José Guerrero: sumergido en el color

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El Centro José Guerrero exhibe trabajos del artista granadino realizados entre los años setenta y ochenta, como parte de la celebración de su centenario; en relación a este acontecimiento se han seleccionado algunas obras para los carteles del Festival Internacional de Música y Danza que se celebran en los jardines del Generalife. También se exponen unos desconocidos collages del artista.

La obra de Guerrero induce a sumergirse en la pintura, a ensimismarse en ella. Cada obra, cada cuadro, cada lienzo es una invitación a una recrearse en el color, a vivirlo. Los trazos tan deshechos, y tan definidos a la vez, imprimen fuerza, actitud, pensamiento y personalidad.
En los años setenta y ochenta su estilo se intensificó aún más y se adentró en el color por completo, así como en la abstracción más alejada de cualquier rastro de figura.
Seguramente fueron aquellos jóvenes protagonistas de finales de los setenta y principios de los ochenta, esos testigos de la transición, los que influyeron también en José Guerrero en estas obras. De ellos decía: “ buscan una simplicidad muy difícil de alcanzar. Y esa simplicidad me está interesando mucho”. Evidentemente el artista fue a su vez un referente para aquellas generaciones, y todavía hoy lo sigue siendo para las venideras.

Variaciones Azules, 1957. Óleo sobre lienzo 137 x 179 cm.

Variaciones Azules, 1957. Óleo sobre lienzo 137 x 179 cm.

Relativamente desconocido en su tierra, hasta hace bien poco, Guerrero marchó a Nueva York en 1950 tras haber sido becado en ciudades de Europa como París o Roma y haber vivido en Londres y Bruselas. Una vez en Estados Unidos comenzó a trabajar con la galerista Betty Parsons quien le introdujo en el círculo de la Escuela de Nueva York, a la que se unió más tarde. Allí conoció y trabó amistad con artistas como Rothko, Motherwell, Steinberg y Lindner y también mostró interés hacia la obra de Pollock y el action painting aunque no se llegó a adentrar en esa línea de trabajo: “yo siempre he querido meter la energía dentro del cuadro. En ese sentido, mi pintura no es como la de los actions painters más genuinos para los cuales la energía desborda los límites del cuadro”.
A partir de los años sesenta comienza a viajar regularmente a España y llega a pasar una larga temporada cuando también se involucra en el proyecto del Museo de Arte Abstracto, en Cuenca. A finales de los sesenta vuelve a Nueva York, y será su última etapa norteamericana antes de volver definitivamente a España, en un momento en el que se prepara el caldo de cultivo de lo que será la movida de los ochenta a nivel artístico y cultural. “Su actividad siguió a partir de entonces una clara dirección, elaborando una obra coherente y con una poética muy definida hasta mediados de los años ochenta” comenta Juan Antonio Ramírez sobre el cierre de etapa neoyorquina, en la cartela de Lateral negro, realizada en 1974.

Lateral Negro, 1974. Óleo sobre lienzo,162 x 130 cm.

Lateral Negro, 1974. Óleo sobre lienzo,162 x 130 cm.

Son especialmente interesantes los veinticinco collages, nunca expuestos anteriormente, realizados a finales de los años setenta, en los que demuestra el perfecto conocimiento del color, ese rojo tan característico suyo, y unas composiciones cromáticas armoniosas que sin necesidad de poseer conocimientos previos sobre arte contemporáneo hacen que los colores fluyan y se comuniquen con el espectador de manera natural.
Su última serie se tituló precisamente “comienzo” o “apertura”, este último nombre es el que ha tomado la exposición por la relación con la pieza musical, y con los Festivales Internacionales de Música y Danza, cuyos carteles son imágenes de piezas pertenecientes a esta serie.

El cartel de la exposición es uno de los desconocidos collages realizados entre los años 77-78.

Uno de los desconocidos collages realizados entre los años 77-78 es la imagen del cartel de la exposición.

Que la última serie que empezase el autor se titulase “comienzo”, no hace más que pensar en la constante búsqueda y crecimiento artístico del artista, que hasta pocos años antes de su muerte, en 1991, seguía pintando e investigando, con colores cada vez más vibrantes, más brillantes, más energéticos. En la cartela de Azul Añil,1989, encontramos un texto de María de Corral que comenta al respecto: “La obra de Guerrero de los noventa […] es una transformación del color en forma, donde el proceso de percepción es mucho más lento, y donde entendemos la importancia que en su obra adquiere la naturaleza emocional del espacio y el proceso físico de crearlo”.
Podemos afirmar que José Guerrero fue el pintor que trajo la modernidad, los aires más renovados, directamente de Nueva York, a un grupo de jóvenes pintores granadinos, que establecieron una relación simbiótica con el artista. Aprendían de él y él aprendía de ellos, de su juventud y de sus nuevas formas. Gracias a Guerrero, Granada vivió una etapa muy fructífera en el panorama artístico, que difícilmente se podrá volver a dar, evidentemente por todas las características políticas del momento, y por los nuevos medios de comunicación que hoy en día facilitan el intercambio de ideas e influencias de manera mucho más sencilla que entonces.

Azul Añil, 1989. Óleo sobre lienzo, 185 x 145 cm.

Azul Añil, 1989. Óleo sobre lienzo, 185 x 145 cm.

Y es que Guerrero fue sabio al seguir las palabras que Federico García Lorca le dirigió, cuando el pintor contaba con tan solo con catorce años de edad: “Tira tus pinceles al aire y vete de Granada”.Ya que, a pesar de la trayectoria artística más que consolidada que presentaba el artista, en Granada no se le reconoce por completo. Incluso cuando se inician los trámites para otorgarle la Medalla de Oro a las Bellas Artes, en 1984, la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada pone trabas a tal designación, alegando que no tienen suficiente información sobre el artista. Y no es hasta 1989 que la propia Diputación de Granada no adquiere obra del artista granadino. Sin ir más lejos, en 2009, el Centro Guerrero estuvo a punto de cerrarse por diferencias entre la familia del artista, y los organismos políticos responsables del Centro Guerrero. Gracias a un poderoso movimiento popular el Centro Guerrero sigue abierto y de forma gratuita, proponiendo exposiciones de arte contemporáneo de calidad y pertinentes, aunque en un apartado un tanto marginal si lo comparamos con la cantidad de esfuerzos económicos, políticos y humanos que se le dedica a la perjudicada Alhambra, tan flasheada como acordonada.
Gracias – o debido – a todos estos hechos, lo cierto es que podemos disfrutar del Guerrero más desconocido en esos collages, el más íntimo, en las pinturas últimas de su carrera y de su vida, el de los más grandes formatos, como si quisiera sumergirnos en los cuadros, envolvernos en el color: “ el color no es sólo color, sino comunicación, energía, tránsito” – decía el artista – ; todo esto en “Apertura”.

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Web del Centro José Guerrero:  www.centroguerrero.org
Bibliografía: VVAA. «El efecto Guerrero. José Guerrero y la pintura española de los años 70 y 80». Diputación de Granada, 2006.
Créditos de las imágenes: Centro José Guerrero

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