A propósito de Lucia Schulz (Moholy) y la objetividad en la fotografía

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Como si en una cinta de Moebius me encontrase, cada cierto tiempo me asaltan reflexiones sobre la “objetividad” en la fotografía y cómo puede este concepto seguir teniendo tanto peso después de tantos años de historia de la disciplina.

Hace tiempo que quería escribir sobre Lucia Schulz Moholy, la gran fotógrafa “no oficial” de la Bauhaus, que tanto ha influido en la arquitectura y la fotografía y cuyo reconocimiento llegó tarde. Llevo meses intentando enfrentar este momento. Existen infinidad de escritos sobre Lucia Moholy y una se plantea hasta qué punto su aportación es necesaria.

Autorretrato. Lucia Schulz

La historia de Lucia es fascinante, de esas que tanto nos gusta rescatar a las feministas. La siempre referenciada por su condición de esposa -durante un tiempo- de uno de esos nombres que se repiten hasta la saciedad en los libros de Historia del Arte; fue escandalosamente inteligente, libre, moderna, profesional y talentosa, como para no entender que la maquinaria patriarcal algo tiene que ver en la diferencia de trato de esta pareja. Ella fue consciente con los años de la injusta omisión de su nombre, tanto en el trabajo de su exmarido, como en la publicación de sus fotografías de la Bauhaus, y dedicó gran parte de sus últimos años a reclamar el reconocimiento que se merecía.

“Creo poder afirmar con toda franqueza que en aquella época no estaba guiada por ninguna ambición en general y en todo caso ésta jugaba un papel mínimo. Lo que me interesaba eran los objetivos. En esto me centraba plenamente y mis críticas se dirigían en este sentido. El ‘objetivo’ constaba entonces de tres componentes:
a) Las aspiraciones y los objetivos del artista M.-N.
b) Las aspiraciones y objetivos de la Bauhaus
c) Mi trabajo al servicio de a) y b)”

Sabemos que Lucia Schulz nació en Praga en 1894, de madre alemana y padre checo. Era bilingüe, hablaba checo y alemán y, además, hablaba con fluidez el francés y el inglés. Con 18 años se diplomó como maestra de inglés y filosofía y con posterioridad asistió a clases de Filosofía e Historia del Arte en la Universidad de Praga. En 1915, con 21 años Lucía emprendió lo que ella denominó en sus diarios: “Mi primer vuelo al mundo”. Abandonó Praga y su entorno de “buena familia”, en busca de la independencia económica, lo que no era fácil, ni común para una mujer en aquella época, y como dice Mercedes Valdivieso, esto la sitúa como una de aquellas mujeres que construyeron “la mujer moderna”:


“Este deseo de independencia, tanto familiar como económica, de tomar ella misma las riendas de su futuro, inscriben a Lucia Schulz plenamente dentro del concepto de la ‘nueva mujer’ (Die neue Frau), fenómeno sociológico con el que se ha denominado a todo un grupo de mujeres, en su mayoría procedentes de una burguesía ilustrada, que tras la I Guerra Mundial comienzan a cobrar presencia dentro del mundo laboral y artístico.”

Lucia Schulz

Lucia Schulz

En 1920 conoció a un joven pintor húngaro llamado László Moholy-Nagy, al año siguiente la pareja contrajo matrimonio. Lucia adoptó la nacionalidad y el apellido de él y la pareja se sustentó gracias al trabajo de ella como editora. Lucia no sólo fue un apoyo económico para el pintor. Podemos empezar por los decisivos primeros textos teóricos de Laszlo y que se debiera revisar la autoría y establecerla compartida, tal y como defendió la propia Lucia (cuando, a los años, “despertó”) y tal y como reconoció la segunda esposa del pintor, Sybill Moholy-Nagy. No es difícil imaginar que la ayuda, cuanto menos, debió ser grande: ella, editora con experiencia, con estudios en Filosofía y cuya lengua materna era el alemán; él pintor autodidacta, con estudios en Derecho, húngaro, cuyo conocimiento del alemán sabemos que era escaso. Laszlo llevaba cinco años en Alemania, cuatro casado con Lucia, cuando publicó el famoso Pintura, Fotografía, Film (1925) en alemán.

¿Qué sabemos de la fotografía y la pareja? Sabemos que Lucia en sus diarios de adolescente ya expresa su deseo de buscar un trabajo a media jornada para poder estudiar fotografía. En distintas ocasiones se ofreció como ayudante en estudios de fotografía. Cuando la pareja se conoció, fue ella la que le enseñó a él la técnica fotográfica y los conocimientos básicos del revelado y positivado, descubriendo el “poder” de la fotografía al pintor.

Fotograma. Lucia Schulz y László Moholy-Nagy

¿Y qué pasa con los famosos Fotogramas? En los textos que explican la técnica de los fotogramas siempre son en plural, sin embargo, solo los firmaba él, tanto los escritos, como los fotogramas. Ahora sabemos que la experimentación en el laboratorio la realizaban de forma conjunta, de hecho, aun después de separados, Lucia continuó durante un tiempo ayudando en el laboratorio a su exmarido. En algunos textos he leído que ella era el “operador de laboratorio” de él, ante las evidencias de que fue parte importante de los tan famosos fotogramas, y con una ceguera insultante que parece impedir a algunos reconocer a Lucia Schulz simplemente como co-autora.

Las biografías serias de ambos establecen esta relación de co-creación durante los años que duró su matrimonio, con cierta distancia y frialdad, en mayor o menor grado, mientras que también he leído varias veces textos mal informados que se atreven a afirmar que las fotografías de Lucia, especialmente los retratos, estaban claramente dirigidas por László. Prueba de la insistente injusticia que se sigue cometiendo, a pesar de la lucha que llevó a cabo la propia autora, es cómo se dan conferencias sobre la Bauhaus con sus fotografías sin mencionarla, o cómo el famoso retrato que le hizo a Lazslo se sigue publicando constantemente en todas las biografías de él, en la mayoría de las ocasiones, sin el crédito de ella, o lo que es aún peor, se referencia como Autorretrato (aquí un ejemplo).

Retrato de László Moholy por Lucia Schulz

La Bauhaus

Lucia se separó en 1928 de László, después de haber trabajado sin reconocimiento ni remuneración, en condición de “esposa de profesor”, como editora y fotógrafa para la Bauhaus. Alega que Dessau la asfixia y que necesita el movimiento de Berlín para emprender una separación de no retorno. Durante los cinco intensos años anteriores había documentado como fotógrafa la construcción de la nueva sede de la escuela, así como las viviendas para los estudiantes y profesores, todas ellas diseñadas por el arquitecto alemán, director, ideólogo y fundador de la Bauhaus, Walter Gropius. Fotografías publicadas en infinidad de ocasiones por el propio Walter sin reconocer los créditos de Lucia. Algo que auna el hecho de ser mujer a ser fotógrafa “documentalista”, “objetiva”, en un ambiente de artistas, experimentación y arquitectos, dónde claramente no se le dió ningún valor a las “sencillas” fotografías de Lucia.

Retrato de Walter Gropius por Lucia Schulz

Lucia Schulz

En las cartas que se cruzan Walter Gropius y Lucia Schulz, cuando ésta se entera de que sus cristales no están perdidos sino que están en poder de quién fue su amigo, Walter le dice que son mucho más valiosos para él que para ella, en una clara alusión a que lo “valioso” es el objeto retratado, las arquitecturas de su autoría y no el objeto que retrata, las fotografías, que no merecen ni autoría. Y esto era así, y aún sigue vigente el debate cuando la fotografía documenta la obra de otras personas creadoras y aparecen estos derechos cruzados.

Hay lugares espacio-temporales que tienen más importancia en su legado y difusión que en su propia existencia. Es evidente que parte del gran éxito y reconocimiento de la Bauhaus ha estado en el poder que han tenido las imágenes de Lucia, dónde la propia fotografía desaparece detrás del objeto o el sujeto retratado.

Lucia Schulz

Lucia Schulz

Situada en la Nueva Objetividad, sus colegas, que compartieron con ella reflexiones, debates y exposiciones, son realmente más compositores estéticos que objetivistas. Las composiciones del tan reconocido coetáneo de Lucia Schulz, Albert Renger-Patzsch, en mi opinión, no son objetivas ni asépticas, como he leído en reiteradas ocasiones; son pura plasticidad, dónde todo lo fotografiado pierde su identidad en aras de una composición pura, donde lo retratado pierde frente a fotografía, donde el documento pierde frente a la estética. Las imágenes de Renger-Patzsch son objetos que despiertan admiración en sí mismos y por lo tanto son del gusto de los fotógrafos y amantes de la disciplina, por lo que el reconocimiento a su autor llega de forma natural en este ámbito.

Lucia Schulz

Lucia Schulz

Lucia Schulz

La fotografía de Schulz sí consigue ser “objetiva”, tal y como la define la filosofía: “Que existe realmente, fuera del sujeto que lo conoce”. Y esto no es ni mejor ni peor, es diferente. Cuando se observa una de sus fotografías, no se ve la fotografía, vemos la Arquitectura, lo que le da un valor incalculable para los arquitectos, tal y como le reconocía Gropius. Esta forma de fotografiar ha marcado la historia de la fotografía de la Arquitectura y, a su vez, ha hecho desaparecer a su autora porque en sus imágenes lo importante es el objeto retratado, más allá del sujeto que lo documenta. Es ese tipo de fotografía, tan difícil de hacer, donde la compresión necesaria del objeto a retratar es máxima, aquella que oculta el mérito de quién la realiza, al tiempo que complace al autor del objeto retratado.

Lucia Schulz

Lucia Schulz

Sabiendo la importancia que el tiempo le ha otorgado a las fotografías de Arquitectura que realizó Lucia, resulta curioso saber que al arquitecto Josep Luis Sert, uno de los fundadores de la GATEPAC, expresó que a la fotógrafa en España no le esperaba mucho futuro profesional. No he conseguido encontrar qué fotografías acompañaron la carta que envió Walter Gropius, dónde presentaba el trabajo de Lucia, para que el arquitecto catalán la ayude. Lucia Schulz, relacionada con el partido comunista alemán, tenía intención de exiliarse en la República Española tras su huida de Alemania por el ascenso de Adolf Hitler al poder en 1933. Dudo que Gropius enviara las fotografías de arquitectura de sus proyectos, puesto que es evidente que la intervención de Schulz en ellas no tenía ninguna importancia para él. Es más que probable que le enviara aquellas que él entendió como “trabajo de Lucia” o quizás la selección la hizo la propia Lucia. Lo que sí sabemos es la frase que escribió Sert, que bien podría ser actual, si sustituimos “propaganda industrial” por “publicidad”:

“Es difícil encontrar aquí gentes que aprecien esta clase de trabajos; únicamente se ganan bien la vida los que se dedican a fotografías para propaganda industrial… La crisis, aunque no tan agudizada como en otros países, en cosas de este género ha acabado aquí con lo poco que podía hacerse.”

Lucia Schulz Moholy tras su jubilación, después de toda una vida dedicada a la fotografía en sectores tan desagradecidos, en cuanto al reconocimiento de la autoría se refiere, como la microfilmación de archivos de la UNESCO, se dedicó a la crítica fotográfica. En 1939 escribió Cien Años de Fotografía que la Enciclopedia Británica reconoce como el primero de su género escrito en inglés.

Lucia Schulz con una de sus fotografías de la Bauhaus

Después de lo expuesto permítanme afirmar que Lucía Schulz Moholy debiera perder el «Moholy» y los Fotogramas (1922) y el libro Pintura, Fotografía, Cine (1925) ganar un «Schulz», Lucia Schulz.

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