Rescate a un autor (III): Pier Vittorio Tondelli y la insatisfacción contemporánea

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Pier Vittorio Tondelli (1955-1991), escritor y periodista italiano, habló sobre la literatura de su época con estas palabras: “Es necesario que el texto se digiera en poco tiempo: media hora, una hora, en el autobús, en el metro, en el barco, en la cafetería, ¡un cuento y listo!”. No había tiempo para novelas monolíticas, para “divagar durante horas”. Eran los despreocupados y fosforescentes años ochenta y la vida empezaba a coger carrerilla.

Pier Vittorio Tondelli

En un principio fue catalogado en Italia como un fenómeno pasajero por el éxito de Altri libertini (1980), su primera obra compuesta por seis relatos, perfectos para el modo de leer de sus años. Con un lenguaje vulgar, lleno de blasfemias y con escenas sexuales explícitas, fue muy bien recibido por los jóvenes, aunque al poco de su publicación fue secuestrada por “inmoral”. Entre sus novelas más conocidas se encuentran: Pao Pao (1982), que narraba las aventuras de unos jóvenes en el servicio militar con cierta aversión a cumplir con las normas y a la sumisión; Rimini (1985), un éxito entre los lectores, pero no así para la crítica: la definieron como un intento comercial de llegar al gran público; y dentro de la no ficción, Un weekend postmoderno. Cronache degli anni ottanta, donde describe los años ochenta a través de un conjunto de reflexiones sobre música y tendencias artísticas que se dieron en esa época, recogidas en esta colección de toda su obra periodística y ensayística.

A pesar de que en España su figura quedó más en la sombra por los pocos títulos que fueron traducidos al castellano (aunque sí se tradujeron algunos más al catalán), merece la pena descubrir a este autor por su última obra: Camere separate (1989). Al acabar los años ochenta, Tondelli ofrece una parábola sobre la globalización, las relaciones amorosas caducas y el sentimiento de abandono que empezó a sufrir una generación que es la antesala de nuestra situación actual. Ya vislumbraba que, a pesar de encontrarse en una época donde las ataduras iban desapareciendo y se iban ganando libertades, se estaba creando una insatisfacción continua. Posibilidad de viajar, conocer gente, saltar de una cama a otra, tener miles de “alternativas”… Muchas opciones, pero ninguna de ellas completamente grata, porque el abanico de posibilidades marea si no se le presta una atención más pausada.

En un ejemplo perfecto, Leo, protagonista de Camere separate, elige la soledad cuando la necesita. El título mismo (Habitaciones separadas en castellano) define cómo son sus relaciones amorosas al no querer comprometerse ni crear un vínculo que le restrinja de por vida, ya sea por libertad o porque, en el fondo, no cree en la legitimidad de una pareja homosexual; pero no por ello renunciará a los aspectos positivos de estar en pareja. Cuando no quiere sentirse solo, recurre a sus parejas y cuando quiere huir puede hacerlo y no depender de nadie.

Tondelli no solo retrató su época, sino que se adelantó a los problemas que nos iban a acuciar en la actualidad. Quién querría quedarse con una sola opción cuando en la pantalla de nuestro móvil podemos elegir entre miles de posibilidades a diario. Vagabundeamos continuamente de un lado para otro (ciudades, puestos de trabajo, personas…) sin sentirnos plenos en ningún momento. La rapidez y la inmediatez en vez de hacernos progresar nos hizo inútiles para detenernos y valorar aquello que merece la pena observar, cuidar, y nos sepultamos en nuevas formas de soledad.

La novela, además de retratar las relaciones amorosas, también habla sobre el estigma del trabajo. Leo, como su autor, es escritor y también periodista. Su relación con la escritura le ha definido en su vida, en un inicio un placer que le sirvió para expresar aquella diversidad que en él mismo sentía, pero que fue poco a poco convirtiéndose en una condena cuando tuvo que mercadear con sus palabras. Tuvo que vender su pasión para vivir, convertir en mercancía su más profundo amor y su mejor manera para contarle al mundo lo que pensaba, lo que sentía, e, incluso, llegó a cuestionarse por qué debía compartir algo tan privado y esencial. Aquello que le define se convirtió en lo que le aprisionaba.

Tondelli esbozó la realidad de su época en un retrato a medio gas: las relaciones personales y laborales que nunca son completas porque vendemos nuestra pasión por un contrato temporal, precario y nunca satisfactorio en ambos casos. Para un autor que defendía con tanto ahínco que la literatura debía ser emocionante, con potencia e intensidad, que la “novela de fuerza” no conocía de medias tintas, está claro que esta manera de vivir casi apagada por el ansia desesperada no corresponde a una vida plena.

 

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