Entrevista a Daniel Jiménez Quiroz, director de la revista Larva y el Festival Entreviñetas

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No tiene ni 30 años, pero eso no ha impedido que Daniel Jiménez Quiroz sea uno de los editores y gestores culturales colombianos más reconocidos por su labor promoviendo el cómic en Latinoamérica. ¿Cómo? Gracias a los dos proyectos más importantes que dirige: Por un lado la revista Larva, que tras nueve años de recorrido se reinventa y cambia de imagen y formato. Por otro lado, el Festival Internacional de Cómic y Dibujo Entreviñetas, cuya sexta edición tendrá lugar entre agosto y octubre en varias ciudades colombianas.

Esta semana he tenido la oportunidad de charlar con Daniel sobre estos proyectos, pero también sobre la llamada nueva ola del cómic latinoamericano, la situación editorial en Colombia y los grandes cambios que allí ha visto el sector en los últimos años (afortunadamente, positivos).

Nuevo logotipo de la revista Larva

Nuevo logotipo de la revista Larva

TINA – Aún no habías cumplido veinte años cuando, junto con otro grupo de estudiantes, creaste la revista Larva en 2006. ¿Cómo ha sido ese proceso desde los inicios al momento actual, en el que es una de las publicaciones sobre cómic más destacadas de Latinoamérica?

DANIEL – Cuando comenzamos, Larva era un fanzine de 16 páginas. Lo creamos un grupo de amigos, todos estudiábamos en la Universidad del Quindío, en Armenia, una ciudad pequeña en el centro de Colombia. Creamos la publicación de una manera un poco improvisada, lo que nos motivaba era el simple hecho de publicar cosas que nos entusiasmaran. Aparecimos en un momento en el que el concepto de edición independiente apenas existía en Colombia y, además, estábamos en una ciudad periférica donde aún era más difícil. Aparte de eso, Larva decidió dedicarse por completo al cómic en un país donde no hay tradición fuerte en ese ámbito, si bien existieron publicaciones representativas en distintos momentos y varios años atrás que, algunas para bien y otras para mal, nos sirvieron como referencia. Nosotros conocíamos de esa tradición anecdótica, de todos esos obstáculos, pero no prestamos mucha atención, si lo hubiésemos hecho nos hubiésemos frustrado.

Los primeros números de Larva son realmente incipientes, pero significaron una escuela para nosotros. Nos encontrábamos con gente que nos decía que no le interesaba leer cómic porque creía que no iba a encontrar una lectura valiosa y nosotros, en vez de rasgarnos las vestiduras, decidimos empezar a generar eventos que desembocaran en la posibilidad de seducir a ese tipo de lectores. Cada obstáculo nos hacía ser más tercos. Y el proyecto comenzó a crecer y a mutar. Yo siempre he dicho que es una revista mutante en el sentido de que nunca hemos estado muy atados a quedarnos en un formato o a una manera de hacer las cosas.  Si en algún momento nos aburrimos, la hemos cambiado, aunque eso ha significado pausas. Como en 2013, cuando no se editó en formato impreso porque decidimos que fuese un año sabático. Esos paréntesis son valiosos, porque nos dan tiempo para plantearnos el proyecto y crear otros nuevos. Pienso, entonces, que si existe algo que pueda afirmar como un ingrediente característico de la edición independiente es esa posibilidad de fijar un ritmo propio, de no dejarse atropellar por el vaivén o las prisas del mundo en el que vivimos.

Ahora con Larva somos muy conscientes de que no queremos seguir haciendo lo que hacíamos al comienzo. El panorama es bien distinto y nosotros también. Ahora en Colombia y América Latina hay muchas editoriales independientes que publican cómic, así como algunos grupos editoriales grandes que se han sumado, y eso hace que nuestras inquietudes también cambien.

 ¿Cuáles son tus principales inquietudes como editor de Larva?

D – Cuando comenzamos nos dimos cuenta de que había muchas personas a las que queríamos invitar a leer la revista, pero no había una formación sólida de lectura alrededor del cómic y la imagen. Nosotros siempre hemos considerado que un buen lector es aquel que tiene una dieta variada de contenidos, en lugar de centrarse en un único tema y formato. Pensamos en el lector casi como en alguien que disfruta, por ejemplo, de la gastronomía o el arte, con rigor y atrevimiento, pero también abierto a la diversidad. Para ese lector versátil, la lectura de la imagen es también muy importante. Cuando nos damos cuenta de eso empezamos a trabajar en la promoción de lectura organizando eventos como clubes, charlas, talleres creativos, exposiciones… Acertamos en muchos eventos, con otros tantos nos equivocamos, pero aprendemos que el ánimo de promoción cultural al que atendíamos debía seducir también al lector de manera creativa, con otras estrategias que tal vez no son las que más acostumbran tratar los editores. Pero bien, no sólo con los lectores, también con los libreros. En nuestros inicios muchos de ellos no recibían la revista, unos porque pensaban que no la iban a vender, otros porque creían que los contenidos no eran muy adecuados. Siempre tenían cierta prevención. En vez de dar la espalda y pensar en otro tipo de estrategia, nosotros quisimos decirle a los libreros porqué era importante tener nuestra revista. Yo, que viajaba a menudo por distintas ciudades, siempre que iba a alguna librería empezaba a dar vueltas como cualquier comprador y empezaba a preguntar por secciones de cómic o de novela gráfica. Y les molestaba mucho porque muchas veces ni sabían de lo que les hablaba, o me sacaban libros de fotografía porque pensaban que era lo que les estaba pidiendo. Todo el equipo empezó a hacer lo mismo y también pedimos a nuestros amigos que fuesen a librerías y preguntasen por novelas gráficas. Así durante dos o tres años [risas]. Lo divertido es que realmente muchos se dieron cuenta de que había un vacío muy grande en sus anaqueles o que tenían libros mal catalogados. Acabamos siendo muy cómplices de algunos y a día de hoy tenemos muchos programas con ellos.

Ninguno de los miembros del equipo actual es autor de cómic, guionista o dibujante. Somos lectores y ni siquiera leemos cómics todo el tiempo, también leemos otras cosas. Además, venimos de diferentes carreras, yo estudié periodismo pero hay otros que estudiaron arte, diseño, cine, arquitectura… Quizás por ello no queremos excluir a los lectores que habitualmente no leen cómic. A finales de 2005, en el origen, unos amigos tuvieron la idea de crear la revista porque ellos sí hacían sus propios cómics. Sin embargo no tenían vocación editorial y entonces me ofrecí a colaborar, porque tenía nociones y ya había participado en algunas revistas. Pero yo de niño leía muy poco cómic, tenía algunos favoritos pero no era lector habitual. Cuando charlando del proyecto en los cafés de la universidad ellos empezaban a hablar de una manera emocionada de autores que yo no conocía, empecé a buscar esas referencias, a leer mucho cómic y novela gráfica. Fue como si me hubiesen encendido un cuarto oscuro que tenía en la cabeza, porque me doy cuenta de que me estaba perdiendo un universo de lectura increíble. Por ejemplo, siempre recuerdo cuando leí Maus por primera vez, tres veces en el mismo día, porque no podía creerme que me hubiese estado perdiendo eso. Y me sucede con muchos más libros, con autores de muchas nacionalidades. Mi motivación ha sido tratar de transmitir esa sensación que yo tuve a muchas otras personas. Hay muchos caminos a descubrir y el cómic es uno de ellos, sin necesidad de tener que ser autor, dibujante o guionista.

T – Este año además va a haber nuevos cambios en la revista Larva.

 Exactamente, el número 17 de Larva aparecerá en mayo y va a cambiar de formato y de imagen. Va a pasar de ser una revista de algo más de 70 páginas a tener alrededor de 150. Tampoco  tendrá el formato universal de revista sino que será más parecida a un libro de antología. Habrá cómics de autores tan distintos como Julia Wertz, Andrezzinho, Sole Otero, Brecht Evens, Leonardo Espinosa o Joni b, pero todos con algo en común: esa unidad a la hora de buscar historias que expandan el lenguaje del cómic. Hablaremos de esta nueva cara en el Congreso de Ilustración de la Feria del Libro de Bogotá, y será presentada en eventos en Colombia y otros países. En Europa, por ejemplo, participaremos del festival ELCAF, en Londres, y en el festival Tenderete, en Valencia.

Comenzaremos a publicar dos números al año y habrá una temática en cada número. Desde esa temática, encargaremos trabajos a autores de varias nacionalidades. Justamente, la del número de mayo se ha titulado “Regresos”, no sólo por nuestro regreso al mundo impreso sino también de manera simbólica, a un lugar, a un estado anímico…Cada autor asume esa idea del regreso y hay algunos que recuerdan la primera vez que leyeron un libro, o un hipotético regreso a un amor, un sentimiento o a un lugar favorito en el mundo. Los estilos son muy diferentes unos de otros, pero es algo que encaja muy bien con ese sentido de antología que queremos darle.

Además, planeamos ampliar nuestra distribución y estamos cerrando tratos con distribuidores en distintos lugares, tanto en Colombia como en otros países. Nos gustaría tener la revista en algunas librerías y espacios culturales independientes en Europa, especialmente en España. También tendremos una página web que lleva muchísimo tiempo en remojo. Ahí publicaremos crítica y le tomaremos el pulso a lo que sucede en el campo editorial del cómic latinoamericano. Esa misma web tendrá anclada a su vez una tienda virtual que nos permitirá hacer envíos a distintos países y poner en circulación otros proyectos editoriales en los que trabajaremos.

 

Daniel Jiménez Quiroz. Fotografía de Juan Muñetón

Daniel Jiménez Quiroz. Fotografía de Juan Muñetón

– La revista Larva es además el germen del Festival Entreviñetas, un evento en el que contáis con invitados internacionales y que surgió en 2010.

D – En ese momento nos pusimos aún más tercos y decidimos hacer un evento de cómic en un país en el que no había ninguna tradición consolidada en ese sentido. Un evento muy radical en su curaduría, porque no queríamos solamente que la gente del mundo del cómic hablase de cómic, sino también atraer a otro público. Así que invitamos a escritores, músicos y cineastas para que hablasen de cómic, así no supiesen nada del tema. Han participado escritores como Ricardo Silva Romero, Antonio García o Andrés Burgos, quienes han moderado eventos y es genial porque, al final, ellos son narradores con palabras que se encuentran con otros narradores que utilizan el lenguaje gráfico para contar sus historias. Pero hemos logrado un reconocimiento no sólo por eso, también porque hemos sido juiciosos considerando el festival como un punto de encuentro para redes de creadores. Tenemos una programación en la que incluimos a autores internacionales, sin dejar de lado la producción nacional y local. Buscamos favorecer un intercambio creativo entre autores tanto colombianos como de otras partes del mundo, ya sean contextos similares o lugares donde su trabajo puede tener una visibilidad mucho mayor. Además, para nosotros es muy importante hacer el esfuerzo adicional de invitar a editores y críticos, porque sabemos que finalmente son los que abren redes y los que pondrán el foco sobre lo que sucede en Latinoamérica. Todos tenemos cierta claridad de que la escena del cómic en América Latina se está dando no sólo por esa nueva ola de la novela gráfica a nivel mundial, pero también por la cantidad de nuevos autores que hay ahora en países donde antes no había una tradición, como puede ser el caso de Colombia, Perú,  Ecuador…  Nos interesa enseñar esa gran diversidad y compararla con lo que pasa en otros lugares.

T – Hablas de la participación de editores y críticos en Entreviñetas, algo a lo que le dais tanta importancia que les dedicáis un programa especial durante el festival, en el que se incluye la Escuela de Editores, el Laboratorio de Periodismo y Cómic así como un Taller de Crítica y Divulgación.
 Entreviñetas no es un evento masivo sino que apostamos por dirigirnos a la formación sostenida de públicos y ahí es donde entran en juego las programaciones especiales. En Colombia tenemos muchos autores pero pocos editores con una formación específica sobre cómic, lo mismo pasa con críticos y divulgadores, que suelen reseñar en base a sus conocimientos de crítica literaria y eso puede dar lugar a malentendidos. No hay una formación concreta en libreros, bibliotecarios… De ahí que empezásemos a incluir esta programación especial.

T – Entre agosto y octubre tendrá lugar la sexta edición del festival, ¿nos puedes adelantar alguno de los contenidos de la nueva programación?

– El festival tiene sede en varias ciudades, lo que hace que nos vean como unos locos porque somos un equipo muy pequeño y la distancia entre ellas es amplia. Este año nos hemos moderado en la producción, pero no en el alcance, así que hay una cosa que va a cambiar y es que vamos a estar en varias ciudades pero en momentos distintos, más o menos con una o dos semanas de espacio entre cada una. Incluiremos lugares donde nunca habíamos estado hasta ahora, como Cartagena de Indias, y en cada uno habrá una programación y unos invitados distintos. Tendremos alrededor de 17 invitados internacionales en total, entre los confirmados se encuentran autores como Lewis Trondheim, Simon Hanselmann, Ana Galvañ, Joan Cornellà y editores como Gary Groth (Fantagraphics Books), David Schilter (Kuš! Komiksi)…

En 2015 nuestro máximo objetivo es la consolidación de esa programación especial de la que hablábamos y que iniciamos el año pasado.  También hay que destacar que nuestra sede principal será la Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá, lo que para nosotros es increíble y muy elocuente de lo que hemos logrado, porque en algún sentido representa al establishment y fueron ellos los que nos ofrecieron el espacio con el objetivo de atraer nuevos públicos a la biblioteca.

Sorprende mucho que desde el año pasado vuestra sede principal sea la Biblioteca Nacional cuando, hasta 2012, la ley colombiana excluía de sus beneficios tributarios al cómic al no considerarlo al mismo nivel que otro tipo de libros.

Realmente están pasando muchas cosas en Latinoamérica y por fortuna Larva es protagonista de muchas de ellas, tal vez por azar o tal vez por los dioses o demonios de la edición, no lo sabemos. La llamada Ley del Fomento y la Democratización del Libro en Colombia data de 1993 y proponía la exención de impuestos como el IVA en los libros, tanto en la edición como en la producción, distribución… En el artículo segundo sin embargo se excluían las historietas gráficas, las tiras cómicas, los horóscopos, los juegos de azar y la pornografía. Todo un escenario de entretenimiento. Durante años muchas personas tuvimos la intención de que eso se modificase, algo que sucedió en 2012 por medio de Las Cortes y luego de una demanda de un grupo de personas que lideró ese camino. Es curioso que si se busca esa sentencia  –se puede encontrar vía Google– se puede encontrar el texto larguísimo que incluye las opiniones que se pidieron a miembros de universidades, instituciones culturales y distintas organizaciones a las que se consultó antes de tomar una decisión. Entre ellas se incluye la postura del Ministerio de Cultura, entidad que coordina el trabajo de la Biblioteca Nacional de Colombia, que opinaban que no había que hacer ninguna modificación a la ley. Entonces sí, es muy curioso que la Biblioteca Nacional sea sede del festival y un logro importante, que si se quiere también puede ser catalogado de simbólico.

 

Adelanto del próximo número de Larva. Página de un cómic de Andrezzinho

Adelanto del próximo número de Larva. Página de un cómic de Andrezzinho

 

T – Hablamos de que el panorama editorial en Colombia ha cambiado, ¿qué editoriales del país consideras especialmente interesantes a día de hoy por los cómics que publican?

– Habría que empezar por una descripción del mercado editorial colombiano, en su sentido más amplio. Lo cierto es que no es tan significativo y rico, sin importar qué contenido se edite, sea literatura o poesía o cómic. Aspectos relativos a la circulación diversa de géneros y contenidos son conceptos que se han aplicado desde hace poco menos de 10 años. La circulación es débil en muchas zonas del país, pues existen ciudades que no cuentan con al menos una librería. Los índices de lectura son bajos y los programas de lectura son tan recientes que siguen siendo conservadores y tímidos, pues en muchas ocasiones subestiman al lector. Sin embargo, la apuesta apenas se aclara y en los últimos años han cambiado, para bien, muchas de las prácticas anquilosadas del sector en Colombia. Y aquí me atrevería a decir que el cómic ha sido clave a la hora de aportar a ese giro de tuerca como un ingrediente renovador y atractivo, pues desde la marginalidad, en contravía de los mecanismos más oficiales, ha construido redes de circulación alternativas. Un ejemplo concreto es que, al complicarse su edición en papel durante tantos años por cuenta de la citada Ley del Libro, el cómic colombiano se hizo a herramientas de la edición digital mucho antes que los demás actores del sector. Es en ese caldo de cultivo donde aparecen los proyectos de cómic en Colombia a mediados de la década pasada, en papel y digital. En la actualidad hay tres editoriales que publican juiciosamente un cómic al año, al menos [risas]: La Silueta, que logró cierta notoriedad al publicar inicialmente a Powerpaola, que es una autora que ha trascendido las fronteras colombianas. Cuentan con una trayectoria destacada como un estudio de diseño que además edita libros que son muy preciados como objeto. Rey+Naranjo es una editorial que publica muchas cosas: novela, ensayo, libros de imagen y también cómics, con un acercamiento más comercial. Ellos son los que editaron la novela gráfica acerca de la vida de Gabriel García Márquez, también publicaron otra con la vida de Juan Rulfo y preparan una dedica a Borges. Es una aproximación diferente, más comercial, y al mismo tiempo necesaria como parte de las opciones que puede ofrecer el mercado. También destacaría una editorial más pequeña, Robot, en la que colaboré durante un par de años. Lo que tiene de particular es que trabaja en proyectos mucho más concretos, porque los editores son también autores de cómic así que tienen muy definido el tipo de gráfica que les interesa. Además, ellos están más concentrados en las ferias independientes. Hay otras editoriales que van a empezar a publicar cómic como Laguna, con un nuevo sello al que han llamado Cohete. A esos proyectos, que abrazan la edición de novelas gráficas, se suman otros con diversos estilos y publicaciones que, aunque son menos visibles para el público general, no habría que dejar por fuera del radar, pues enriquecen ese panorama: Surreal Cómic, Go Up Cómics, El Globoscopio, Películas Gayer y El cómic en línea. Todos ellos, en la medida de su constancia y sostenibilidad, permitirían hablar de la consolidación de una escena del cómic en Colombia en el mediano plazo. Soy optimista como tal, pero nunca dejaré de ser escéptico en la medida de lo mucho que falta para lograr un verdadero reconocimiento de esa escena.

Ahora, también es importante ampliar la vista y hablar de lo que sucede en otros países de América Latina, lugares en los que también vibran nuevas aproximaciones al cómic. En Argentina, por ejemplo, hay un mar de jóvenes editoriales que han ido transformando esa relación con una tradición tan importante en ese país. De allí destacaría lo que hacen Loco Rabia o La Pinta, editoriales que han construido, de a poco, un catálogo de valor; Común, la editorial que lidera Liniers, una rara avis que publica contenidos largos, muy exquisitos y bien editados; en definitiva una editorial de autor. En Perú la editorial Pictorama es muy buena y está por presentar tres libros de tres autores peruanos que vale la pena rastrear: Rodrigo La Hoz, Eduardo Yaguas y Jesús Cossio. Por último, existen otros tantos proyectos que desde lo digital enriquecen ese panorama. Citaría ahí, principalmente, a Parias Cómix.

 

Como editor de la revista has apostado por promover la obra de muchos dibujantes. Si tuvieses que recomendar al lector europeo alguna de las jóvenes promesas del cómic latinoamericano, ¿a quién destacarías?

En el caso colombiano recomiendo a Joni b, publicado en España por Periférica, y a John Joven, un autor de cómic más bien inédito, pero que muchos en el medio reconocemos como un gran narrador con sensibilidades muy profundas; en Perú me entusiasman Rodrigo La Hoz, autor del cómic Islas, y a David Galliquio, que se ha hecho carrera en los fanzines. En Bolivia hay un autor de origen cubano llamado Frank Arbelo que me parece un autor increíble narrativa y gráficamente. En Argentina hay distintos nombres que siempre tengo en el radar como puede ser los de Ignacio Minaverry, autor de Dora, un cómic emotivo con una narrativa redonda y que alcanzó a ser publicado en España por Sins Entido. O Berliac, también argentino pero residente en Berlín desde hace unos años, un autor que reflexiona, que cuestiona e incomoda a algunos, pero que con un estilo resuelto busca quebrar las tradiciones del lenguaje del cómic, abriéndose poco a poco un hueco en el mercado alemán, inglés y estadounidense. En México una autora joven con un trabajo interesante es Inés Estrada. Marcela Trujillo, la autora chilena, gráficamente es increíble, maneja muy bien la tinta y además tiene unas narraciones autobiográficas muy fuertes, enfocadas a lo que ha sido promover su trabajo profesional como mujer. Por otro lado está Brasil, todo un universo por su cuenta y al que es, a veces, difícil seguirle la pista por cuenta del idioma o de los obstáculos del comercio editorial. De allí se me ocurre señalar dos nombres: Rafael Coutinho y Nik Neves.

T – Algunas lecturas que nadie debería perderse.

D – En cómic, algo que me ha parecido emocionante pero al mismo tiempo inteligente es Grandes preguntas, de Anders Nilsen. Un mamotreto de 600 páginas que me sorprendió mucho por su tono narrativo y su dibujo, con una línea pura en blanco y negro. Tiene una sensibilidad enorme a nivel emocional y de memoria. Hoy pienso en ese libro, pero seguro después podría dejarme llevar por otras referencias o títulos. Algo muy valioso es que en la actualidad el cómic ofrece un paisaje tan diverso que es difícil quedarse con un único recomendado. Y claro, para ser coherente con aquello de la dieta del lector, también recomendaría por estos días a Charles Simic, que se ha convertido en uno de mis poetas preferidos. Entre todos sus libros me quedo con una antología llamada The Voice at 3:00 A.M. Por último, mi lectura en mi maleta viajera por estos días, el Fantastes, de George McDonald, que editó Atalanta recientemente.

Y para acabar, una canción que puedas escuchar una y otra vez sin cansarte.

 Como ha sacado nuevo disco, tengo a Sufjan Stevens en mi cabeza todos estos días, escuchándolo por horas seguidas. Para escapar de ese acoso, tendré que recomendar algo de él. Creo que por hoy puede ser The Only Thing.


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