Marta Minujín: la inmersión pop

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El arte me obliga a sacar todo de adentro mío. Por eso nunca miré ni miro mucho para afuera, miro para adentro. Para ser artista hay que mirar para adentro”, afirma la artista argentina Marta Minujín.

Marta Minujín ca.1965

Nacida en Avellaneda, Buenos Aires, en 1943, Minujín estudió Bellas Artes en varias escuelas nacionales argentinas. Expuso por primera vez con dieciséis años; sus obras en aquel momento se acercaban a la corriente informalista. En 1961, a los dieciocho años, consiguió una beca del Fondo Nacional de las Artes para viajar a París y allí realizó sus primeras estructuras “habitables”. También en Francia Minujín llevó a cabo su primer happening, titulado La destrucción, para el que estuvo trabajando durante un tiempo en varias piezas que durante la acción eran destruidas por sus amigos.

Marta trabajando en algunas de las obras que se utilizarían en «La destrucción»

La destrucción

En 1965 presentó, junto a Rubén Santantonín, La menesunda en el Instituto Di Tella, en Argentina. En lunfardo, una jerga bonaerense desarrollada a finales del XIX, “menesunda” significa mezcla o confusión. La menesunda fue una gran instalación laberíntica inmersiva que situaba al espectador en un rol activo a través del cual experimentaba diferentes situaciones con carga político-social. La obra se componía de once estancias, cada una con una instalación y temática diferentes que incluían no solo materiales o personas con las que interactuar, sino olores y piezas interactivas. Las estancias se tenían que atravesar de forma individual.

«La menesunda»

La menesunda apelaba a la obra de arte total, en la que todos los sentidos eran partícipes de la experiencia, a la vez que se rompían conceptos preestablecidos en una sociedad tan conservadora como la argentina en aquellos momentos. La estética era puramente pop, ya que se servían de materiales y conceptos cotidianos, que formaban parte del imaginario colectivo, la vuelta de tuerca era la transgresión a la que se les sometía para incitar a una reflexión sobre el tema que se trataba en cada estancia.

Público esperando entrar en «La menesunda»

Los críticos argentinos tacharon La menesunda de “lamentable” y “tontería”, mientras que el público hacía colas de cuatro y cinco horas para poder acceder. La obra marcó un hito en el arte argentino.

En 2015, cincuenta años después de La menesunda, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires reconstruyó la obra, bajo la atenta mirada de Minujín. La pieza había envejecido bien, tanto que ahora otorgaba más lecturas, partiendo del contexto de los 60 y cómo el cambio – o no cambio- de la sociedad que la artista reflejaba en la primera La menesunda.

Hasta el 19 de septiembre de 2019 se puede visitar una nueva instalación de La menesunda, se trata de Menesunda reloaded, en el New Museum de Nueva York, donde la pieza ha obtenido excelentes críticas que admiran el carácter présago de la obra sobre el individualismo.

Tras presentar La menesunda en Argentina, Minujín fue becada por el Guggenheim y viajó a Nueva York. Allí se acercó a las tendencias contraculturales hippies, psicodélicas y pop, a la par que las teorías de McLuhan despertaban un gran interés en ella. Durante esta época tuvo exposiciones individuales en diferentes galerías de Argentina y Estados Unidos.

«Simultaneidad en simultaneidad» (1966)

En 1966, Marta participó desde Argentina en el happening internacional Three Countries Happening, junto a Allan Kaprow y Wolf Vostell. Lo hizo con la pieza Simultaneidad en simultaneidad, para la que invitó a sesenta personalidades de los medios a un auditorio. Según iban entrando al lugar se les iba fotografiando, filmando y entrevistando acerca del papel de los medios de comunicación en la sociedad. Después se les proporcionaba una radio para que la escucharan y se les invitaba a ver la televisión durante la acción. Tras once días, los mismos invitados acudieron de nuevo al auditorio. Allí se encontraron con proyecciones de sus fotografías y sus vídeos, mientras se podían escuchar sus entrevistas por varios altavoces. Simultáneamente a esta escena, se estaban realizando quinientas llamadas de teléfono y se enviaban cien telegramas a espectadores que estaban viendo el evento, retransmitido por televisión, para entregarles este mensaje: “Usted es un creador”.

«Simultaneidad en simultaneidad» (1966)

Otro sonado happening fue el que Minujín llevó a cabo en el MoMa de Nueva York, a principios de la década de los 70, Kidnappening, un happening en el que participaban unos cuarenta actores que, pintados con líneas de reminiscencias cubistas, recreaban posturas de esculturas clásicas y recitaban poemas. Al final de la acción en el museo, quince asistentes –previamente pactados- eran secuestrados por los actores y dejados en diferentes puntos de la ciudad.

«Kidnappening» (1973)

Uno de los materiales constantes en su trayectoria es el colchón. “Al primer colchón lo agarré de mi cama y lo convertí en obra de arte. Después de eso, pude seguir reproduciendo y mejorando la idea de hacer arte con ellos”, confesaba la artista en una entrevista. En 1973 realizó Soft Gallery, en una galería de Washington. Se trataba de un cubículo realizado con doscientos colchones usados. Dentro, la artista Charlotte Moorman interpretaba una pieza de John Cage que solo podía ser tocada por una mujer desnuda.

«Soft Gallery» (1973)

A finales de los 70, Minujín realizó una de sus grandes obras, El obelisco de pan dulce, en el marco de la Feria de las Naciones de Argentina. La artista ya había trabajado previamente con otros obeliscos, siempre modificando su silueta o la forma de verlos, desmitificando su figura y presencia. En esta ocasión, la artista recubrió una estructura de 36 metros de alto con panettones, popularmente llamados panes dulces, envasados al vacío. Tras unos días el obelisco de pan dulce se tumbó y los panes dulces utilizados se repartieron a unas 5000 personas, que se comieron la obra de arte.

«El obelisco de pan dulce» (1979)

En 1983, al poco de caer la dictadura argentina, Marta quiso celebrar este hecho histórico replicando una estructura arquitectónica como la del Partenón de Atenas en pleno Buenos Aires. La estructura estaba recubierta de libros que habían sido censurados y prohibidos durante la dictadura. En 2017 El Partenón de libros se volvió a recrear con motivo de la muestra de arte Documenta 14, esta vez en Kassel, Alemania. Para su construcción se utilizaron setenta mil libros que han sido prohibidos en algún momento de la historia. Al finalizar la muestra, los volúmenes se repartieron entre el público.

«El Partenón de libros» (2017)

Poco después de realizar El Partenón de libros, Marta se reunió con Andy Warhol, con quien mantenía una buena relación. En 1985 realizaron una acción en The Factory que aludía al pago de la deuda externa argentina. Minujín (Argentina) pagó a Warhol (Estados Unidos) mil mazorcas (oro americano). Las fotografías que se tomaron es lo que queda de la performance. La obra se ha exhibido varias veces y, en 2016, la artista la recreó a través de la red social Twitter.

«El oro americano» (1985)

Marta Minujín ha sido galardonada con varios premios a lo largo de su carrera. En España, en 2016 se le concedió el Premio Velázquez de Artes Plásticas “porque con su máxima creativa ‘todo es arte’ ha sido pionera en nuevos comportamientos artísticos y en el desbordamiento de los marcos institucionales del arte y de los medios. Su posición contracultural y el compromiso político en un momento particularmente difícil se mantienen en la coyuntura internacional actual. Su desacralización de los mitos populares y la activación de los lazos sociales le han convertido en una precursora de las prácticas efímeras y relacionales”.

La artista posa con la pieza «Rayuelarte» (2014), homenaje a Julio Cortázar

En la actualidad, Marta sigue en activo, tanto en su faceta como artista de acción como plástica, y siente que su creatividad no ha mermado: “No siento la edad. Igual con los años me fui achicando. Los huesos se reducen. Pero cuando te dedicás al arte, estás tan concentrado en lo que hacés que no te importa nada más. Leo de todo, pero estoy en mi propio universo. Además, como creo que me quedan pocos años, no los quiero desperdiciar”, explica la artista.

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Más información:

www.marta-minujin.com

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