Los ojos sin rostro (1959, Georges Franju)

0

les_yeux_sans_visage-204439961-large

Georges Franju nos presenta al doctor Génessier (Pierre Brasseur) como alguien reconocido, famoso e incluso admirado. Un investigador a la vanguardia en el campo de la cirugía. La película se desarrolla prácticamente entera en interiores, en una gran mansión en medio de la naturaleza, a las afueras de París, o en la sala quirúrgica bajo la misma.

ojos-sin-rostro

Su hija, Christiane (Edith Scob), tiene la cara desfigurada debido a un accidente de coche del que su padre se siente culpable y lleva una máscara blanca parecida a su rostro antes del desgraciado incidente.

“Mi cara me asusta, mi máscara me asusta más”.

04_yes-without-a-face-1960-003-edith-scob-medium-shot-00o-dhc_reference

Génessier intenta restituir el rostro de su hija en una operación de cirugía con un descubrimiento innovador: el heteroinjerto, cuyo procedimiento es explicado al espectador al inicio del filme en una conferencia del doctor, que se basa en el trasplante de tejidos. Para ello, tiene que sobrepasar, en cierto modo, su humanidad y hacer daño a otros para sacar a su hija de la pesadilla que está viviendo. Estamos ante una situación en que para hacer un bien, el mal sufrido se traspasa a otro, haciéndole pasar un dolor inimaginable.

les-yeux-sans-visage-surgery1

El personaje de Christiane se mueve como un gato. Es sigilosa, camina casi de puntillas; sus gestos, sobre todo al girar la cabeza, no parecen humanos, son delicados y frágiles, pero también extraños y poco naturales en una persona; su mirada es misteriosa, atenta, y a la vez triste, en la continua espera de algo. Su silencio y su forma de estar, como una esfinge, es característica de los felinos. La ropa singular y la máscara blanca que lleva la actriz ayudan a crear esa percepción de que no es humana, como si fuera de otro mundo.

yeux1

maxresdefault

Pauline Kael, un crítico de cine americano, dijo que era “la película de terror más elegante que se haya hecho jamás” y es muy posible que lo dijera, entre otras cosas, porque es una película de terror sin sangre. Lo que en mi opinión inquieta y, en cierta manera, asusta de esta película es la frialdad con que se lleva a cabo la crueldad, algo que el espectador puede observar, por ejemplo, en el imperturbable doctor Génessier. Los personajes actúan como si esa crueldad fuera un bien necesario que tiene que hacerse, aunque haya algunos atisbos de culpa, sobre todo en el personaje de Louise (Alida Valli), la ayudante del doctor.

87a52-ojos6

yeux-sans-visage-1959-04-g

Vivimos una época en la que parece que el cine de terror tiene que ser lo más sangriento, sucio y espantoso posible en una ambientación que se convierte en un espectáculo, más que en una obra cinematográfica. En Los ojos sin rostro el terror consiste en mostrar como normal un acto monstruoso con extraordinaria crudeza. Y, además, como dice Kael, de una forma muy elegante porque es un terror incluso lírico: por la escenografía, la naturaleza y el vestuario de Christiane, entre otras cosas. También, la mezquina ambientación de la película está muy bien conseguida gracias a la música de Maurice Jarre 1, que Cinemanía 2 describió una vez como psicótica, no sin razón.

81cqw0x1eyl-_sl1500_-1-750x500

 

_____________________

1 es.wikipedia.org/wiki/Maurice_Jarre
2 cinemania.es

Créditos de las imágenes: pics.filmaffinity.com, www.cinedivergente.com, www.fotogramas.es, raffinetti.pl, www.cine365static.com, www.cinefrance.com.br, www.eyesonthescreen.co.uk

Share.

Leave A Reply