La conducta poética de los que deberían envidiar a los animales

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En el artículo anterior hablábamos sobre la parapoesía y sobre la existencia de un debate en torno a las formas poéticas, sobre lo que se debe considerar verdadera poesía y sobre aquello que se queda fuera de los márgenes establecidos. Acuciado por este tema, seguí buscando opiniones de poetas que habían hablado alguna vez sobre cómo se enfrentan a la creación y encontré una definición de poesía más orgánica y menos coercitiva: no es un género; es un modo de mirar.

Desde esta perspectiva podemos ampliar la comprensión y los resultados, la obra poética se vuelve pluridimensional y las posibilidades estéticas, o al menos la experimentación, se queda aparentemente sin vallas contenedoras. La poesía más allá de la página.

Gracias a este pensamiento, pude enmarcar con otros ojos producciones artísticas que no utilizan la palabra como materia prima predominante y que se podrían categorizar como poesía, como es el caso de la obra de Eduardo Hurtado. Este artista multidisciplinar, nacido en Valladolid pero residente en Bilbao, sacó hace unos meses a la venta La conducta de los animales, un libro/poemario con ilustraciones del autor.

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Este caso es bastante representativo de lo que venimos hablando, y no simplemente porque este artista maneje distintas herramientas para comunicar, sino por el propio recorrido que ha tenido el libro. En el mes de mayo del 2017 se celebraron en Azuqueca de Henares (Guadalajara) unas microrresidencias artísticas que permitieron a los artistas seleccionados desarrollar una pieza en un día para luego mostrarla al público a la noche. Eduardo Hurtado aprovechó la ocasión para realizar una pieza escénica junto a adolescentes de la localidad: vimos lucha de animales, la ley del más fuerte, cantos y sonidos tribales, percusión con cuernos, saltos y máscaras.

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Al poco tiempo salió a la venta en formato papel lo que había sido el origen de la escena. Las semillas. Las dos vertientes evocan el mismo contenido, el mismo desafío y la misma lucha. ¿Descartamos la primera representación como poética por sus formas? ¿Por contar con el cuerpo y los elementos físicos como las palabras? Ante esta pregunta la mejor respuesta la expresa Pier Paolo Pasolini en Poeta delle ceneri: “Las acciones de la vida sólo serán comunicadas, y serán ellas la poesía, pues, te repito, no hay más poesía que la acción real”. Por parte del autor está clara la finalidad escénica del proyecto. No se queda en la página, tiene potencial para compartirse ante un público en un acto social, no hay un signo diferenciador, no se cambian las bases ni el lenguaje para moverse de un entorno a otro. En la librería Nakama en Madrid, en Barcelona en la librería La Caníbal… en los encuentros con público para presentar el libro se escenifica siempre una breve pieza que varía según el lugar. ¿Debería entenderse como algo completamente ajeno? La poesía es cambiante, nunca se repite, evoluciona y cambia. Pasa de la voz al movimiento, de la palabra al gesto.

Ahora centrándonos en el contenido, un primer encuentro con la obra me llevó a una afrenta primitiva, sin género, del fuerte contra el débil, de la bestialidad de la naturaleza en contra del que no puede sobrevivir en las duras condiciones de la vida. Pero esto quedándonos en un estadio elevado, sin concretar. Si acercamos las palabras a la realidad, nos topamos con el bullying, con una lucha que el artista compara con el comportamiento de los animales. Despiadados los humanos como los animales en libertad.

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Aunque, ¿realmente son los animales los verdaderos depredadores? Eduardo Hurtado nos otorga a los humanos las etiquetas que nosotros tenemos asignadas a los animales, porque, como relata Ludovico Ariosto en el canto IV del Orlando furioso, transgredimos las leyes divinas y vamos contra natura cuando nos comportamos vilmente entre nosotros, incluso llega a negar esa posibilidad en el mundo animal el escritor italiano. Somos capaces de realizar acciones gratuitas que los animales no contemplan.

Este mensaje no solo se queda en una representación o en un libro dispuesto a la lectura, el mismo artista tiene intención de convencer a los que no están convencidos, de moverla por institutos y centros, lugares donde poder cambiar la mentalidad o de hacer conscientes a los destinatarios potenciales de su verdadera realidad. El hecho de que no permanezca como obra de museo, la intencionalidad de querer alcanzar otros niveles de comprensión… ¿Qué puede haber más poético?

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Entonces, ¿poesía?

En el libro no versifica, a veces no utiliza ni las palabras, solo el dibujo; en la representación lanza parlamentos con la voz, baila y a veces emite sonidos que anteceden a las palabras.

¿Estamos hablando de poesía? Dependerá de nuestros ángulos de visión.

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