peces, la coordinadora de diseño de ambas colecciones, y que nos cuente algo más sobre su trabajo y su colaboración con ilustradores.

TINA – Comencemos hablando un poco de ti y tu trayectoria hasta convertirte en coordinadora de diseño en SM. Estudiaste Bellas Artes y ya desde tus inicios profesionales te centraste en el diseño gráfico, llegando a pasar una temporada colaborando con el estudio de Manuel Estrada. ¿Desde el principio tenías claro que te querías dedicar al diseño editorial?
LARA – Creo que nunca tuve claro lo que quería. Mi primera intención fue estudiar arquitectura pero decidí animarme y probar Bellas Artes, como me sugería mi madre. Me presenté al examen después de haber estudiado el bachiller de ciencias puras, pensando que no aprobaría. Pero lo hice, y me matriculé sin tener muy claro ni en qué consistía ni las salidas que tenía. A nivel laboral empecé impartiendo algunos talleres para familias en el MuseoThyssen mientras que estudiaba, luego me contrataron en una empresa muy pequeña de diseño web, donde descubrí que eso era lo mío. Como elegir nunca se me ha dado bien, hice doble especialidad en la faculdad: Diseño y Artes Plásticas, lo cual siempre ha sido un punto a mi favor en el terreno laboral. Posteriormente me dieron una beca de investigación en la facultad y ya en quinto curso me contrató Manuel Estrada. En su estudio estuve algo más de un año y me lo pasé pipa. Entonces ya tuve claro que del diseño no me sacaba nadie. Mi experiencia con él fue como un master intensivo e increíble, un periodo de mucho esfuerzo en el que aprendí de un gran maestro. Estaba trabajando en el estudio cuando me llamó SM para que colaborara con ellos como freelance, pero con la exigencia horaria del estudio era inviable, sin embargo les dije que si me hacían un hueco me podría plantear dar el paso al mundo editorial. A la semana siguiente se pusieron en contacto conmigo porque me habían hecho ese hueco. Empecé como diseñadora y a los dos años pasé a coordinadora del departamento gráfico.

T – ¿Cómo es tu proceso de trabajo como coordinadora de diseño de SM?
L – Nuestro trabajo es convertir archivos de Word, en libros. Mi trabajo concretamente es una dirección de arte; a partir de un texto decidimos qué queremos transmitir, y a partir de ahí elegimos el formato más adecuado, la tipografía, el tipo de imagen, etc. que nos ayude a conseguir nuestro objetivo. Luego o en paralelo buscamos un ilustrador que nos ayude y matice todos esos elementos gráficos que queremos potenciar en el libro. Ese ilustrador debe ayudarnos a narrar de otra manera lo que cuenta el autor, es decir, el texto ya está ahí y nos está contando algo, pero necesitamos que las ilustraciones nos cuenten lo que no nos cuenta el texto. Si el autor habla de un limón no queremos caer en la redundancia de un limón ilustrado, sino que nos cuente todo lo que puede estar pasando y que el autor no nos cuenta.

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T – ¿Cómo se realiza el proceso de selección de un ilustrador?
L – Echándole horas. Al final tengo unos favoritos en Google Chrome que voy actualizando constantemente y de repente llegas a alguien que no puedes creer que no conocieses antes, unas cosas te van llevando a otras y a otras… También vamos a ferias como la de Bologna o Ilustratour donde encontramos joyitas, o ilustradores que están muy bien y a los que vas siguiendo los pasos y vas viendo como maduran profesionalmente. Es un proceso precioso.

T – ¿Cómo se implican los editores en esa selección?
L – Trabajamos mucho en equipo, y confiamos mucho los unos en los otros. Ellos confían en mí para la selección de ilustradores y yo confío en ellos para que entre los dos afinemos con la elección. Después de todo son ellos, junto con el autor, claro, los que mejor conocer el contenido de la obra. Generalmente después de una búsqueda intensiva hago una selección de cuatro o cinco ilustradores con los que creo que mejor podemos conseguir transmitir lo que nos interesa del texto, después nos sentamos juntos y valoramos las distintas propuestas con sus pros y sus contras. Es un proceso muy pensado y que hacemos con mucho mimo y cuidado. La elección del mejor ilustrador para un texto es fundamental en nuestro trabajo..

T – ¿Qué es lo que valoras en un portfolio?¿Qué recomendarías a un ilustrador novel o con poca experiencia para que presente su trabajo a una editorial como SM?
L – Yo creo que es muy importante que tengan una voz narrativa propia. Al principio todos empezamos imitando al que tenemos al lado, como decía Picasso: los buenos artistas copian. Lo que pasa es que en un mundo muy globalizado en el que hay un boom de ilustradores podemos caer en la tendencia de hacer todos lo mismo. Entonces se diluyen las fronteras entre lo identitario y las tendencias, lo que está de moda. A la hora de entrar en una editorial solo hay que llamar, yo siempre contesto a todos los ilustradores que me mandan algo y leemos todos los manuscritos. Unos te interesan más, otros menos…Si encajan más en libro de texto reenvío su trabajo a ese departamento. Pero lo que me interesa principalmente es que cuenten y que sepan interpretar el texto. Eso parece muy obvio pero no es fácil.
Otra cosa es el fundamental es que tengan un portfolio online actualizado y su contacto fácil de localizar.

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T – Recientemente habéis rediseñado Barco de Vapor, una mítica serie con la que creo que toda nuestra generación ha crecido. ¿Cómo ha sido ese proceso?
L – Lo hemos vivido de una manera muy emocionante y con mucho miedo a la vez. Ha sido un cambio muy esperado que nos estaban pidiendo y que incluso internamente reclamábamos, pero lo bueno que tiene El Barco de Vapor es que es una marca que ha conseguido llegar a la emoción, a algo que se recuerda, y eso es muy difícil de conseguir. En publicidad es algo a lo que todas las marcas aspiran. Como El Barco de Vapor lo ha conseguido crearlo por su trayectoria, calidad y valores, el reto era renovarlo sin desvirtuar esa emoción. Ha sido un cambio muy pensado, hecho poquito a poco y muy controlado y con mucho cariño. Buscábamos darle más protagonismo a la ilustración, darle un valor importante. Hemos intentando amoldar más las edades a las series y que la parte gráfica acompañe a los lectores, educándolos también la imagen de manera que fomente la creatividad, no potenciamos la ilustración como algo meramente decorativo.

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T – Ya hablando de libros específicos, me gustaría que me contáses cómo ha sido el proceso de diseño de La vida secreta de Rebecca Paradise (Premio El Barco de Vapor) y El mar (Premio Gran Angular 2015).
L – Nos lo hemos pasado pipa con esos títulos. La vida secreta de Rebecca Paradise es una novela muy divertida sobre algo que nos podría pasar a cualquiera. Comienza hablando de una niña que es un poco borde y cuenta muchas mentiras, pero todas son mentiras un poco estrafalarias como que tiene un gato astronauta o que ha estado en Japón, pero vaya, una niña de ocho años…Yo sí podría tener un gato astronauta, pero ella no [risas]. Al final te das cuenta de que es muy tierna, aunque no fuese la imagen que daba en un principio. Por eso buscábamos un ilustrador que ofreciera las dos facetas, que por un lado que tuviese un punto cañero para no caer en la ñoñería, pero que al mismo tiempo fuese dulce y tierna. Entonces nos topamos con Bea Tormo, cuyo trabajo encajaba perfectamente con lo que andábamos buscando. Le pedimos también que hiciese los números de capítulos a mano, como si lo hubiese escrito Úrsula, la protagonista, porque la historia está contada en primera persona y queríamos remarcarlo. Y luego cosas más técnicas, como que tuviese en cuenta la retícula, que los márgenes fuesen cómodos para leer, etc. Además la narración se cuenta también a través de entradas en un blog escritas por la protagonista, y para distinguirlos del texto normal les dimos un diseño diferenciador.
En cuanto a El mar, es un proyecto precioso. Es una historia en la que de repente por una ola de mar el protagonista se queda sin familia, pero no lo escribe como algo traumático sino como una historia de adaptación al medio, cómo hay que vivir aunque sea en los tejados. A mitad de la historia, ésta quiebro en la narración y surge un elemento mágico. Lo que buscábamos con este libro era por un lado transmitir esa sensación de inundación, de que el agua lo cubre todo y cómo al vida bajo el mar pasa a ser igual importante que la vida en la superficie. Jugamos con esa idea de superficie vs sumergido. Los capítulos los rotulamos a mano para que pareciesen casi de agua y todo el interior está impreso en azul para fomentar esa idea. En la parte de detrás añadimos un esquema de los personajes, una guía que había hecho el marido de la ilustradora y que nos pareció muy bonito.
 Respecto a la ilustración, me gustan los trabajos de Iratxe López de Munain desde que los vi por primera vez y tuve claro en todo momento que ella era la persona adecuada para este libro. Para la portada las dos lo vimos muy claro y trabajamos sobre esa idea de fondo marino, pero que no denotase una sensación lúgubre o de tristeza sino como algo más positivo y alegre. Para darle más protagonismo a la ilustración, hicimos una encuadernación con doble solapa para que Iratxe se luciera, y para que además nos diera juego incluir troqueles. La cubierta está llena de pequeños detalles que el lector descubre cuando lee la historia.

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T –  ¿Cuáles son esos libros por los que tienes especial predilección entre todos los que has coordinado?
L – Esto es como decir a que hijo quieres más [risas]. Estoy especialmente contenta con Gran Angular, una colección que hemos estado rediseñando poco a poco, casi sin que se entere nadie. Hemos pasado de usar imágenes de banco de imágenes a cubiertas que mezclan ilustración, collage… Se nota el cambio en el sentido de que se ve un libro más moderno pero la colección sigue siendo igual desde un punto de vista formal.
Otras colecciones muy chulas que hemos sacado es por ejemplo la serie de Memorias de Idhún de Laura Gallego; hemos publicado una edición de bolsillo jugando con pantones o con detalles como los lunares del lomo que te indican el número de tomo.

T – ¿Y libros que hayas diseñado tu?
L –  Por ejemplo El Festín de muerte, aunque es una cubierta controvertida.  La edición en cartoné y la edición en Gran Angular son diferentes. Decidimos apostar por algo tan impactante como una imagen de Hitler en la cubierta, aunque en la edición de GA a ir destinado a coles, se cambió a Hitler por un soldado.

T – ¿Sueles tener que prestar atención a lo políticamente correcto, al tratarse de libros dirigidos a un público infantil?
L – Más que por los niños, por los profesores, que al final cuidan mucho lo que prescriben a sus alumnos y el público de colecciones como Gran Angular tiende a ser conservador. Por eso, en cubiertas como ésa en la que nos arriesgamos para la versión distribuida a un público más general, si que lo modificamos en la que estaba dirigida a coles. Pero bueno, diría que es el único caso porque solemos cuidar mucho la imagen de nuestros libros.

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T – Sé que es difícil pero…de la nueva generación de ilustradores, ¿a quiénes destacarías?
L – Hay una cantera gloriosa de ilustradores que ya tienen sus tablas aunque sean jóvenes y anden por la treintena y cuyo trabajo en fantástico, como Adolfo Serra, Ana Pez, Iratxe López de Munain, Ester García, Sandra de la Prada, Javier Andrada, Natascha Rosenberg, Puño, Miguel Pang, Eva Sánchez Gómez… y me estoy dejando a muchos por culpa de mi mala memoria. Verdaderamente hay todo un hilo de ilustradores de muchísimo talento del que empiezas a tirar y no acabas nunca.

T – ¿Cuál es el secreto de una buena portada?
L – Creo que es fundamental que comunique, que sea legible y transmita el concepto del libro. Es la carta de presentación, la foto de carnet y tiene un segundo de vida, la que te llame la atención es la que coges y luego ya le das una oportunidad leyendo la sinopsis de la contraportada. Es fundamental, con la cantidad de libros que hay en el mercado uno suele estar muy influido por lo visual y con la cubierta tenemos darle pistas al lector de qué es lo que se puede encontrar en esa lectura. Pero qué te voy a decir yo que escojo el vino por la etiqueta [risas].

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T – ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la edición infantil a día de hoy, con unas nuevas generaciones cada vez más pegadas a la pantalla y las nuevas tecnologías?
L – Al libro digital le estoy agradecida porque nos ha quitado una losa de encima, que es la losa del contenido. Hay una parte fundamental de un libro que tiene meramente contenido como un libro de derecho o de medicina, que no tiene sentido ir acumulando en casa. Eso nos permite (y nos obliga) a nosotros lucirnos de verdad con el libro para convertirlo en un libro objeto, un libro joya que sí que quieras tener en tu estantería. Un libro para disfrutar, para oler, para compartir el familia, para jugar y para verlo muchas veces. Un libro digital, que también lo hacemos, te ofrece otras cosas como juegos o interactividad, pero nosotros lo tratamos como productos diferentes. Estamos promoviendo propuestas para pequeños lectores como por ejemplo apps, pero siempre sería algo paralelo al propio libro. Diría que no son productos comparables, si no que son cosas distintas.

T – Próximos proyectos…
L – Ahora estamos cerrando ya en plan 2015 con más barcos de vapor tras haber renovado casi 90 títulos a nivel de diseño e ilustración.

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T – Si habéis renovado 90 títulos…¿Cuantos libros diseña tu departamento anualmente?
L –  Entre 150 y 200 títulos al año; de esos habrá unas 15 coediciones. Cada diseñador funciona por impactos y hace dos o tres cubiertas al mes.

T – Y para acabar, recomiéndanos un libro y una canción.
L – Como libro me quedo con Matadero cinco de Kurt Vonnegut, un clásico de la literatura norteamericana con el que me lo he pasado pipa.
Respecto a la canción: Me flipa el rock clásico, así que esta vez voy a apostar por Somebody To Love de Jefferson Airplane.

 


Créditos de las fotografías: Elena del Rivero Fernández

 

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