Foto Colectania, ¿dónde está Cindy Sherman?

1

En el recién final de año de 2018 viajé a Barcelona y, como buena amante de la cultura y fotógrafa, pregunté a mis compañeras de profesión y conocidas qué me recomendaban visitar en la ciudad condal. La respuesta fue unánime: “Foto Colectania y su actual exposición es imprescindible: Estructuras de Identidad. The Walther Collection”.

Las expectativas son muchas, no vamos a negar que es uno de mis Temas (así con mayúscula), la «Identidad». Que me inviten a conocer sus «Estructuras», y desde la fotografía, es algo que inmediatamente atrae mi atención.

Atención spoiler: este artículo tiene una clara intención y es adelantarte todo aquello que vas a ver si te acercas a la exposición que permanecerá hasta el 17 de febrero.

Fotografía: Elena González Torres

El título ya nos proporciona mucha información. Parece que hay una pretensión de sentar cátedra; Estructuras de Identidad, sugiere que nos vamos a encontrar con una exposición de esas que desvelan el devenir de la exploración sobre un tema tan humano y tan inevitablemente atractivo para todo artista. En este caso, en la historia de la fotografía y por los nombres que asoman, la selección va en serio, August Sander, Richard Avedon o Seydou Keïta.

“Con más de un centenar de imágenes de grandes maestros como August Sander, Richard Avedon o Seydou Keïta junto al de fotógrafos contemporáneos como Samuel Fosso, Zanele Muholi o Zhang Huan”.
Nota de prensa de ‘Estructuras de la identidad. The Walther Collection’. Fundación Foto Colectania

Hay un punto, en el título, me refiero, para continuar con “The Walther Collection”.

“Foto Colectania presenta una exposición que reúne una selección de obras fotográficas de la famosa colección germano-estadounidense”.
Nota de prensa de ‘Estructuras de la identidad. The Walther Collection’. Fundación Foto Colectania

Estructuras de Identidad. The Walther Collection.
Un punto, no hay un “de”, no hay un “en”. Al evitar la contextualización tan sencilla con la utilización de la preposición, la intención de nuevo es de carácter universal, a pesar de que su origen sea una colección. Nos quieren dar a entender que la colección es tan importante que puede “explicar”, “desvelar” o sentar cátedra en un tema tan trascendente en la disciplina. Escuelas, con su profesores y estudiantes, debaten sobre la exposición y el tema a tratar. El catálogo de esta exposición será referencia sobre este tema en el futuro.

“La muestra explica cómo los fotógrafos, a través de distintas culturas y períodos históricos, han utilizado el retrato para explorar la noción de género o identidad».
Nota de prensa de ‘Estructuras de la identidad. The Walther Collection’. Fundación Foto Colectania

Fotografía: Elena González Torres

La exposición está impecablemente montada y diseñada. Comienza con el origen del retrato como disciplina fotográfica con esos deliciosos mini Daguerrotipos, con sus delicados marcos metálicos originales, que siempre gusta observar aunque estén apareciendo como champiñones en exposiciones, mercadillos y colecciones, hecho que realmente habla de la extensión y el gran número de fotógrafos que debieron dedicarse a este peligroso arte (peligroso por las sales y el mercurio que utilizaban).

Es bastante evidente que si la fotografía se extendió y dio de comer a muchos profesionales es, precisamente, por ese anhelo del ser humano de “identificarse” y ser reconocido. Incluso la búsqueda de la inmortalidad en el recuerdo de los otros. Cierto, al menos, por este lado del mundo, que ya en tiempos de los romanos era común “retratar” al difunto para honrarle. En aquella época la “fotografía” era la cera y el vaciado, técnica igualmente asociada a “la objetividad” y a la no intervención sobre la verdadera identidad del retratado.

Izquierda: Retratos de artistas de Circo, autor desconocido. Derecha:  August Sander (1876). Fotografías: Elena González Torres

Continúa la muestra con fotografía penitenciaria, de ficha policial, y otros retratos similares de fotógrafos anónimos que trabajaron el retrato como documento de registro social. Y entonces viene August Sander (1876), por supuesto. Es algo innegable para la historia de la fotografía que una de las piedras angulares sobre la identidad es el fotógrafo alemán con su poderosa insistencia en documentar con cierta “neutralidad y objetividad” la sociedad alemana. Se puede leer mucho sobre este trabajo y no hay docente de fotografía que se precie que no hable de él. Es curioso que transmiten esta intención del fotógrafo como si fuera una verdad lograda y, sin embargo, es evidente que August Sander, su propia identidad, está presente en todos sus retratos, “contaminando” la identidad de todo aquel que se preste a ponerse delante de su objetivo.

Resulta claro que la exposición está diseñada como “producto cultural” para su venta a espacios de exhibición y tiene vocación divulgativa, lo que quizás sea la razón por la que cuentan con otras miradas periféricas que normalmente no aparecen en la historia oficial de esta disciplina. Hay una clara intención de incorporar fotógrafos que se salgan del eurocentrismo. Y, en ese sentido, me parece interesante la incorporación del desconocido fotógrafo colombiano Manuel García Fernández con sus retratos y las anotaciones que de estos hacía.

Manuel García Fernández. Fotografía: Elena González Torres

Esta intención de romper con la mirada hegemónica es más patente con la presencia de fotógrafos africanos, que supone casi la mitad de la muestra. Es una alegría para aquellas que creemos en la necesidad urgente de revisar la historia con rigor para cambiar el presente y, sobre todo, el futuro, encontrar cinco fotógrafos africanos en una muestra como esta. Lo que me lleva directamente a reflexionar sobre la potencia identitaria que tiene todo un continente y como esto lo reflejan, como no podía ser menos, los fotógrafos.

Estoy casi al final de la sala y como no conozco el espacio, no sospecho que ya hemos llegado casi al fin de la muestra. Hemos pasado por Richard Avedon (1923) y sus tan correctos y conocidos (por no decir aburridos) retratos. He descubierto a Accra Shepp (1962,) con sus fotografías recientes de manifestantes, lo que ha sido decisivo para animarme a publicar los retratos que yo misma llevaba un par de años realizando y que pensaba que no tenían ningún interés. Gracias a lo cual he sido consciente de que, en esto de “documentar la identidad”, no importa aquello de “ya lo hicieron otros”, es una cuestión de cabezonería heredada como si el propio August Sander pudiera seguir haciendo su trabajo.

Zhang Huan (1965). Fotografía: Elena González Torres

Al artista Zhang Huan (1965) ya le conocía y me sorprende un poco su presencia en una retrospectiva fotográfica, pues no es precisamente la fotografía su forma principal de expresión. El artista chino explora la identidad desde la performance y me parece forzado y anecdótico, por lo aislado de la decisión, incluirle a él y no a otros artistas. Y no puedo evitar en pensar por un momento en cierto intento de superficial corrección política y tener presente a todos los continentes, aunque tampoco se sostiene porque no hay visiones desde Oceanía, ni de Oriente Medio, ni otras maravillosas regiones del mundo… Entonces por primera vez recurro como justificación a la segunda parte del título de la exposición, The Walther Collection, y en esta ocasión no le doy más importancia.

Fotografía: Elena González Torres

De entre los africanos destaca por su fuerza, limpieza y, seamos honestas, por el punto “exótico” que tanto gusta a nuestras miradas blancas, el que es el cartel de la muestra: J.D. ‘Okhai Ojeikere (1930). Y su trabajo realmente me atrapa, no solo por su innegable belleza estética, si no porque te da de bruces con una búsqueda de la identidad totalmente impensable para mí,  mujer blanca apátrida: ‘Okhai nos golpea con la identidad encontrada en la transmisión, en la familia, en la colectiva, en la conciencia de “ser lo que heredas”, y no un yo aterrizado en abstracto como nos solemos ver los occidentales.

J.D. ‘Okhai Ojeikere (1930). Fotografía: Elena González Torres

Por último me llama la atención Samuel Fosso (1962), por su gamberrismo identitario con el que me siento tan identificada y que sigue la línea explorativa de la gran Cindy Sherman.

Samuel Fosso (1962). Fotografía: Elena González Torres

Cindy Sherman. Espera. Cindy Sherman.

Durante toda la exposición llevaba acumulando un pequeño desasosiego: no hay fotógrafas. No puedo negar que estoy obsesa con el tema y procuro no disgustarme constantemente allí a dónde voy. Intento poner una coraza para intentar disfrutar sin amargarme a mí misma con las famosas gafas moradas. Pero ya es imparable, Cindy Sherman ha saltado a mi cabeza, y justo en el mismo momento en que oigo a la guia del espacio, que está explicando la muestra a un grupo de adolescentes, decir lo siguiente:

“Bueno, llegamos al final de la exposición y como podéis comprobar en la muestra no hay mujeres fotógrafas, por desgracia… Bueno, hay una, pero es actual, porque las mujeres no han desarrollado esta disciplina, al menos en el espacio público, de una forma profesional y por eso vamos a ver aquí, en estas vitrinas, una muestra de fotografía amateur en el ámbito doméstico y de la familia que suponemos que han sido realizadas por mujeres y este nuestro homenaje a todas esas mujeres que no están”.

En ese momento me enciendo, me indigno, tanto, que tiemblo; me ha sobrevenido un repentino dolor de cabeza y sólo quiero irme de allí.

Las supuestas mujeres fotógrafas (recordemos que reconocen que son álbumes anónimos) metidas en vitrinas para justificar la palabra «género» en la reseña de la exposición: “…para explorar la noción de género o identidad”.

Fotografías anónimas dentro de un vitrina. Fotografía: Elena González Torres

«Un recorrido por la identidad eminentemente masculina que se cierra con una interesante proyección de tres álbumes, reflejo de los intereses de la Colección por el retrato vernáculo. Sus fotos anónimas, de épocas distantes (1905, 1934 y 1972) arrojan un mismo concepto de intimidad femenina, de renovación estilística y modernidad frente a la foto de sus homólogos masculinos”.
Isabel Lázaro, ABC Cultural 28/11/2018

Alimenta sin pudor el cliché de la “mirada femenina recluida en el ámbito de lo doméstico”.
¿Realmente podemos saber, sin otra información que las propias fotografías, el género de quién aprieta el botón? Si realmente existen diferencias entre la mirada masculina y femenina, ¿por qué se compara fotografía amateur supuestamente realizada por mujeres con fotografía profesional realizada por hombres?

Las mujeres fotógrafas me estan gritando.

Cindy Sherman (1954) me está gritando con más fuerza que ninguna.

Y, con ella, Diane Arbus (1923), quien continuó con la misma maestría la labor de August Sander, esta vez sin el autoengaño de la supuesta objetividad, por lo que supone un claro paso evolutivo, imprescindible y fundamental en las “estructuras de la identidad”.

Tampoco está Claude Cahun (1894), una adelantada a su tiempo que exploró las líneas y su disolución entre la identidad y género (aquí sí hay cuestión de género) desde la fotografía performativa, con tal componente de modernidad que podríamos llegar a pensar que era coetánea de Sherman.

No está la alemana Gertrud Arndt (1903), con sus autorretratos-máscaras, por proximidad al origen de la colección, ni ninguna de sus compañeras de la Bauhaus, como Marianne Breslauer, Florence Henri, Marianne Brandt o Lucía Moholy.

Retrocedo por la exposición, vuelvo a las fotografías de manifestantes de Accra Shepp (1962) y ahora ya sólo puedo pensar en la ausencia del trabajo fundamental e imprescindible que realizó 100 años antes (exactos, para más precisión) la fotógrafa Christina Broom (1862) retratando a las sufragistas.

Accra Shepp (1962). Fotografía: Elena González Torres

Estando Richard Avedon (1923) presente, bien podrían estar también maestras retratistas, desde Madame D’Ora (1881), a Annie Leibovitz (1949), pasando por Ruth Harriet Louise (1903), Gisele Freund (1908), Eve Arnold (1912) o Inge Morath (1923), ¿por qué no?

Delante de la serie de Thomas Ruff (1958) me viene a la mente la influyente e importante Time Series, 1974, de Sue Ford (1943). Con Zhang Huan (1965) veo a Shirin Neshat (1957) y sus Women of Allah.

Las pioneras Elizabeth Pulman (1836), Gertrude Käsebier (1852), Francis Benjamin Johnston (1864), Alice Austen (1866), Jessie Tarbox Beals (1870), Bayard Wootten (1875), Doris Ulmann (1882), incluso Dorothea Lange (1885), todas exploran la identidad desde las comunidades que retrataron con lenguajes similares, un siglo antes, al de Guy Tillim (1962) presente en la muestra.

Vista general de la exposición.Al fondo, serie de retratos de los niños soldados del Gongo por Gay Tillim (1962). Fotografía: Elena González Torres

¿Acaso no exploró la identidad Nan Goldin (1953), la suya propia y la de toda una generación?

Kata Kálmán (1909), y sus retratos de campesinos, directos, de frente, desbordando con sus rostros la fotografía.

Lisette Model (1901), Lola Álvarez Bravo (1903), Annemarie Heinrich (1912), Kati Horna (1912), Marion Post Wolcott (1910), Ata Kando (1913), Martine Franck (1938), Mary Ellen Mark (1940), Christine Osinski (1948), Rineke Dijkstra (1959), Cristina Núñez Salmerón (1962), Ana Casas Broda (1965), Alessandra Sanguinetti (1968), Aida Muluneh (1974), Shadi Ghadirian (1974), Newsha Tavakolian (1981), Elena Anosova (1983), Bieke Depoorter (1986)… podría decir cientas y todas ellas han trabajado la identidad en algún momento de sus carreras.

Incluso se podría completar el discurso que plantea la muestra de Foto Colectania con una mujer daguerrotipista, como fue la fotógrafa francesa Madame Gelot-Sandoz (principios s.XIX).

Fotografía: Elena González Torres

Mi amiga fotógrafa que me acompaña, ante mi evidente estado de estupor, me anima a que se lo comente a la guia. Ahora no puedo, estoy dolida y le voy hablar mal, no quiero, además no sabría por dónde empezar. Lo que más me duele es que sigamos alimentando esa creencia de que no ha habido mujeres en la historia de esta disciplina. Las ha habido, las hay, reconocidas en vida, de grandes carreras profesionales que desaparecen, las hacen desaparecer. Esta muestra y especialmente la falta de rigor a la hora de transmitirla es un claro ejemplo de cómo sigue funcionando el sistemático borrado.

No le encuentro justificación. O The Walther Collection es una colección mermada, no representativa y totalmente carente de una parte importante de la historia de la fotografía o quienes han realizado la selección están ciegos.

Redactando este artículo reviso a Zanele Muholi (1972), única fotógrafa de la exposición, africana, cuyo trabajo seleccionado para la muestra pasé por alto, como si de un reto para mis gafas moradas se tratase. Lo siento Zanele, no te presté atención, tus seis retratos no me llegaron y me parece tremendamente injusta tu presencia. Injusta porque el trabajo seleccionado no muestra tu potente exploración de la identidad de la mujer africana actual y lo que eso significa. Injusta, además, porque te dejan sola en un discurso sesgado e incoherente por no hacer escandaloso lo evidente: que no han contado con las fotógrafas. No me queda otra que volver a ser benevolente y recordar que es lo que tendrán en The Walther Collection y con eso justificar, lo que para mí, a estas alturas ya, es un verdadero despropósito.

Zanele Muholi (1972). Fotografía: Elena González Torres

Cindy Sherman sigue golpeándome. ¿Cómo es posible que alguien se atreva siquiera a hacer una muestra sobre la estructura de la identidad en la fotografía sin contar con ella, ni siquiera mencionarla?

Hay cosas que no son admisibles. Si no posees ninguna foto en tu colección, la consigues y si no, el discurso se debe montar de otra manera o, simplemente, no haces una retrospectiva histórica. De otra forma no es representativo, no es historia, no explicas nada. Hay una responsabilidad que recae en seguir contribuyendo a esta injusticia histórica o tener la clara intención de ser riguroso y no dejarse contaminar por el poder del sistema que continúa enmudeciendo a las mujeres. Ser riguroso. Esta es la cuestión. Ser riguroso. Excluir de cualquier retrospectiva que hable sobre Identidad en la fotografía a las mujeres creadoras es de una falta de rigor escandalosa.

Excluir a Cindy Sherman no tiene perdón.

Izquierda: Cindy Sherman, «Untitled, (Bus Riders II)», 1976. Derecha: Cindy Sherman, «Untitled #153», 1985.

 

_____________________________

 

Más información:

Fundación Foto Colectania

Share.

1 comentario

  1. Cristina Jarillot Rodal on

    Buen artículo. Deberías corregir un despuste, es Claude Cahun, no Cahum.

Leave A Reply