Manuela Ballester. Ilustración y activismo

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Manuela Ballester Vilaseca nació un 17 de noviembre de 1908 en Valencia. Su madre era modista y su padre era imaginero y profesor en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Manuela fue la segunda de cinco hermanos. Creció jugando en el taller de su padre y con todos los amigos artistas que por allí pasaban. Sus hermanos también mostraron interés por las artes.

Manuela Ballester

Así, con tan solo 14 años, en 1922, Manuela ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos para estudiar pintura. Ballester fue una de las primeras mujeres en cursar estos estudios y destacó enseguida, llamando la atención de sus profesores por su dominio del dibujo académico. Gracias a un premio de retrato que ganó, pudo viajar a Madrid y conocer de primera mano las obras que cuelgan en el Museo del Prado. Manuela quedó impresionada con las pinturas de Goya, El Greco o Velázquez.

Su producción, marcada por el academicismo, fue distanciándose poco a poco de lo cánones clásicos para aproximarse a otras corrientes más modernas. Manuela formó parte de la Generación Valenciana de los Treinta, en la que también se incluyen a Francisco Carreño Prieto, Francisco Badía, Juan Renau Berenguer, Rafael Pérez Contel o el propio hermano de Manuela, Tonico Ballester, y estaba marcada por sus influencias futuristas, dadaístas y surrealistas.

Una vez finalizó sus estudios, Manuela no quiso dedicarse a la docencia y comenzó a trabajar diseñando figurines de moda para diferentes revistas. Ballester se hizo un hueco en el mundo editorial gracias a su valía y tesón. En 1929 ganó una convocatoria de la revista Blanco y Negro y una de sus ilustraciones fue portada del magazín.
También en 1929, Manuela participó en la colectiva Exposición de Arte de Levante, que reunió a los mejores artistas de la vanguardia valenciana.

Manuela se fue introduciendo cada vez más en los movimientos sociales, participando en exposiciones de marcada índole política, colaborando con revistas como Estudios, Ortho, Nueva Cultura y llegando a dirigir la publicación femenina Pasionaria: Revista de las mujeres antifascistas de Valencia.

Ballester destacó también en el campo de ilustración editorial: en 1930, Manuela ganó el primer premio de portadas convocado por la Editorial Cenit por la portada de la novela Babbitt, de Sinclair Lewis.

En 1932 Manuela se casó con el también artista Josep Renau, a quien había conocido en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Las trayectorias de ambos acusan influencias del otro, como es lógico.

Ilustración para «La perla que naisqué en lo fang»

Ballester diseñó su primer cartel con motivo de las elecciones de 1936, en el que animaba a votar al Frente Popular. Como era de esperar, cuando estalló la Guerra, Manuela se posicionó en el bando republicano, desarrollando un importante papel en la Agrupación de Mujeres Antifascistas de Valencia y colaborando con el Ejército Popular. Con el nombramiento de Renau como Director General de Bellas Artes, Manuela se involucró también en la política y, aparte de ayudar a su marido con el Pabellón de España para Exposición Internacional de París, comenzó a dar mítines, especialmente enfocados en el importante papel de las mujeres durante el conflicto bélico. Incluso impartió clases para mujeres analfabetas en la Escuela Femenina Lina Oden, creada en 1937 por la Sección Femenina del Partido Comunista.

En 1938, Manuela y Josep, junto a sus hijos, se trasladaron a Barcelona, donde Manuela trabajó como dibujante de la Sección de Prensa y Propaganda del Comisariado General del Ejército de Tierra hasta 1939. Al término de la guerra, Manuela, sus hijos, su madre y sus hermanas marcharon a Francia en un tortuoso camino en el que se perdieron, pasaron hambre y penurias, hasta que lograron llegar a Toulouse, donde Picasso las auxilió. Cuando Josep logró llegar a Francia, la familia decidió exiliarse a México. La comunidad artística mexicana acogió calurosamente a Manuela y Josep. Ella comenzó a trabajar como ilustradora de calendarios para la imprenta Galas, él fundó Estudio-Imagen. Publicidad Plástica, una empresa familiar en la que Manuela también participaba.
Manuela y su marido estaban muy interesados en el muralismo y participaron en algunos proyectos.

Ballester continuó ilustrando portadas de libros y siendo muy valorada en este campo, también siguió produciendo obra pictórica y exponiendo de vez en cuando.

En 1959 Renau marchó a Berlín y poco después lo hizo Manuela con sus hijos mayores. Pero en 1962, el matrimonio se divorció, aunque siguieron teniendo una estrecha relación. Fueron años difíciles para Manuela, ya que no sabía hablar alemán y no terminaba de encontrar su sitio. Poco a poco fueron surgiendo interesantes propuestas para Ballester. Trabajó como ilustradora para varias revistas y editoriales alemanas y la Agencia Nacional de Noticias Alemana la contrató para que realizase fotomontajes y dibujos. Por otro lado, nunca dejó de colaborar con diferentes proyectos de México y España.

Incluso una vez terminada la Dictadura, Manuela no quiso volver a España. No obstante, sí que expuso su obra en el país en numerosas ocasiones.

La obra de Ballester brilla por la calidad y originalidad de su producción, fiel reflejo del periodo histórico que le tocó vivir; siempre involucrada en acciones políticas y en especial, en la educación y puesta en valor de la mujer como pieza fundamental de la sociedad.

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