The Exhibition by 31 Women

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En 1898 nacía Peggy Guggenheim, en Nueva York, Estados Unidos. En una época en la que las mujeres tenían un claro destino social (ser esposas y madres), Peggy se reveló como la oveja negra de la familia, una etiqueta que solo una mujer tan adinerada como ella podía permitirse entonces. Era marcada como diferente porque se sentía atraída por los ambientes culturales aunque, a decir verdad, su familia no era especialmente normal: su padre falleció en el Titanic, su madre padecía de una especie de TOC que le obligaba a pronunciar por triplicado todo lo que decía y su tío masticaba carbón y hielo. Esta outsider social de su época, se codeó con los artistas de las vanguardias y supo aprender de ellos, en especial de Duchamp a quien calificó como “la persona más influyente de mi vida”. Pero si algo caracterizaba a Peggy era una escucha activa y una curiosidad sana y permeable: “”Tomé consejos de los mejores… escuché y ¡cómo escuché! Así fue como finalmente me convertí en mi propia experta”.

Peggy Guggenheim

Tras vivir en Reino Unido y en Francia, y acumular ya una buena colección de obras contemporáneas, finalmente Peggy volvió a Nueva York a causa de la invasión nazi, rescatando consigo no solo grandes obras de arte europeas, sino a un grupo de artistas que consiguieron refugio en Estados Unidos gracias a ella. Entre este grupo de artistas estaba Max Ernst, con quien Guggenheim se casó.

Ya en Nueva York, Peggy abrió su propia galería de arte -como lo había hecho antes en París, hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial-, llamada Art of this century. La galería adquirió buena fama enseguida y se caracterizó por descubrir artistas de la talla de Pollock, Motherwell o Rohtko.

Vista de la galería Art of this century en 1943.

Un tema que preocupaba a Peggy, era el lugar que ocupaban las artistas en las corrientes vanguardistas como el dadaísmo o el surrealismo. Habló con Duchamp sobre esta inquietud y debatieron sobre el lugar de la mujer como musa y como artista. Finalmente llegaron a la conclusión de que era necesario realizar una exposición que reivindicara el trabajo de las artistas silenciadas, frecuentemente, por las trayectorias de sus propias parejas, también artistas. Así surgió, en 1943, “The Exhibition by 31 Women”, una de las primeras exposiciones de la galería Art of this century.

Peggy decidió hablar con Alfred Barr, asesor personal de la galerista y comisario del MoMA, para que le sugiriese nombres de mujeres artistas. Barr le dio tres nombres: Suzy Frelinghuysen, Irene Rice Pereira y Esphyr Slobodkina. Y, en efecto, estas artistas fueron incluidas en la muestra. Después, Guggenheim buscó en sus círculos más cercanos, puesto que muchas de las artistas que conocía eran las parejas de sus amigos: Xenia Cage (pareja de John Cage), Frida Kahlo (pareja de Diego Rivera), Sophie Taeuber-Arp (pareja de Jean Arp) y Jacqueline Lamba (pareja de André Breton). También incluyó a su propia familia, su hermana Hazel McKinley y su hija Pegeen Vail, así como su amiga y escritora Djuna Barne, y la bailarina de burlesque y performer Gypsy Rose Lee, otra conocida de la galerista.

Pero no eran suficientes, así que Peggy pidió a Max Ernst que buscase a otras mujeres artistas para la muestra. Max propuso participar en la exposición a algunas artistas de su elección y todas aceptaron gustosamente; solo una de ellas rechazó la invitación, Geogia O’Keefe, alegando que ella no era una mujer artista, era artista, sin más, por lo que no se sentía identificada con el propósito de la muestra. Algo similar argumentó Sophie Taeuber-Arp, aunque ella sí que participó en el proyecto, quizás debido a la amistad que le unía con Guggenheim.

Max Ernst y Peggy Guggenheim en la galería Art of this century

Además de las ya mencionadas, las artistas que participaron en la exposición fueron Leonora Carrington, Leonor Fini, Elsa von Freytag-Loringhoven, Meraud Guevara, Anne Harvey, Valentine Hugo, Buffie Johnson, Aline Meyer Liebman, Louise Nevelson, Meret Oppenheim, Milena Pavlovic Barili, Barbara Reis, Kay Sage Tanguy, Gretchen Schoeninger, Sonja Sekula, Hedda Sterne, Julia Thecia, Maria Elena Vieira da Silva y Dorothea Tanning, quien se convertiría en la siguiente pareja de Max Ernst, que en ese momento seguía casado con Peggy Guggenheim, aunque se rumoreaba que solo estaba con ella porque le había ayudado a salir de Europa. Años más tarde, Peggy recordaba este incidente con sarcasmo: “Se llevaban muy bien… Pronto se empezaron a llevar más que bien y me di cuenta de que debí haber tenido solo treinta mujeres en la exposición”. No obstante, también participaba en la muestra Leonora Carrington, expareja de Ernst, lo cual podría demostrar que Peggy priorizó el trabajo de las artistas, más allá de las relaciones personales con ella y sus colegas.

Por último, las obras que se expusieron en la galería fueron elegidas por Peggy Guggenheim y un jurado compuesto por algunos de sus asesores y amigos (todos hombres): André Breton, Duchamp, Max Ernst, Jimmy Ernst, James Thrall Soby y James Johnson Sweeney.

Peggy Guggenheim sentada en la galería con obras de Magritte, Fini, Carrington y Miró

Para la crítica de aquel tiempo, no quedaba claro si Guggenheim quería visibilizar y poner en valor el trabajo de estas artistas o, simplemente, había hecho una selección cómoda de nuevas artistas para su galería, ya que todas eran amigas, conocidas o las parejas de sus amigos artistas. Kat Buckley escribe sobre la intención de Peggy al realizar esta muestra: “Otro objetivo de Guggenheim era brindar reconocimiento a estas mujeres cuyos esposos, desafortunadamente a menudo, eclipsaron su talento. Guggenheim montó esta exposición como una queja contra el estatus de la mujer artista surrealista como ‘modelo, musa o amante’ y para mostrar el talento artístico de estas mujeres. Sin embargo, en las vidas de estas artistas polifacéticas, muchas de ellas tuvieron que asumir un lugar entre estos roles y, a veces, desempeñaron todos ellos a la vez”. Buckley se refiere en esta cita al hecho condicionante de ser artistas y mujeres de artistas; muchas de estas mujeres eran a su vez modelos o musas para sus parejas, lo que les volvía a relegar, en muchas ocasiones, a ese papel, olvidando que ellas también tenían una producción propia y que, además, la llevaban a cabo sin la necesidad de tener que recurrir a una musa o un modelo. Ellas mismas eran sus propios referentes.

“Le déjeuner en fourrure” (1936) de Meret Oppenheim fue una de las piezas expuesta en “The Exhibition by 31 Women”

En “The Exhibition by 31 Women”, solo se vendieron tres obras de la muestra y la única compradora fue la propia Peggy. Algunos medios ni siquiera se quisieron hacer eco de la exposición, desdeñando la producción de las artistas por completo; otros, por el contrario, alabaron la “atrevida” propuesta. La galería de Guggenheim comenzó a hacerse un hueco en el panorama artístico de Nueva York con las siguientes exposiciones, aunque esta muestra le otorgó una polémica fama que atrajo todas las miradas. Por otra parte, solo algunas de las artistas que participaron en “The Exhibition by 31 Women”, consiguieron gozar de éxito en sus carreras profesionales, otras cayeron en el olvido o tuvieron que esconder su nombre de pila para poder vender, como hizo Irene Rice Peiriera, que firmaba como I. Rice Peiriera para no dar pistas sobre su género.

Más allá de poder considerar la muestra como una maniobra de marketing de la galería, la subjetiva selección marcada por las amistades de la coleccionista y galerista, el desacertado jurado masculino para escoger las obras o los asesores/comisarios de los que se rodeaba Peggy, lo cierto es que esta muestra se llevó a cabo en un momento en el que era necesario que las obras de estas artistas se exhibieran públicamente y Guggenheim demostró tener, si no una sensibilidad hacia la producción de estas autoras, al menos una intuición sobre la necesidad de exponer sus trabajos.

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Más información:

Peggy Guggenheim and The Exhibition by 31 Women. Por Kat Buckley (Solo disponible en inglés)

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