Reinventar una editorial cada año: Caballo de Troya

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Si somos lectores asiduos, además de haber vivido más de una vida, con el paso de los años conocemos los sellos editoriales que nos traen las historias que más se acercan a nuestros intereses.  Vamos directos a sus catálogos para adquirir un nuevo título, gracias a una confianza que se crea entre los editores y sus lectores a partir del trabajo diario, de la línea editorial. Incluso, algunas veces, podemos estar recelosos o ansiosos por comprar un libro porque observamos qué editorial se ha encargado de la edición. Eligen las obras, trabajan con ellas y las preparan para que lleguen a nuestras manos. En muchos casos no solo nos importa el nombre del autor, también del equipo de trabajo que le acompaña en todo el proceso. Al fin y al cabo, es un trabajo colectivo con varios implicados (muchos o pocos, dependiendo de la editorial y de los recursos disponibles) que acaba cuando cerramos el libro.

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El funcionamiento de las editoriales puede ser tan distinto como número de ellas hay. Unas veces una sola persona es la que la representa y otras es un gran grupo que reúne distintos sellos con notables diferencias entre ellos. Uno de los mayores que tenemos en España es la división en lengua española de Penguin Random House. Se fundó tras la unión de Random House con Penguin, y aúna editoriales tan dispares como Plaza y Janés, Alfaguara, Debolsillo, Penguin Clásicos o Reservoir Books. Todas ellas con una línea y objetivos definidos.

La consecuencia más favorable de estas uniones es el reparto de oportunidades. Hay sellos que por el tipo de contenido llegan a un público menor y que normalmente, si no tienen otro apoyo, pueden verse limitados o peligrada su continuidad. De este modo se mantiene una pluralidad de voces que beneficia tanto a lectores como autores.

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Uno de los sellos con más personalidad dentro de Penguin Random House es Caballo de Troya, que funciona como una pequeña editorial independiente dentro del grupo. Fue fundada en febrero de 2004 por Constantino Bertoló (editor, crítico, ensayista y director editorial) con la intención de descubrir a los escritores del futuro, no ponerse límites y apostar por nombres nuevos. Lanzaron a la batalla literaria escritos de Elvira Navarro o de Mercedes Cebrián, a Teresa Aranguren o a Miguel Ángel Ortiz.

Constantino Bertoló.

Constantino Bertoló.

Para Bertoló descubrir nuevos talentos no era nada nuevo. Su experiencia le avalaba. Fue el primer editor de autores como Marta Sanz y Ray Loriga, sabiendo ver no solo el libro que tenía entre manos, sino dando aliento a los que veía que estaban por venir.

Cuando en el 2004 comenzó la andadura ese caballo troyano, las riendas de Bertoló eran firmes. Tras 10 años, en 2014, se jubiló y ante el posible desbocamiento se decidió invitar cada año a una figura literaria para que sea el editor residente y se ponga al mando. La editorial sigue así descartando los encasillamientos y dejando que el caballo camine con un ritmo que no se asemeja a ninguno. Desde el 2015 han pasado autores como Elvira Navarro, Alberto Olmos, Lara Moreno o Mercedes Cebrián; y para el 2019 tenemos la expectativa de ver cómo, por primera vez, la edición se llevará a cabo por cuatro manos: Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez. Ellos darán protagonismo a autores nacidos a finales de los ochenta y en los noventa, a la no ficción por su influencia en los medios de comunicación y el periodismo, así como al compromiso social, al feminismo, a la experimentación y al lirismo.

Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez.

Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez.

El riesgo en esta propuesta estaba claro, ya lo anunciaban al inicio del sello, a pesar de que siempre será menor dentro de una estructura empresarial como es la de Penguin Random House. No por ello se le debe quitar el mérito. El criterio valiente que demuestra Caballo de Troya es el que lucha por defender que la literatura no fluye en una sola dirección, que no se queda estancada, que se necesita fortalecer aquellas expresiones en las que normalmente no se fija la mayoría del público y no dan rédito económico a altas cotas. Si queremos avanzar hay que escuchar a los nuevos escritores, dejar que busquen nuevos métodos y premiar sin complejos.

Ahora solo nos queda esperar a ver los resultados del 2019 y no olvidarnos de los que nos quedan del 2018.

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