María Castellanos: cuerpos, plantas y tecnologías en la práctica artística

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María Castellanos es una artista e investigadora que explora el campo del arte y la tecnología. Partiendo siempre desde el cuerpo y nuestros sentidos humanos, María -que trabaja habitualmente junto a Alberto Valverde bajo el formato de colectivo- investiga en sus proyectos artísticos las posibilidades de las sensaciones amplificadas o cómo nos afectan los cambios medioambientales, utilizando como objeto principal los wearables, esto es, prendas tecnológicas capaces de captar y medir cambios en nuestro cuerpo y a nuestro alrededor. Hablamos con ella sobre su trayectoria, sus procesos creativos y el desarrollo de algunos de sus proyectos más destacados.

María Castellanos.

María Castellanos.

IRENE- ¿Cuándo decides que vas a estudiar Bellas Artes?
MARÍA- Como casi todo el mundo, al acabar el instituto. Estudié el bachiller de ciencias de la naturaleza y salud porque, aunque siempre quise estudiar Bellas Artes, en el instituto se me daban muy bien las ciencias y algunos profesores nos dijeron a mis padres y a mí que no podía estudiar Bellas Artes, que eso no tenía futuro, y que con lo bien que se me daban las ciencias era una pena… Pero ya en primero de bachiller, y a pesar de sacar muy buenas notas, me di cuenta de que yo no quería estudiar eso, de hecho, estuve a punto de cambiarme al bachiller de artes pero al final, por no perder tiempo, terminé el de ciencias. Y después hice Bellas Artes.

I- ¿En qué momento te interesas por la tecnología y su aplicación en el arte? ¿Tiene que ver con tu experiencia en el bachiller de ciencias?
M- Viene de antes: mi padre trabaja con la electrónica y siempre fue muy curioso, hacía cacharros en casa y desde pequeña estaba acostumbrada a ver aparatos extraños, como un polímetro para medir las pilas del mando a distancia, o aprender a soldar y arreglar un juguete… Esto siempre ha estado en mi entorno.
Por otro lado, me interesaba la pintura y el dibujo en Bellas Artes, pero luego cuando empecé la carrera, comencé a crear mis propios proyectos y descubrí otras asignaturas, como las que había en mi plan de estudios que mezclaban arte y tecnología, vi que me interesaban mucho más.

I- ¿Así que tuviste durante la carrera alguna asignatura sobre programación o electrónica?
M- Sí, había una asignatura de programación, y me pareció muy interesante que estuviera incluida. Es una pena que ya no esté en el plan de estudios de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Vigo, porque te abría las miras, las posibilidades y las herramientas para la práctica artística. Creo que debería ser una asignatura presente en todos los planes de estudio de todas las facultades de Bellas Artes.

I -¿Cuáles son tus influencias?
M- Me llega mucho la obra de Canogar, y me alucina la obra de Stelarc, también Orlan… Toda la gente que trabaja con el cuerpo y con la tecnología.

"Clorofila 3.0"

“Clorofila 3.0”

I -En tus primeros proyectos podemos ver un interés por trabajar con el cuerpo y sobre el cuerpo, hasta que encontramos el proyecto “Clorofila 3.0“, ya en colaboración con Alberto Valverde. ¿Qué sucede en “Clorofila 3.0”?
M- Entre esos proyectos y “Clorofila” pasaron muchas cosas. “Clorofila 3.0” era el segundo trabajo que realizaba con Alberto Valverde y era la confluencia de nuestras líneas de investigación: las relaciones entre el humano y la máquina. En este trabajo el cuerpo para mí sigue estando presente, pero en una forma que no es evidente; está a través de los sentidos. Me interesa mucho cómo amplificar los sentidos mediante el uso de la tecnología, y descubrimos que con el desarrollo de estos sensores en las plantas podemos medir a través de ellas cosas que nosotros, como humanos, con nuestros sensores naturales, no podemos percibir. Es una herramienta para amplificar las capacidades sensoriales humanas gracias a estos organismos vegetales. Y desde ese punto de vista yo veo el cuerpo desde una amplificación, por eso luego acaba siendo un traje con plantas en “Symbiotic interaction”.

I- ¿Por qué te interesa aumentar las capacidades del cuerpo mediante el uso de la tecnología en tus trabajos
M- Siempre me alucinó la frase de Stelarc: “El cuerpo humano está obsoleto” y, en cierta medida, estoy de acuerdo con él. Me interesa amplificar estos sentidos por otras vías creándo mis propios caminos, buscando sensores u organismos que puedan de alguna manera amplificar los sentidos, proveerlos de otros nuevos o incluso “jugar” con nuestros sentidos y transducirlos de otras maneras.
Me interesa también cómo suplir las carencias sensoriales humanas, la percepción y la relación de la piel y la vestimenta y, muchas veces -aunque son líneas que voy llevando de manera paralela-, confluyen en proyectos como “Cuerpo-realidad” que están las tres, porque realizo un vestido que a simple vista parece normal, pero cuando se ve a través de la cámara, se descubre que están pasando unas cosas que no se veían, como que se hace transparente. Aquí estoy indagando sobre los infrarrojos y las limitaciones del ojo humano, hasta dónde podemos ver y hasta dónde no.

"Cuerpo-realidad"

“Cuerpo-realidad”

I- ¿Cómo y cuándo formas el colectivo uh513 con Alberto Valverde?
M- Empezamos a trabajar juntos en 2009. Nos conocimos en la Facultad, él había sido profesor mío, pero empezamos a hablar más cuando terminé la carrera, en 2008, sobre nuestros intereses en común en la práctica artística. Ahí empezamos a decir medio en broma que íbamos formar un colectivo y al final lo hicimos muy en serio. Después, en 2012, se produce algo determinante y es que nos hacemos pareja; en ese momento el trabajo empieza a acaparar todo nuestro día, nos pasamos horas hablando de los proyectos, de su evolución y la formalización, por ejemplo, “Clorofila”, empezó siendo unos sensores que iban clavados en la tierra y ha terminado siendo una prenda de vestir. Esto ocurre también porque son proyectos muy abiertos que van cambiando a lo largo de los años.

I- Realmente, Alberto y tú trabajáis siempre juntos…
M- Hace poco nos preguntaban por esto mismo y me voy a apropiar de la respuesta que dio Alberto: tenemos muchos proyectos en conjunto y los individuales, los terminamos trabajando en común, al final nos apoyamos mucho mutuamente en el proceso de maduración y de ejecución… Y como el colectivo lleva muchos años y está consolidado, muchas veces nos surgen oportunidades en las que quieren un proyecto de uh513.

I-Si el arte contemporáneo encuentra dificultades a la hora de ser comprendido y aceptado, ¿qué ocurre cuando hablamos de este tipo de intersecciones en el arte con otras ciencias? ¿Encuentras dificultad a la hora de que la gente entienda tu trabajo?
M- Mis amigos, los que no tienen nada que ver con el mundo del arte, creen que estoy haciendo cosas muy raras y me preguntan que dónde están los cuadros o las fotos. En el contexto expositivo -donde se produce el conocimiento para mí- no tenemos ningún problema, existe una buena acogida.
Ahora acabamos de llegar de desarrollar un proyecto en Suecia y allí sí que era bastante más fácil que surgieran colaboraciones o hablar con personas que no son estrictamente del mundo del arte, sino ingenieros o botánicos, que se acercaron a nuestro trabajo con seriedad. En Suecia había mucho respeto por el trabajo de los artistas y la gente se escucha mutuamente. De hecho, fue la primera vez que tuvimos la oportunidad de explicar “Clorofila” a unas personas especializadas, unas botánicas que estaban trabajando en la Universidad de Umeå, en el Departamento de Psicología de las Plantas, y nos dijeron que realmente lo que estábamos midiendo estaba bien medido y que las conclusiones a las que estábamos llegando tenían su lógica.

"Symbiotic interaction".

“Symbiotic interaction”.

I- Hemos hablado de cómo la gente recibe tus obras pero y tú, ¿cómo definirías tu trabajo?
M- Difícil pregunta… Quizá ahora con todo el periodo de investigación que dediqué a la tesis y los proyectos que he ido desarrollando en paralelo y que he incluido en la investigación, definiría el campo en el que me encuentro como algo intermedio entre los wearables y los ciborgs, pero siempre desde el punto de vista de la práctica artística, aclaro esto porque me da un poco de miedo la palabra wearable, que se suele asociar con objetos comerciales como el reloj de Apple o la camiseta que te mide las pulsaciones. En mi caso son los wearables en su definición de aparato tecnológico vestible desde una perspectiva artística y no para comercializarlo o para hacerlo en serie.

I- ¿Y qué pasa con el concepto de ciborg?, porque enseguida pensamos en los ciborgs de las películas.
M- Nosotros estamos muy influenciados en nuestras formalizaciones por la ciencia-ficción y no me importa mucho que a la gente le venga esta imagen a la cabeza, porque está en el imaginario colectivo, y ahí está el concepto de la mezcla entre humano y tecnología. Me parece especialmente interesante la primera definición que se hizo de ciborg por la NASA: “Un humano amplificado capaz de sobrevivir en el espacio”; buscaban amplificar el cuerpo para poder sobrevivir en el espacio sin necesidad de un traje, ¡esto sí que parece de ciencia ficción! [Risas]

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“Enviroment dress”.

I-Los wearables han sido un punto clave en tu tesis, ¿hacia dónde crees que se dirige esta interseccionalidad entre arte, ciencia, tecnología y biología?
M- Creo que esto no es nada nuevo, los artistas siempre han estado ahí aportando nuevas visiones, como por ejemplo, Leonardo da Vinci. La visión de los artistas siempre va a enriquecer otras disciplinas y viceversa; me pasó cuando fui a visitar el laboratorio de las botánicas de Suecia, que tenían sus técnicas científicas a las que yo les podía sacar mil aplicaciones diferentes para una obra artística y, al mismo tiempo, nuestra visión artística de las plantas les impactó mucho. Juntar a gente de diferentes ámbitos y que dialoguen es lo que se necesita ya.

I- ¿Cómo es el proceso de producción de una pieza como “Enviroment dress”? ¿Cómo surge este concepto? ¿Por qué habéis utilizado software de código abierto?
M- “Enviroment dress” es un proyecto al que le tengo mucho cariño porque surgió en un momento en el que estaba enfrascada en mi tesis y hablando con Alberto de todo lo que iba descubriendo en mi investigación. Nos dimos cuenta de que no había ningún wearable, comercial o no, que midiese lo que estaba pasando en el entorno; todos los que conocíamos se dedicaban a medir el cuerpo: el sudor, las pulsaciones… Pero, ¿qué ocurre con lo que pasa en el entorno? Es algo que nos afecta también muchísimo. Y en este debate de la inexistencia de wearables que midiesen el entorno, de repente, se lanza la convocatoria de LABoral y Telefónica para wearables en open sources, así que lo vimos claro y nos presentamos. Como era una convocatoria para proyectos, enviamos el nuestro junto a un esquema que consistía en una figura humana en la que apuntamos todo lo que íbamos a medir: la radiación ultravioleta, el polvo, el sonido… Y aclaramos que queríamos investigar cómo afectaban estas mediciones a nuestro estado de ánimo. Y nos seleccionaron. Llegamos a la residencia de la LABoral solo con ese esquema y no teníamos ni idea de cómo lo íbamos a formalizar. Allí pusieron a nuestra disposición un fab lab y nos pusimos a trabajar. Pensamos el primer diseño y lo realizamos en un material barato pero al final lo descartamos… Le dimos muchas vueltas al primer “Enviroment Dress” por la condición del código abierto y, además, porque queríamos que cualquier persona que tuviera acceso a un fab lab lo pudiera fabricar, así que todo está hecho con impresoras 3d, cortadores láser y sensores que puedes encontrar en el mercado. El proceso de diseño fue así, ir creando, descartando hasta dar con el diseño final.

También me gustaría resaltar que nosotros no tenemos formación de patronaje, aunque es posible que esté influenciada porque mi Facultad está al lado de la Escuela Superior de Diseño Textil de Galicia. Al no tener este tipo de conocimientos técnicos, lo abordamos desde un punto de vista escultórico: compramos materiales baratos que nos permitían ir superponiéndolos y los trabajamos encima de un maniquí. Cuando obtuvimos el resultado que queríamos, lo pasamos a un material definitivo.
Con el primer traje de “Enviroment dress” lo pasé un poco mal por la vertiente comercial que surgió. Se criticó el traje porque no lo veían ponible y no acababan de comprender que era una pieza artística y no un producto. Por ejemplo, dejamos los cables a la vista para poner de manifiesto la tecnología que estábamos usando, queríamos visibilizarla y que la gente viese que se estaban amplificando las capacidades sensoriales humanas con esa tecnología, no la queremos esconder, no queremos hacer un wearable comercial que parezca un vestido normal.
Un poco como liberación, hicimos el segundo vestido, el de la escafandra, y está hecho a mi medida porque quería hacer performance con él. En la elaboración del primero nos limitó mucho que fuera en software abierto para que se pudiera reproducir, el segundo también se puede reproducir, pero es un poco más complejo. Con este “Enviroment dress 2.0” hago acciones: por ejemplo, cuando estuvimos exponiendo en Berlín en la exposición Human Factor. Endless Prototyping que se celebró en el DRIVE-Volkswagen Group Forum. Me lo puse y la gente veía en una pantalla gigante el mapa por donde me iba moviendo y veía las mediciones en directo, mientras yo iba contando a través de una aplicación móvil cómo me encontraba, de manera que se podía relacionar las mediciones con mi estado de ánimo.

I- La verdad es que usar el traje de manera performativa me parece que va muy en la línea de tu trabajo.
M- Sí. Cuando me pongo el traje le encuentro sentido al proyecto y queda todo más cerrado. Esto a veces supone un problema, porque en los trajes que hicimos en Suecia, la mochila estaba hecha a mi medida y grabamos un video del proceso entre los dos… Y Alberto me decía: “Tenemos que hacer un vestido para ponérselo a un modelo para que tú también puedas estar detrás de la cámara y puedas dirigir”, pero yo creo que si lo incorporamos a un modelo la obra adquiere un significado diferente.

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Acción con “Enviroment dress 2.0” en la exposición “Human Factor. Endless Prototyping”.

I-“Enviroment Dress” y “Enviroment Dress 2.0” han sido hasta el momento los proyectos que más reconocimiento se han llevado. ¿Cómo estáis viviendo esta buena acogida?
M- No somos tan conscientes de ese éxito [risas]… Sí es cierto que nos abrió las puertas a Ars Electronica, que es un hito bastante importante en nuestra trayectoria, porque es un centro de arte y tecnología referente en Europa, pero yo creo que tambien nos ha allanado mucho el camino que sea un proyecto salido de LABoral Centro de Arte, que quizás en España no se valora tanto, pero en Europa tiene mucho prestigio, y esto nos dio pie a continuar con otros proyectos y que confiaran en nuestro trabajo.

I- Tras ver trabajos como “Avilés data city project” o “Symbiotic interaction”, ¿podríamos decir que tu trabajo tiene una base de activismo ecológico o denuncia?
M- Sí, claro que sí, porque estamos midiendo factores medioambientales, en un caso con sensores y en otro con las plantas. Sí que nos interesa el medioambiente y lo maltratado que lo tenemos la raza humana, pero al final nosotros lo abordamos desde una perspectiva artística y no son unas mediciones rigurosas que se puedan tener en cuenta para un estudio científico, aunque sí son mediciones a tener en cuenta para ofrecer otro punto de vista a la gente y aportar ese granito de arena.

I- Alberto y tú impartís workshops y talleres, ¿qué tipo de acercamiento se plantea en estos eventos al arte y la tecnología?
M- Justamente acabamos de terminar un programa en la LABoral con chavales de de 3º y 4º de ESO para los que desarrollamos un kit para que puedan acercarse sin ningún conocimiento previo a la electrónica y la programación, de manera que han podido llevar a cabo desarrollos muy simples de wearables, e hicieran sus propios artilugios. Un chico hizo un monopatín con un sensor que va cambiado unas luces de colores; otra chica hizo una camiseta que cambia cuando se te acerca alguien, para pensar sobre el espacio personal… Trabajamos con ellos diciéndoles que somos artistas que les vamos a enseñar un montón de ejemplos desde la perspectiva de la práctica artística. visionamos con ellos un montón de obras, que tienen que ver con esto, y luego les ponemos las herramientas sobre las mesa y les invitamos a pensar y desarrollar su proyecto personal.
También trabajamos con adultos, precisamente en la LABoral también. Hicimos un taller sobre wearables: cómo integrar un sensor de temperatura y de luz en una prenda, para visibilizar lo que nos rodea. Hace poco realizamos otro taller en ESDEMGA, que era como unas clases de tutorización para que los alumnos de moda integrasen tecnologías en sus prendas ya confeccionadas.

I-¿Qué os aporta este tipo de experiencia?
M- Tenemos un feedback muy grande, sobre todo de los chavales de la ESO. No tenían mucha relación con el arte en general y cuando les llegamos con esto de arte y tecnología su pregunta constante es “¿pero esto para qué vale?” después de pasar con ellos seis sesiones te das cuenta de que se van liberando un poco más y es muy gratificante cuando llegan a esa visión tan liberada y no se preocupan tanto de que para qué vale, sino en qué les hace pensar, y cómo cambia su visión de los usos cotidianos del monopatín o la gorra que están hackeando.

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I-¿En qué estás trabajando ahora?
M- Esta semana nos vamos a Francia a un festival que se llama “Look Forward” y es sobre wearables; hay desde gente que hace mapping sobre una cara, pasando por nosotros que vamos con plantas, hasta la artista pop Victoria Modesta. Vamos a encontrar una mezcla interesante y tengo ganas de ver a los compañeros que estarán por allí.
Este verano lo vamos a pasar en la LABoral porque ganamos el premio del Museo Antón de investigación escultórica y vamos a crear una impresora 3d gigante para que pueda imprimir a escala humana. En este nuevo proyecto vamos a pensar sobre el canon del futuro posthumano, el proyecto se llama “Ensayo-error del posthumano” y es una investigación teórica-practica en la que queremos indagar sobre cómo serán esos futuros cuerpos. Y como ya no cabemos en el estudio, pedimos una residencia en la LABoral y nos la han concedido. El 10 de noviembre se presentará este proyecto en el museo, en Candás.

I- Por si esto fuera poco, también has trabajado en “Editante” y como directora de arte en “Gloria Helmound”, ¿nos puedes hablar de estos dos proyectos?
M- Editante es un proyecto que realicé con dos compañeras de la Facultad, Laura Fernández y Lucía Morandeira, que juntas somos “Electrodomésticas”, y Editante surge gracias a unas ayudas de la Xunta para menores de 30 años para desarrollar proyectos creativos. Estábamos muy interesadas en los libros de artista y las ediciones de arte y con Electrodomésticas trabajábamos este mundo de la edición. Al surgir esta oportunidad que ofrecía la Xunta quisimos hacer una base de datos para recoger el panorama de la edición de arte en Galicia. La pena es que como este tipo de subvenciones no tienen continuidad, el archivo está como está cuando se acabó la subvención, no pudimos seguir contando con más artistas. Seguimos pagando el dominio para que no desaparezca el archivo y se pueda consultar todo lo que recopilamos.
Gloria Helmound es un proyecto que surge con Alberto en 2012, cuando estábamos un poco cansados de las exposiciones convencionales, los espacios y la precariedad de exponer sin presupuesto ni para el transporte ni para el tuyo como artista. Alberto me dijo un día: “¿Y si hacemos nuestro propio espacio en internet y lo ponemos como queramos?“ y así surge Gloria Helmound. Luego se volvió mucho más serio y empecé a contactar con artistas amigos y comisarios, que me ayudaban a comisariar salas porque era un espacio en internet, pero tenía paredes, puertas y ventanas, y las obras estaban colocadas a escala. Estuvimos de 2012 a 2015, que fue cuando empezamos el proyecto de “Enviroment dress” y no pudimos continuar con este trabajo porque era algo totalmente altruista, nadie cobraba y todos trabajamos por amor al arte. Como eran archivos que estaban en internet parecía que no costaba nada, pero sí costaba, porque era tiempo que invertíamos y el tiempo es dinero. Queda ahí, sigue en la red y está el archivo de todas las exposiciones para consultar.

I -Para terminar, siempre pedimos que nuestros entrevistados nos recomienden un libro y una canción. ¿Cuáles son los tuyos?
M- No puedo elegir solo un libro o una canción, ¡qué difícil! “Cartas a un joven artista” (ed. Sarah Andress) es un libro que me gusta mucho y me he releído varias veces y me parecen muy interesantes las aportaciones que hacen los artistas que contestaron a esta carta. También me gusta “Castillos de cartón” de Almudena Grandes. Como canciones: “Mi realidad” de Lori Meyes y “Cómo hacer crac” de Nacho Vegas.

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Más información:

mariacastellanos.net
a-valverde.net
uh513.com

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