Un cómic: La residencia de los dioses

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Título: La residencia de los dioses
Colección: Astérix el galo
Año: 1971
Editorial: Hachette Livre (En España, actualmente editado por Salvat)
Guión: René Goscinny
Dibujo: Albert Uderzo
Sinopsis: Un ficticio Julio César idea la construcción de una moderna urbanización justo al lado de la aldea de Astérix y Obélix. Pronto, la presencia de los nuevos vecinos comienza a condicionar la vida de los irreductibles galos, que intentan adaptarse a la demanda de los nuevos habitantes, descuidando el sistema tradicional que mantenía la autogestión de la aldea gala.
¿Por qué lo recomendamos? «Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor». Esta introducción que, confieso, cuando era una niña me sabía de memoria, ha marcado y sigue marcando generaciones. Hace unos días el dibujante Albert Uderzo nos dejaba, como ya hiciera René Goscinny en 1977. Se cierra así el trabajo que este dúo nos ha regalado durante décadas, primero en equipo y después asumiendo Uderzo guion y dibujo en solitario.
El humor, los guiños y la ironía nunca supusieron una traba para abordar temas espinosos, como en este caso. Revisitado  en los últimos tiempos, por recientes acontecimientos, La residencia de los dioses plantea el problema de la gentrificación y sus consecuencias, un movimiento que en los años 70 estaba comenzando y que ahora está alcanzando su punto álgido. Recuerdo perfectamente leer y releer este álbum y  sorprenderme cada vez que ocurría lo mismo: las tiendas de Esautomatix y Ordenalfabetix convertidas en anticuarios, los romanos paseando por su aldea y disfrutando de lo pintoresco de sus gentes, que habían adaptado sus costumbres a las de los nuevos vecinos. El descuido del sistema de autogestión de la aldea traía negativas consecuencias y parecía el fin de los galos. No obstante, la solución pasaba por Asuranceturix, mirar a la tradición más arraigada, escuchar las costumbres que habían mantenido unida a la aldea y no ceder ante la nueva y obnubilante demanda de los romanos-hipsters.

Concedámonos el placer de releer nuestros viejos álbumes de Astérix, en honor a Uderzo y Goscinny y todas las aventuras que nos han brindado.

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