Realismo entre paredes blancas

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Cuanto más miras un objeto, más abstracto es, y también irónicamente más real
Lucian Freud

Representar la realidad es una de las tareas más difíciles del ser humano. Nuestros ojos son capaces de percibir muchos detalles que sin embargo nuestro cerebro es capaz de obviar. Un realista debe reproducir en un lienzo o papel cada mínimo detalle, cada surco que nace de la piel, cada poro y sobre todo, dar vida a sus cuadros. Un trabajo muy difícil y a su vez criticado por muchos que no lo consideran arte, por ser la mera imitación de la realidad.

El realismo nacido tras la Revolución Francesa de 1848 nos ha traído artistas como Gustave Coubert (1819-1849), Camille Corot (1796-1875) e incluso Jean-François Millet (1814-1875) llegando al día de hoy, donde muchos artistas consagrados exponen sus obras por todo el mundo. Entre ellos, Antonio López, Julio y Francisco López Hernandez, María Moreno, Isabel Quintanilla, Esperanza Parada, Amalia Avia, Carmen Laffón, Cristóbal Toral y José Hernández que, desde el día 19 de enero, ocupan cinco salas del Museo Patio Herreriano de Valladolid.

Irrumpieron en la sociedad de los años 50 en España de manera estruendosa y así lo reflejan en la exposición “Realistas” con Antonio López al frente. “El arte se puede expresar de infinitas maneras, desde lo más abstracto a lo más realista, porque todo enriquece las posibilidades de interpretación, pero no hay que olvidar que todo, absolutamente todo, parte de la realidad”, puntualizó Cristóbal Toral, uno de los diez creadores representados durante la inauguración el pasado 19 de enero.

 

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Todas las obras han sido prestadas por los propios creadores y por coleccionistas e instituciones de toda España. Estos artistas se acogieron al realismo en los años sesenta y, en su mayor parte, han estudiado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Muchos de ellos tienen lazos familiares, como es el caso de Isabel Quintanilla, viuda del artista Francisco López Hernández que falleció el pasado 8 de enero. Además de vínculos generacionales y unos rasgos a la hora de crear sus obras muy similares.

Fueron testigos de los grandes cambios económicos, sociales y culturales que se produjeron en nuestro país en las últimas décadas del siglo XX, crearon a través de los pinceles el reflejo de esta sociedad en su actividad artística.

La exposición, que permanecerá abierta al público hasta el próximo 26 de marzo, está dividida en tres grandes bloques: La figura humana, la naturaleza muerta y bodegones, donde se muestran obras inéditas y algunas jamás expuestas, de los artistas.

 

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Caminando por el atrio del Patio Herreriano, cámara en mano me topo con una figura humana. Completamente desnuda y erguida, no es ni más ni menos que Maribel, la mujer de Francisco López. Isabel Quintanilla, desnuda y seria, da la bienvenida a una larga estancia por los pasillos de este museo, recorriendo las vidas de estos artistas a través de sus trazos en lienzos y esculturas.

El museo permanece en un estado de silencio donde sólo retumban los pasos de tacón de algunas señoras mayores que pasan la mañana entre los lienzos. La primera parada es la capilla del museo, una gran sala realizada completamente en piedra, donde hace un peculiar frío; allí aguardan dos grandes estatuas producidas por Antonio López: su hija. Dos cabezas de bebé. “Carmen despierta” y “Carmen dormida”. Por muy oscuras que parezcan, ambas piezas están realizadas en bronce para simbolizar la fuerza.

Las paredes de las salas no sólo se llenan de las obras sino también de citas de los propios artistas o de personajes emblemáticos que hicieron referencias importantes al realismo. Apenas hay gente y tengo los cuadros enteros para mí, para observar cada detalle. Es curioso que, en muchas ocasiones, los óleos estén cubiertos de barniz, les da mayor realismo y un toque, incluso, de delicadeza.

Muchos de los cuadros representan escenas cotidianas de la vida de estos artistas. Carmen Laffón y su “Vista a una calle del barrio San Julián de Sevilla en la zona de Santa Lucía” o por ejemplo Isabel Quintanilla y Francisco López se retrataban el uno al otro, como el cuadro de la artista “Interior. Paco escribiendo”, donde se muestra al pintor en el salón de su casa frente a una mesa.

 

Isabel Quintanilla. "Interior. Paco escribiendo".

Isabel Quintanilla. “Interior. Paco escribiendo”.

 

 

Cristobal Toral.

Cristobal Toral.

 

 

Sigo entre las salas del segundo piso y me encuentro con una llamada “Naturaleza muerta”. Abarrotada de flores, cómo no; plantas y jarrones a juego. Una sala llena de vida irónicamente. María Moreno es la artista por excelencia en este espacio donde sus flores ocupan más de la mitad de las paredes, acompañadas de un gracioso cuadro de Cristóbal Toral repleto de sandías cayendo en una mesa. En más de una ocasión me quería acercar tanto al cuadro para descubrir qué trazos habían marcado, dónde quedaba alguna línea de lápiz que creía poder meterme dentro de él.

 

María Moreno.

María Moreno.

 

María Moreno.

María Moreno.

 

 

Madrid, capital y ciudad por excelencia aquí, abarca marcos, lienzos y pensamientos de estos artistas que desempeñaron su labor como estudiantes en sus calles. Chamartín, Biblioteca Nacional son algunos de los ejemplos. Amalia Avia, Cristóbal Toral han trazado las líneas de escenas madrileñas como sus bares, edificios y sobre todo, su vida.

 

Amalia Avia.

Amalia Avia.

 

Para cuando salgo de la sala los ventanales del edificio dejan entrar la luz naranja del cielo, en estas paredes parece que el tiempo no pasa.

El realismo es algo que creemos inalcanzable, pero tras ver esta exposición y pasar algunas horas entre sus artistas, el realismo no es algo inalcanzable, sino un trabajo de por vida.

 

La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa.
Immanuel  Kant

 

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Más información:

Exposición “Realistas” en el Museo Patio Herreriano

Fotografías: Celia Gallego

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