Algo que no existe, entrevista a Leonor Courtoisie

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«La obra terminó con la policía pidiéndonos que no toquemos la escena». Leonor me deja un mensaje contándome que tuvo que llamar al 911 mientras hacía la segunda parte de Casi sin pedir permiso, una obra donde seis espectadorxs eran invitadxs a recorrer su casa y a conocer a su familia a través de metáforas shakesperianas, comida e historias. «Es porque Macbeth trae mala suerte», me dice. Hace más de dos años había empezado a imaginar una experiencia escénica a partir del árbol que estaba destruyendo los cimientos de su casa. La segunda parte consistía en cortarlo pero el hombre dedicado a la tarea se cayó y así terminaron con la policía hablándoles de escena sin saber que estaban siendo parte de un final por demás teatral.

GIULIANA- ¿Cómo empezó tu relación con el teatro?

LEONOR- Puedo contarte lo que digo siempre: en realidad yo quería estudiar cine pero cuando terminé el liceo lo único que podía estudiar gratis era teatro, entonces terminé inscribiéndome en actuación. Si bien tengo un vínculo con la escritura y con el cine desde muy niña, mi relación con el teatro empezó a partir de ese momento, con mi formación.

G- ¿Qué cambios fuiste atravesando en relación con la práctica?

L- Hace unos años formé parte de dos grupos de experimentación y fueron experiencias muy importantes para mí. “Colectivo Telemando” con amigxs de Montevideo, y “Traficantes” con artistas de Perú, Argentina, Colombia y Cuba. Pude probar ideas, practicar formas y reflexionar sobre cosas con las que me sentía identificada. Con «Traficantes» hicimos obras y residencias performáticas, por decirlo de alguna manera, en Matadero Madrid, Mapa Teatro y Panorama sur. Estuvimos un año escribiendo un diario íntimo colectivo, también escribimos cartas y las repartimos en moto por Bogotá y Buenos Aires, hicimos obras para volver a encontrarnos en algún lugar, y ahora seguimos con el arte-correo. Así y todo siento que recién ahora estoy haciendo obras que me son más propias. Cuando estoy en un ensayo de teatro pienso en cine, cuando actúo en cine pienso en cómo escribir y cuando estoy escribiendo pienso en cualquier otra cosa. Mi vínculo con el teatro es así.

G-¿Cómo ves el panorama del teatro uruguayo y cómo te encontrás dentro de él?

L-Veo muchas propuestas tradicionales; cuando digo tradicionales me refiero a teatro de texto con actores, una representación ficcional en un espacio destinado a lo teatral. Me interesa verlo y aprendo, pero lo que disfruto hacer en este momento es otra cosa. A la vez, siempre estuve muy atenta al mundo de la danza, y creo que lo que se está haciendo en esta disciplina en Montevideo es más experimental y arriesgado. No te puedo decir alguien con quien dialogue en el ámbito teatral. Hay artistas un poco más grandes que yo que me interesan como Florencia Lindner, por ejemplo, pero hacemos cosas distintas. Por eso me siento más cercana a lo que sucede en la danza, en las artes vivas.

G-Haciendo foco en La serie familiar, ¿cómo la definirías? ¿Cómo surgió?

L- Mi familia materna es muy importante para mí, hay muchxs artistas y lxs que no son artistas lo son sin saberlo, cuando pienso en mis referencias me doy cuenta que les copio todo. Creo que por eso es que han estado presentes en lo que hago. Casi sin pedir permiso, la primera obra de La serie familiar surgió en un curso con Marianella Morena. Ella nos planteó dialogar con Macbeth. A partir de eso empecé a trabajar y en un momento me di cuenta de que tenía una obra, fue seguir un impulso. Pienso también que está relacionada con una obra anterior mía que se llama Corte de obsidiana. Para mí fue una obra iniciática, una forma de estrechar la realidad que ahora continúo con La serie familiar.

G-¿Estrechar la realidad?

L- Agarro la realidad y en lugar de hacer una obra documental diciendo: «Esta es mi realidad», hago ficción en la realidad para hacer una obra de teatro. Por decirlo de una forma sencilla, intervengo mi realidad con el teatro.

G- ¿Qué buscabas con Casi sin pedir permiso?

L- Cuando estaba en Colombia me llegó un mensaje de mi madre diciendo que si no cortábamos un árbol que estaba destruyendo los cimientos de mi casa, se mataba. Así empezó. Le dije: «Mamá, voy a hacer una obra para conseguir la plata para cortar el árbol». Y ahora pienso en eso, en hacer obras para resolver problemas. Yo quería resolver la depresión en mi familia y, como lo único que sé hacer es teatro, el público me ayudó a conseguir el dinero y al final cortamos el árbol. Igual, sabés que Macbeth trae mala suerte y el hombre que vino a cortar el árbol, que además se llamaba William, tuvo un accidente y terminó en el hospital. Ahora pienso en hacer obras que traigan buena suerte.

G-¿Cómo fue realizar un proceso artístico con tu propia familia?

L- Discutí mucho pero fue la manera que tuve de acercarme a ellxs, lo usé como forma para vincularme. Mi madre lo sentía como una invasión, lo vivió con mucha resistencia, pero ahora está feliz, disfruta de la luz que entra en la casa desde que no está el árbol. Mi hermano al principio no creía en la obra y cuando el público empezó a reaccionar lo sorprendió mucho.

G-¿Cómo fue la reacción de lxs espectadorxs?

L- Escribí más de trescientas cartas a mano para entregar a todas las personas al final de cada función. Parte de la reacción del público la recibí a través de cartas que me mandaron después; nunca pensé que me fueran a responder, volvía a mi casa y descubría cartas que me habían llegado.

G-¿Y cómo continúa?

L- Voy a ir una parte del año a vivir a Flores, Uruguay, a dar un taller de teatro documental y digitalizar material de archivo sobre mi familia, sobre la parte paterna de mi madre, que vinieron de Moldavia. Después voy a ir a Moldavia a conocer a mi familia que todavía está ahí.
También me acabo de enterar de que me dieron el Premio Molierè para ir a Paris y al Jardín de Monet, a hacer una obra con mi primo Simón que creció y vive allá, él es ingeniero pero hace unos años se puso a estudiar teatro y le gusta actuar, hace poco le pregunté qué obra le gustaría hacer y me respondió: “Una que no exista”.

G- Pasando a Salvadora editora, ¿cómo nació la idea de este proyecto?

L- Cuando fui a México el chofer de la comandancia del Ejército Zapatista me dijo: «Nadie va a creer esto que viste cuando lo cuentes (hablando de los caracoles) pero es real, vos lo viste». Entonces hablamos de que el zapatismo generó algo nuevo, algo que no existía. «Tenés que volver a tu lugar y hacer eso, algo que no existe» me dijo.

G- ¿Qué busca hacer existir?

L- Como en Uruguay no había ninguna editorial especializada en dramaturgia, aunque algunas tenían el género en sus catálogos, la hicimos. Le pusimos Salvadora por Salvadora Medina Onrubia, dramaturga y anarquista argentina; en ese momento nos pareció una buena referente y un lindo nombre. Un tiempo después de que el proyecto empezó me puse a pensar que en mis diez años de estudios en teatro nunca había escuchado nombrar a ninguna dramaturga mujer uruguaya. Empezamos a buscar obras perdidas y archivos, nos comunicamos con familiares y entrevistamos a mucha gente. Con el material que encontramos y seleccionamos creamos una colección (una de las que tenemos) llamada Dramaturgia uruguaya. 1930 – 1973 con obras de autoras invisibilizadas por cuestiones de legitimación, hegemonía y poder simbólico. También hicimos una muestra en marzo de 2019 en el Museo Zorrilla y hace unos meses presentamos uno de cuatro títulos así que nos queda mucho por hacer.

G- Además de en La serie familiar y tu labor editorial, ¿en qué otros proyectos estás trabajando?

L- Quiero hacer una obra para detener el cambio climático, un poco ambicioso y optimista ¿no? Pero quiero hacer eso.

G- ¿Y un libro y una canción?

L- El libro: Jardín interior de Claudia Campos y la canción La vida vale la pena de Petrona Martínez.

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Más información:

leonorsofia.wordpress.com
salvadoraeditora.wordpress.com

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