Artistas olvidadas (y recuperadas) del siglo XX: Juana Francisca Rubio

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Todo el mundo la conocía como “Paquita”, pero su nombre completo era Juana Francisca Rubio, y, a pesar de ser una de las mejores cartelistas de su época, la Dictadura la silenció. Nació en Madrid, en 1911 y murió también en Madrid, en 2008 a los 96 años, y sin que nadie recordara su labor artística como era debido. Su posicionamiento del lado de la República supuso el borrado de su nombre de libros y museos, hasta hace bien poco.

Juana Francisca Rubio

Paquita sintió fascinación desde pequeña por el dibujo y la publicidad. Se quedaba prendada de los anuncios de la perfumería Gal en su Madrid natal y fantaseaba con llegar a realizar los mismos carteles que Federico Ribas, al que admiraba. Otros referentes de Paquita eran Rafael Penagos y Méndez Bringa. También le llamaban la atención los carteles de la I Guerra Mundial, pero ella prefería temas más amables.

Cartel de Federico Ribas

En 1930 se incorporó a la sección de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Instrucción Pública en calidad de técnico. Paralelamente inició su formación artística, que hasta ese momento había sido autodidacta, con el pintor José Francés. Cinco años después, Paquita inauguraba su primera exposición en el Liceum Femenino de Madrid. Ese mismo año también expuso en el Patronato de Turismo de París.

Para entonces, Paquita se había casado con el también pintor José Bardasano Baos. Ambos trabajaban en el taller La Gallofa, de las Juventudes Socialistas Unificadas. José era el director de este taller que reunía a “los mejores artistas, dirigidos por Bardasano. Pepe consiguió reunir pintores, escultores, dibujantes, cinceladores, grabadores”, explicaba Paquita en una entrevista. Ella era la única mujer cartelista de La Gallofa.

Aunque ni José ni ella eran cartelistas sino pintores, decidieron poner su maestría en el dibujo al servicio de la República y muchos de los carteles que producían eran estrechas colaboraciones de la pareja.

Aquella época de La Gallofa fue muy intensa. Trabajaban sin descanso, produciendo hasta un cartel diario.

Además de ser de las Juventudes Socialistas Unificadas, Paquita estaba vinculada a la Unión de Muchachas, perteneciente a las Juventudes Socialistas Unificadas, y a la Unión de Mujeres Antifascistas. Muchos de sus carteles iban dirigidos a la mujer, para animarlas frente a la Guerra.

Paquita y José tuvieran una hija, Marujita, que nació en Madrid poco antes de que la República trasladara la capital de España a Valencia. Cuando esto ocurrió, la familia marchó hacia la nueva capital, por seguridad de su hija. En Valencia, Paquita siguió trabajando y encontramos colaboraciones para la Unión de Muchachas de Valencia, por ejemplo.


Sin embargo el compromiso antifascista de Paquita y José, les llevó a volver a Madrid para seguir trabajando en La Gallofa. Tras dejar a su hija a salvo en Valencia, el matrimonio volvió a su ciudad natal para seguir produciendo carteles. Paquita realizó ilustraciones para ilustraciones para el álbum Mi Patria sangra, el periódico Frente Universitario, organizaciones como Muchachas de Madrid, o publicaciones de guerra, como Espartacus o Companya. Cuando Madrid cayó en manos de los sublevados, La Gallofa se reubicó en Valencia y con ella, Paquito y José, que se reunieron allí con su hija.

 

Sin embargo, toda España estaba ya en manos de Franco y Paquita y José corrían mucho peligro si seguían en España. Sus nombres eran claros, habían estado fuertemente vinculados a la República y todos sus carteles estaban firmados con sus nombres reales. Decidieron exiliarse a Francia, cruzando los Pirineos, tras desplazarse a Barcelona en tren. Un camino duro y lleno de amenazas, pero aún así era su única oportunidad. Por desgracia, fueron detenidos mientras intentaban cruzar la frontera. Los datos no están claros y hay quien afirma que Paquita y su hija fueron enviadas a un campo de concentración, otros que lograron escapar hasta llegar a París. Lo que sí se sabe con certeza es que José fue internado en el campo de concentración de Argelès sur Mer. Paquita comenzó a luchar por la liberación de su marido, que finalmente consiguió. Inmediatamente se embarcaron en el buque Sinaia, en una travesía de casi un mes, que les llevaría a México.

José y su hija Marujita en el buque Sinaia. Fotografía probablemente realizada por Paquita.

En México, Paquita siguió trabajando como cartelista y también como ilustradora para cuentos infantiles así como para diseños de moda y productos de belleza. También se dedicó a la docencia y dio clases de pintura.

Dibujo para Manon Lescaut (Editorial Leyenda), 1945.

En México estuvieron veinte años, hasta que en la década de los 60, y estando José con salud delicada, decidieron volver a Madrid. En la capital, Paquita comenzó a exhibir su obra discretamente hasta que, tras la muerte de José en 1979, decidió no mostrar más sus trabajos públicamente.

De izquierda a derecha: Paquita, su hija Maruja y su marido José

En 1964, se le concedió la Cruz al Mérito de Sciences et Letres de Francia y en 1966, la Primera Medalla de Dibujo y Pintura del Salón de Otoño de Madrid.

A pesar de su gran labor como cartelista y como pintora, su nombre aún resulta desconocido. Valga este humilde artículo como homenaje, además, en un día tan cercano al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

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