Performance, moda y publicidad: Vanessa Beecroft

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Utilizo la belleza para transmitir otros mensajes ocultos”, declaraba la artista italiana Vanessa Beecroft (Génova, 1969), residente en Nueva York, Estados Unidos, desde hace años. Beecroft comenzó estudiando Arquitectura en su ciudad natal, para después interesarse por la Lingüística, disciplina en la que también se formó en Génova. Más tarde se trasladó a Milán para cursar Diseño en la Academia de Bellas Artes de Brera. Poco después de terminar Diseño en Brera, Vanessa realizó su primera performance, donde se reflejaron todos sus intereses; quizás esta fue la más tosca de sus acciones y, a la vez, la más pura en esencia.

Vanessa Beecroft.

Tras luchar contra la anorexia desde que tenía doce años, la artista había creado un diario donde anotaba todos los alimentos que ingería desde hacía diez años. Este diario lo tituló “El libro de la comida”. Esta obsesión por el control de la comida, la imagen de sí misma y la importancia de la estética femenina en la sociedad actual, llevaron a la artista a crear “VB01”, su primera performance. Treinta mujeres, que no se conocían entre sí ni conocían anteriormente a Beecroft –la artista paraba a las chicas por las calles de Nueva York y las invitaba a participar en su performance- aparecieron vestidas con ropa de Vanessa y desfilaron ante el público de la galería milanesa Inga-Pin.

“VB0”, (1993).

Tras esa primera acción, Beecroft dijo no haber vuelto a utilizar “El libro de la comida”, sin embargo, lejos de atribuir a la práctica artística un carácter curador, para la artista el arte es una vía de transformación: “El arte no sana. Transforma aspectos de la vida en un icono permanente. Convierte el dolor en algo universal que va más allá de la vida en su inmediatez”.

“VB52”, 2003.

“VB62”, 2008.

“VB55”

Rápidamente Beecroft observó lo potente de reunir a un grupo de mujeres en una actitud determinada frente a un público, y comenzó a experimentar. Apropiándose de los lenguajes impuestos estéticamente para el sector femenino de la sociedad occidental, la artista planteó diferentes performances, caracterizadas por su prolongada duración –varias horas- y por la lentitud de la acción, que recaía sobre las modelos, que ahora sí, comenzaban a ser profesionales. En la performance “VB40” (1999), por ejemplo, podemos observar un grupo de mujeres vestidas con pantis rojos, zapatos de tacón del mismo color y sujetadores de color claro. Las indicaciones de la artista son claras: deben permanecer de pie en esa sala, sin establecer ningún tipo de contacto físico o verbal entre ellas o el público. Las modelos llevan a cabo su misión inmóviles, pero con el paso del tiempo el hastío, el cansancio y el aburrimiento se apoderan de ellas; muchas no son capaces de ocultarlo y colocan sus brazos en jarras, se agachan, estiran las piernas… No es una situación insólita, en muchas acciones de Beecroft las modelos terminan sentadas o apoyadas, en posiciones diferentes a la inicial, que denotan cansancio.

Estas actitudes, que son además muy humanas, son conscientemente provocadas por la artista. En realidad, podemos contemplar en estas acciones una historia contenida en un pequeño lapso de tiempo, al compararlas con nuestra civilización actual. La mujer, forzada socialmente a mantener un papel impecable, con ciertos atuendos que pueden resultar más o menos cómodos, termina quebrándose y manifestando ese hastío y aburrimiento que vemos en las caras de las modelos de Beecroft. Los rostros que se pueden ver en todas las “VB” son caras que podemos identificar fácilmente, sentimientos que todos hemos experimentado pero que, contextualizados en unos cuerpos y unos atuendos, cobran un sentido diferente.

Es evidente que la historia personal de Beecroft se ve reflejada en sus obras. Al respecto afirma la artista: “A menudo, las mujeres son un equivalente físico de la experiencia que estoy viviendo. No está sola porque habla en nombre de un grupo, en nombre de más de una persona, y porque el grupo es más fuerte y convincente que el individuo. Las mujeres tienen aspectos similares, pero también hay diferencias entre ellas. Están organizadas en una formación jerárquica con privilegios y desequilibrios, simetrías y tonalidades”.

Vanessa Beecroft, “vb.ld.001.07”, 2007.

Vanessa Beecroft, “vbm.012.10 Gambe Nere”, 2010.

A pesar de que sus performances y sus registros visuales son las piezas más conocidas de la artista, Beecroft también produce obras pictóricas, fotográficas y escultóricas. Todas giran, eso sí, sobre el mismo tema: la representación femenina. No obstante, en alguna ocasión Beecroft ha realizado performances con modelos masculinos y en concreto, a partir de su colaboración con el músico Kanye West, sus acciones comenzaron a experimentar una mayor diversidad de sexos.

Efectivamente, Vanessa Beecroft empezó a colaborar con Kanye West en 2008, para el lanzamiento de su álbum “808s & Heartbreak”. West acababa de perder a su madre cuando ésta se sometía a una operación estética, hecho que marcó al rapero y que quizás determinó su colaboración con Beecroft. Para la presentación del álbum, Beecroft realizó una performance en la Ace Gallery, en la que un grupo de cuarenta mujeres desnudas, algunas con la cara cubierta, permanecían de pie en una de las tradicionales veladas de Beecroft. Las mujeres negras aparecían en primer plano, mientras que las blancas permanecían al fondo. A pesar de que esta primera acción-colaboración entre West y Beecroft no repercutió más allá de los invitados a la velada, los dos artistas parecieron entenderse muy bien.

“VBKW.14.JJ”, Los Angeles, 2008 via Phillips Gallery. Primera colaboración entre West y Beecroft.

Así llega el cortometraje “Runaway” (2010) en el que Vanessa se encarga de la dirección de arte. Un proyecto muy ambicioso que esta vez no pasó desapercibido.

También para la marca de ropa de Kanye West, Yeezy, Beecroft colaboró, proponiendo una acción que rememoraba aquella primera performance del 93. Modelos no profesionales, hombres y mujeres, de varias tallas, alturas y hechuras, interceptados por la calle e invitados a participar en la pieza que presentaba la colección textil de West en la Fashion Week de Nueva York de 2015. Beecroft ha seguido colaborando con West en siguientes colecciones de Yeezy, siempre rodeada de un halo de polémica, algo bastante usual cuando arte, moda y prensa amarilla convergen en un incómodo punto, así como para otras marcas de moda.

Primera presentación de Yezzy (2015). Fotografía: Getty.

Vanessa Beecroft para Sisley, colección primavera/verano 2017.

Muchas cuestiones surgen de esta colaboración entre West y Beecroft: ¿ha entrado la artista en el mundo que cuestionaba en sus performances? ¿Cuál es la aplicación de una práctica artística de cierto trasfondo crítico al mundo de la moda y la publicidad? La artista justificaba así esta colaboración: “Este público general necesitaba percibir el mensaje de una forma más directa. El impacto social era mayor y el valor artístico podría ser menos sutil”.

Aunque a Beecroft se le ha acusado de solo trabajar ya para las colaboraciones con West, lo cierto es que Beecroft continua con su actividad artística, hace unos meses pudimos ver algunas piezas suyas de reciente factura en la colectiva “Pussy, King of the Pirates”, en la galería Macarone de Los Ángeles aunque, eso sí, se trataban de obras pictóricas y escultóricas. Quizás la performance ha tomado un cariz diferente para la artista tras su inmersión en el mundo de la moda y la publicidad.

Vanessa Beecroft, “girl on off-white background”, 2018. Obra incluida en la colectiva “Pussy, King of the Pirates”, en la galería Maccarone de Los Ángeles.

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Más información:

Entrevista a Vanessa Beecroft publicada en el periódico ABC el 5/12/17

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