El arte contemporáneo vs. la mediación del tiempo

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En el Caixaforum de Barcelona, hasta el 24 de Agosto, estará la exposición de arte contemporáneo Contratiempos, comisariada por el curador e investigador independiente Sabel Gavaldon. Según lo que explica él mismo en el catálogo, un contratiempo es un imprevisto que influye negativamente en el curso de alguna acción, pero en esta exposición se ha utilizado este concepto con otro significado y «contratiempo» se refiere a la forma en que el arte puede oponerse al control del tiempo en este mundo condicionado por la tecnología, ya que hoy día parece que vivimos en un continuum entre el trabajo y el resto del tiempo de nuestra vida cotidiana. Los artistas que han participado presentan diferentes alternativas del uso del tiempo. Son, como Gavaldon las llama, utopías creativas que sirven para denunciar los mecanismos que atentan contra la libertad del individuo.

Hemos interiorizado tanto esta disciplina y racionalización del tiempo, que parece que ya estaba inscrita en nuestra naturaleza, pues nuestros ritmos biológicos se han sincronizado con la tecnología, con los gadgets que utilizamos en nuestro día a día. Además, con las normas e instituciones que regulan nuestra vida, pocas actividades se apartan del tiempo productivo y nuestra vida parece que cada vez es más trabajo y menos ocio. Así, por ejemplo, ¿qué community manager no se ha llevado el trabajo a casa y ha seguido asumiendo sus responsabilidades laborales fuera del horario laboral establecido, atendiendo desde el teléfono móvil las redes sociales de la empresa para la cual trabaja? El horario no sólo fija nuestro tiempo de trabajo, sino que yo diría también que marca nuestro tiempo de ocio, porque para disfrutar de nuestro tiempo libre, tenemos también un tiempo determinado, ya que dependemos del horario de las tiendas y lugares de entretenimiento. Como dice Gavaldon, no sólo se mide y administra el tiempo, también transforma la experiencia social, pues con el sistema capitalista, la vida pública y privada del individuo se organiza en función de las necesidades de la industria. Ya casi no se distinguen las fronteras entre el tiempo de trabajo y el tiempo libre.

La tecnología reclama constantemente nuestra atención que, a la vez, transforma nuestra percepción del tiempo. Vivimos en una actualidad ininterrumpida, que difumina nuestra percepción tradicional del tiempo en pasado, presente y futuro. Y es el arte el que permite cambiar la realidad y abrir nuestras mentes a otras temporalidades: Contratiempos presenta la obra de diez artistas españoles que intentan ir en contra del modelo temporal prefijado y lo ponen en suspenso. Sus obras crean en el espectador una sensación de extrañeza cuando se encuentra ante instalaciones que representan el tiempo detenido, un tiempo improductivo, que es una forma de resistencia ante esta continuidad que rige nuestra sociedad de consumo.

Muy interesante ha sido la instalación de Martí Anson, que es lo primero que vemos al comenzar la visita. Se trata de una sala de espera corporativa, pero reducida a dos sillas y una mesa con caramelos, formando un ambiente aséptico y silencioso. Intenta provocar en el espectador la sensación de extrañeza de la que veníamos hablando anteriormente, debido a que no pase absolutamente nada allí, ni siquiera el tic-tac de un reloj.

Martí Anson. Sala d’espera [Sala de espera], 2002

Martí Anson. Sala d’espera [Sala de espera], 2002

Digna de mencionar es, también, la instalación de Montserrat Soto, que ha sido realizada con veintisiete fotografías montadas sobre bastidores, que representan pasillos vacíos, todos iguales y bastante laberínticos con puertas de oficinas y en los cuales el espectador se siente totalmente dentro de la instalación, como si pudiera abrir cada puerta que se encuentra cerrada, en un momento en que parece que el tiempo se ha detenido y no sabes muy bien qué puede pasar.

Montserrat Soto. Sin nombre, 1996

Montserrat Soto. Sin nombre, 1996

Otro trabajo interesante es el de Esther Ferrer, cuya obra se compone de distintos autorretratos fotográficos montados aleatoriamente; cada foto está cortada por la mitad y montada con otra de otro año diferente, pudiendo transcurrir entre ellas diez años de diferencia, pero siendo la iluminación y el punto de vista iguales. De esta manera, la artista interrumpe la continuidad del tiempo, provocando una ruptura en la concepción temporal del espectador, pues de lejos parece que vemos un retrato entero sin modificar y al acercarnos comprendemos que son fotos diferentes en realidad.

Esther Ferrer

Esther Ferrer. El libro de las cabezas. Autorretrato en el tiempo (versión 2004), 1981-2004. © Esther Ferrer, VEGAP


Más información
Contratiempos
Caixaforum Barcelona
Del 21 de mayo al 24 de agosto de 2014

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