Estrella de Diego: “El canon es que no hay canon”

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Estrella de Diego es una de las historiadoras del arte españolas más reconocidas en el panorama nacional e internacional. Profesora en la Universidad Complutense de Madrid -donde ocupa la cátedra en Arte Contemporáneo-, columnista, escritora, comisaria e investigadora, fue pionera en nuestro país en estudios de género. Hablamos con ella en su despacho, sobriamente decorado aunque rebosante de libros.

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Estrella de Diego

IRENE- ¿En qué momento de tu vida te diste cuenta de que te ibas a dedicar a la Historia del Arte?
ESTRELLA- Fue una vocación muy tardía. Yo iba a estudiar física y, de hecho, hice todo mi bachillerato de ciencias, pero me fui a estudiar a Inglaterra y en los cursos que se hacen para entrar a la universidad tuve un profesor de historia de la arquitectura maravilloso, y ahí cambió mi idea. Era un profesor que nos hacía mirar y era muy bueno empatizando con las obras de arte. Igualmente siempre me había gustado el arte, me llevaban al Prado cuando era pequeña… pero nunca lo había pensado como algo profesional.
Cuando volví a España, ante la perplejidad general, decidí que cambiaba totalmente de rumbo y que iba a estudiar Historia del Arte.
No he vuelto a tocar la física. En un momento dado me planteé estudiar Económicas; también era pianista y barajé la posibilidad de dedicarme a la música, estudiar Musicología. Nunca he sido una persona con una vocación clara. Me costó encontrar lo que me gustaba, pero cuando lo encontré fue definitivo.
Mi madre me cuenta que cuando dije que iba a estudiar Historia del Arte, pensó: “Se va a morir de hambre”, así que el hecho de que tenga un trabajo más o menos normal, a ella le parece un milagro [risas].

"Warhol sobre Warhol", exposición comisariada por Estrella de Diego en 2008

«Warhol sobre Warhol», exposición comisariada por Estrella de Diego en 2008

I- Eres docente, escritora, comisaria y columnista. ¿Qué te aporta cada una de estas facetas? ¿Cómo logras compaginarlas?
E- Quizás todas estas facetas resuman la idea de querer ser física, pianista, estudiar economía… No me gusta quedarme en un punto quieta, me gusta explorar varios campos. Si lo miras detenidamente, debajo de todas estas facetas está lo que siempre me ha interesado, que son las preguntas: hacer preguntas, o que me las hagan, y contestarlas. Creo que es un método científico, tanto para ciencias como para humanidades.
Escribir siempre me ha fascinado, eso sí se puede decir que ha sido mi vocación constante, me gustaba mucho escribir y es la única cosa que se mantuvo aquellos años en los que cambié tanto de idea. Me parece maravilloso que me paguen por hacer una cosa que me gusta tanto.
Y sí, es verdad que hago muchas cosas, y las que no se ven, porque soy un ama de casa total [risas]. Sobre compaginarlas, aunque yo no tengo hijos, tengo padres y amigos, personas a las que cuidar, así que me he acostumbrado a trabajar en cualquier momento. También es cierto que dedico mucho tiempo al trabajo y no tengo ocio porque mi ocio es el trabajo. Yo creo que a muchos historiadores del arte nos pasa – o quizás no- que vamos a una exposición y eso ¿qué es?, ¿ocio o trabajo?

I- ¿Y qué responsabilidad conlleva cada una de estas facetas para con los distintos públicos a los que te diriges (estudiantes, artistas, galeristas, críticos…)?
E- Quiero aclarar que no suelo escribir crítica, fundamentalmente escribo columnas que hablan sobre un problema general. Crítica nunca he hecho, aunque me parece muy bien que haya crítica. Pero si uno es, por ejemplo, comisario, es más complicado tener que hacer crítica, por lo que mis columnas son de opinión; parto de un acontecimiento concreto, referido a un problema mayor y muy raramente me centro en un tema en especial.
La responsabilidad que cada faceta tiene para mí, se resume en algo, que intento llevar a raja tabla, que es ser coherente y ser responsable con los demás, efectivamente. Si yo tengo que dar una conferencia, me la preparo, aunque sea un público muy general. Me parece que el tiempo de la gente, bien sea escuchándote, bien sea leyéndote, es muy valioso. Improvisar no va conmigo. Soy una persona – o al menos lo intento- coherente por una parte y concienzuda por otra.

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I- Me ha llamado la atención que digas que no eres crítica cuando muchas veces se te presenta como crítica.
E- Siempre digo que critico mucho, pero crítica no soy. Yo soy columnista, que es algo referente a la opinión. Crítica, técnicamente hablando, no he hecho nunca en mi vida. He escrito muy poquitos textos a artistas y solamente han sido para artistas que me gustan mucho, que son amigos personales. Tampoco colecciono. Tuve muy claro, dentro de mi propio código deontológico, que si escribía, no podía coleccionar. No dejo tampoco que mis amigos me regalen arte.

I- ¿Es incompatible hacer crítica y ser coleccionista?
E- Para mí, sí. Escribir crítica o hacer una exposición, me parece que es bastante incompatible con ser coleccionista. ¡Para mí!, no estoy juzgándolo y cada uno puede hacer lo que quiera. Pero imagínate que, de repente, ayudas a un artista del cual tienes obra, a ponerlo en marcha, a auparlo. No estoy diciendo que la gente haga maniobras perversas -no creo en las conspiraciones-, sino que como te gusta mucho, lo tienes en tu colección y, además, ayudas a promocionarlo. Y ahí yo creo que sí que puede haber conflicto de intereses.

"El bautismo de Cristo". Obra de Verrocchio. La cara del ángel y el paisaje son obra de Leonardo da Vinci. 1575-1478

«El bautismo de Cristo». Obra de Verrocchio. La cara del ángel y el paisaje son obra de Leonardo da Vinci. 1575-1478

I- Si hay una pregunta que recibo constantemente es: ¿qué es el arte contemporáneo?¿Qué sueles responder tú?
E- Yo tomo dos frases prestadas. Eso que decía, creo que era, Donald Judd: “Si el artista dice que es arte, es arte” y la otra frase, que me gusta más, de Juan Antonio Ramírez: “Si está en un lugar del arte, es arte”, y ya está.
Yo no sé qué es arte. Cuando tenemos una cosa delante, intuitivamente sabemos si vale o no vale, si es buena o no es buena, o si es una patraña o no. Ahora no hay un canon. Seguramente en tiempos de Leonardo había un canon, pero cuando ves el cuadro de Verrocchio y la carita de Leonardo, pues está claro que unos tienen mano y otros no. Incluso un artista conceptual puede tener mano, puede ser una mano de proceso y no de producto.
Referente a este tema, hace unos años me encargaron en Caja Madrid, para La Casa Encendida, un proyecto que me gustó mucho desarrollarlo y quedé muy satisfecha con el resultado. Elaboré unas fichas con preguntas, enfocadas a la visita de escolares sobre todo, pero también público en general, que funcionaban como una guía que venía a decir: “No pasa nada porque a usted no le guste, pero que no le guste no quiere decir que sea malo”. A mí no me gusta Beuys y no por eso le descalifico. Eran herramientas para saber cómo enfrentarse al arte contemporáneo, qué preguntas hacerle, qué preguntas poder contestar y cuáles no. De todas formas, creo que cada vez menos gente se pregunta “¿esto es arte?”

I- En esta subjetividad contemporánea ¿bajo qué criterios nos podemos regir los profesionales del arte para juzgar la calidad de una obra?
E- Aquí ha pasado algo importante y es que ya no hay canon establecido, como decía. Probablemente tampoco entendemos a Botticelli, por ejemplo, creemos que le entendemos, como tenemos la sensación de que entendemos Las Meninas porque es una obra figurativa, pero yo, que leo todo lo que se publica sobre Las Meninas porque me fascina esta obra, no me puedo imaginar entenderla. ¿Sus contemporáneos sí la entendían? Hay que tener en cuenta una cuestión, ¿cuántas de las personas del siglo XVI tenían acceso a esta obra? O ¿cuántas personas tenían acceso a las obras de Botticelli? Es un asunto que me parece muy interesante. Por otra parte, yo no sé mucho de Giotto, pero el otro día leí un libro que planteaba que quizás esas capillas públicas no eran públicas y no se abrían, eran privadas, con lo que cambia todo. ¿Cuánta gente tenía acceso a estas obras y cuánta gente tiene ahora acceso a los museos? Yo creo que el problema no es tanto el qué y el cómo sino el quién. Tengo la impresión de que ahora cualquier persona puede ir a ver cualquier tipo de obra. Es un cambio de paradigma, porque los mandatarios que tenían acceso a Las Meninas, no es el mismo público de ahora, que va a ver a Fontcuberta.
Yo creo que para tener buen criterio, igual que cuando estamos viendo el Renacimiento o cuando estamos oyendo música, la cuestión es ver. Mirar y mirar y mirar, y a base de mirar, el ojo se va haciendo y distinguimos lo que es un filfa de lo que no lo es, pasa igual cuando vemos una copia de un original. La mirada tiene que entrenarse, y no tiene que ser una mirada de experto necesariamente para poderse entrenar. Cuando me dicen: “No entiendo de arte contemporáneo”, les digo: “Bueno, pues visita más arte contemporáneo”. Se acaba apreciando ese cambio de paradigma, que yo no tengo tan claro que tenga que ver con la subjetividad… Hay un cambio de canon y ya no hay canon… Mejor dicho, sí hay canon: el canon es que no hay canon.
Y las pugnas sobre qué es arte y que no, ya estaban en otros momentos históricos, cuando llegan las academias, que ponen como ley lo que era norma.
Otra cuestión importante es que nunca se ha manejado tanto dinero pegado a lo corporativo y eso también hay que tenerlo en cuenta, lo que le interesa a unos que suba -lo que te decía de los coleccionistas-, lo que les interesa a otros que baje…Todo ha cambiado mucho, el mercado ha cambiado, no en esto sólo, en todo, y hay muchos intereses y conflictos que derivan de ahí muchas veces. Igual que habría gente a la que no le gustaba Leonardo, lo que ocurre es que el modo en que nos llega a nosotros ha cambiado, porque de Leonardo escribían tres y ahora escriben de arte trescientos, es un problema de cantidad en muchos casos, pienso.

Capilla Scrovegni, con frescos de Giotto, 1305-6

Capilla Scrovegni, con frescos de Giotto, 1305-6

I- Ya que has nombrado las academias, te queremos dar la enhorabuena por tu reciente nombramiento como académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. ¿Qué supone este hecho en tu carrera profesional? ¿Qué planes tienes en la Academia?
E- No lo veo como lo que supone en mi carrera profesional, sino lo que supone en la carrera profesional de las mujeres. Cuando en un sitio donde hay pocas mujeres, entra alguna tenemos la obligación de aceptar el reto.
Para mí significa un honor, desde muchos puntos de vista, pero sobre todo significa la presencia de mujeres en un ámbito donde durante mucho tiempo no ha estado tan claro que las mujeres entraran igual que los hombres, no específicamente en la Academia de San Fernando, en todas en general. Y para mí es también otro acontecimiento por motivos personales, porque al principio de mi carrera, cuando estaba haciendo la tesis, estuve ordenando el archivo de la Academia y le tengo especial cariño, es como volver a casa, a los orígenes.
Planes no tengo aún, cuando uno llega a un lugar con tanta historia y costumbres, hay que ir con cautela, soy una persona prudente y cada institución lleva su ritmo. Hay que ver primero cómo funciona y luego empezar a proponer, porque si uno propone nada más entrar se hace antipatiquísimo.

I- ¿Qué consejo le darías a una persona que quiera seguir tus pasos?
E- Yo creo que trabajar, trabajar mucho y trabajar responsablemente. Ahora es verdad que el trabajo está fatal, pero cuando yo acabé la carrera se podía ser: profesor de instituto, conservador de museo o profesor de facultad. No había galerías ni comisarios… Todo eso no existía, directamente. Por eso mi madre pensó: “esta chica, ¡a qué se va a dedicar!” [risas].
Esa idea de la perseverancia me gusta y no querer tampoco hacer todo de golpe, ir trazando un camino, no querer arrebatar las cosas y seguir las intuiciones. Cuando acabé la tesis, estuve dando clases en la Facultad pero luego pensé: “¿Quedarme ya aquí para siempre…?” Así que pedí una beca Fullbright, me la dieron y me fui, todo el mundo alucinaba, excepto mis padres que me animaron a irme. Me fui y no sabía si tendría plaza al volver en la Facultad, pero era una responsabilidad que tenía conmigo misma.
Y la formación continua, yo ahora mismo me sigo formando.
Tener claro que si uno trabaja, de verdad lo consigue.

I- ¿Crees que el actual sistema de galerías de arte está cambiando?
E- Hay galerías clasiquísimas, Juana, Helga… Pero también hay muchísimas galerías jóvenes, que me interesa cómo están planteando las cosas y su forma de trabajar. Muchas de estas galerías quieren cambiar el sistema, otras saben que no lo van a poder cambiar, así que ahora van a ferias juntas, cogen un stand entre cuatro o cinco galerías. Hoy en día la competencia está en otros lugares.
Tenemos un nivel de cambio de era del que no somos todavía conscientes y que a mí me pilla ya mayor, estoy acostumbrada a trabajar de otro modo. Estamos a empezando a trabajar de una forma muy cooperativa: ¿cómo se vive sin dinero? El otro día leí que ha habido una polémica en las galerías británicas, porque uno de sus sponsor tiene una doble moral sobre la ecología, como pasa con muchos sponsor, y se cuestionaban hasta que punto había tenido poder en algunas decisiones. Estamos en un punto en el que nos interesa saber de dónde viene el dinero más que nunca; le preguntamos al dinero de dónde viene, porque la cultura se puede convertir en un lugar de blanqueo moral.
A este cambio de era no le hemos tomado todavía el pulso. Yo no sé si los millennials lo van a entender, yo creo que la gente de la generación anterior sí, pero es muy radical todo lo que está pasando.

I- ¿Y la figura curatorial en España?
E- Esta es una pregunta complicada. El problema que hay es que muchas veces ser comisario exige una cierta formación o experiencia. No creo que uno pueda ser comisario aprendiendo sólo en una escuela a ser comisario, aunque es una opción. Puedes ser comisario de varias formas. Ahora se ha convertido en una especie de figura a la moda. Ocurre otra cosa sobre la que no tengo opinión, aunque sí que pienso en ello: hay artistas/galeristas/comisarios y eso, que para mí sería un conflicto de intereses quizás ya no lo sea. Es otro cambio radical.
Me siento como Bauman en la modernidad líquida. Uso bastante internet, aunque no tengo redes sociales por falta de tiempo, y para mi generación esto se percibe como un exceso de información sin jerarquías, lo que falta es volver a tener esas jerarquías. A lo mejor es una idea antigua mía, pero creo que sí, lo veo en los comisariados a veces. Estamos en una sociedad muy deshilvanada, simplemente porque estamos en este cambio e intentamos encontrar nuestro lugar en esta sociedad de haikus (whatsapp, twitter…)

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I- Has sido una de las primeras investigadoras feministas de la historia de España, ¿con qué problemas te encontraste a la hora de realizar tu tesis? ¿Crees que estos problemas siguen existiendo?
E- Como investigación feminista en España, con perdón, la primera fue la mía. Empecé en el año 81, que nadie sabía por dónde iban los tiros. A finales de los 80 trabajaba Mar Villaespesa en la exposición «100%».
Me dirigió la tesis el profesor Antonio Bonet Correa, que a lo mejor tampoco le interesaba tanto el tema pero tuvo la perspicacia de dejarme hacerlo. Yo creo que él con sus alumnos -como por ejemplo, con Juan Antonio Ramírez, al cual le dirigió una tesis sobre cómic- era un visionario y dejaba que la gente hiciera temas, que igual no iban del todo con él, pero le parecían interesantes.
El primer problema con el que yo me encontré era que no había bibliografía, ni aquí ni en ningún lado: fichas perdidas o hechas un desastre, decían que era un tema académico… Pero el problema más importante fue a nivel personal y es que yo iba a Londres, compraba libros, leía todo aquello y me quedaba patidifusa, pensaba sobre este maltrato a la mujer en todos los ámbitos. Esto me afectó mucho, incluso recriminaba cosas a la persona con la que vivía, que a lo mejor no había hecho nada, pero ya lo habían hecho por él otros antes. Ahora cuando las personas estudian cuestiones feministas ya tienen alguien con quien hablar. Yo no tenía nadie con quien hablar de todo este horror que estaba descubriendo.
Me acuerdo que una amiga mía, Ana Alberdi, que era clavecinista, me dijo: “Vete a hablar con mi hermana”, que era Inés Alberdi, socióloga, ella entendió los agobios que yo tenía.
Fue un ejercicio de soledad porque los escollos académicos, quizás un poco subidos, eran los que cualquiera tiene al hacer la tesis, pero era la idea de algo que te afecta mucho a tu vida personal y que además tienes que defender aquello ante un tribunal… A mí me llegaron a preguntar en el tribunal que por qué odiaba a los hombres.
¿Qué es lo que aún queda? Pues que falta mucho por hacer. Mientras haya un académico de la lengua que hable de una persona diciendo que es una pescadera, como si fuera un problema ser una pescadera. Se dice “habla como una verdulera”, pero yo nunca he oído la expresión “habla como un verdulero”. Sigue habiendo un reducto machista bastante radical en todos los campos.

I- ¿Existen claves para unas buenas prácticas feministas en el sistema del arte?
E- Es que no vale ser feminista en el mundo del arte, hay que ser feminista o no serlo. No puedes ser feminista de día y no feminista de noche. Uno estudia mujeres artistas o movimientos feministas porque es feminista, no se convierte en feminista porque hace arte feminista. Probablemente el problema es ese. Ser feminista no es ser barthesiano. Lo que piensas es como vives y si quieres ser feminista porque crees que es una cosa que está a la moda, no sacarás mucho en limpio, pero bueno, allá cada cual.

I– ¿Nos puedes recomendar a alguien que hayas descubierto hace poco, o que sea poco conocido, a quien no debamos perderle la pista?
E- No sé si tanto como descubrir, pero una de las jóvenes artistas que en los últimos años más me ha llamado la atención, es Elena Alonso. Es una joven artista y la descubrí en una exposición en Espacio Valverde, que es una galería que me gusta mucho, hacen unas exposiciones muy divertidas y muy bonitas. De las últimas generaciones, es una de las artistas que me parece que hay que seguir, me parece rigurosa; yo siempre con mi concepto del rigor: no me gustan las cosas que duran poco, me gustan las cosas que van ocurriendo y que no se terminen al cabo de un rato.

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I- ¿En qué futuros proyectos estás trabajando?
E- Estoy haciendo un proyecto que es como una especie de dream team para mí. Es sobre Gala Dalí, un personaje sobre el cual he investigado y escrito mucho. Será en el MNAC, en 2018.
Mi teoría es que Gala es coautora de los trabajos de Dalí, ya que Dalí firmaba: “Gala Salvador Dalí” y creo que todos los retratos de Gala, son autorretratos.
Luego vamos a mostrar trajes de Gala, fotografías maravillosas… Fue amante de Max Ernst, Man Ray la fotografió multitud de veces… No es una musa de la vanguardia, es una artista de la vanguardia.

I- Y por último, ¿nos recomiendas un libro y una canción?
E- La canción: “Under pressure” de Bowie y Mercury, no tengo ninguna duda.
El libro, como estamos hablando de estas cuestiones, Virginia Wolf – “Una habitación propia” y para quien se lo haya leído,recomiendo otro: Rita Indiana – “La mucama de Omicunlé”. Hacía tiempo que no un libro no me dejaba sin dormir, ¡un ritmo trepidante!

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Créditos de las imágenes: www.fuenterrebollo.com, www.lacasaencendida.es, www.todocoleccion.net , www.casadellibro.com, www.elcorteingles.es, masdearte.com

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