Marina Abramovic: ¿amor u odio?

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Hace unos días que terminó la muestra “Holding Emptiness” de Marina Abramovic en el CAC de Málaga y comisariada por Fernando Francés. Una exposición temporal donde se realizaba un breve recorrido por la amplia trayectoria de la artista, con especial hincapié en las obras más recientes. La obra de Abramovic no es fácil de asimilar para todos los públicos y durante los últimos años han surgido algunos detractores de la artista.

En la exposición del CAC de Málaga hemos podido ver obras como “The artist is present” (2010), que muchos recordarán por el vídeo que se ha propagado casi de manera viral donde la organización del MoMa, museo en el que se celebraba la performance, trajo al antiguo compañero artístico de Marina, Ulay, para que se reencontrasen años después. A través de este vídeo mucha gente ha conocido a Marina Abramovic y las reacciones han sido muy variopintas: desde personas que se emocionaban profundamente con el reecuentro en mitad de la performance y comprendían toda la puesta en escena de la acción, hasta otros que se indignaban clamando sentido común y pidiendo que no se considerase arte lo que Abramovic hace.

A raíz de esta división de comentarios, y de la reciente exhibición en el CAC de Málaga, me interesó saber cómo se valora en la red a la artista. No hay punto medio. A Marina Abramovic se la odia o se la ama. Y la gente que la odia se organiza más y mejor que la gente que la ama.

Un ejemplo con bastante fuerza, quizás debido a la “buena causa” que le acompaña, es el movimiento MARFA, (en inglés The Marina Abramovic Retirement Fund of America), Fondo de América para la jubilación de Marina Abramovic, que se denomina a sí mismo como un grupo de acción dedicado a parar la producción de obra de Marina Abramovic, a la vez que ayuda a la Sociedad Americana de Leucemia y Linfoma. El proyecto supuestamente funciona con donativos y detallan las acciones que tomarán en función a los que reciban: “Las donaciones a MARFA que excedan de 2,080$, servirán para retirar los fondos propuestos para una serie de vídeos educativos que Marina Abramovic está creando junto con el Louisiana Museum en Dinamarca y el Consejo Budista de Extrema Iluminación”. Con esos “vídeos educativos” se refieren al famoso vídeo de “cómo beber un vaso de agua”, donde la artista da precisas instrucciones para beber un vaso de agua y hacer de la experiencia un momento único, siguiendo su método performático.

Lógicamente MARFA advierte que la página es una sátira y no es un grupo real contra la artista, aunque lo cierto es que sí que vende camisetas con mensajes anti-Abramovic, como esta, donde se puede leer “La artista es desagradable”.

camiseta de MARFA

Otro ejemplo, menos trabajado, eso sí, son las creaciones de unos memes en este tumblr llamado “los problemas de Marina Abramovic” donde se ridiculiza a la artista y a su trabajo.

Meme de Marina Abramovic

«¡Oh dios mio! La próxima vez que acuerde una colaboración debería asegurarme totalmente primero de que el artista es humano porque esta oveja es una completa idiota»

¿Pero por qué este odio hacia Marina Abramovic? Hemos de admitir que el arte contemporáneo nunca ha sido aceptado como “arte” por parte de algunos estratos de la sociedd, y muchas veces el hermetismo al que parece ser sometido no ayuda a quitarnos etiquetas, no obstante, el odio profundo hacia esta artista parece que viene desde varios frentes. Fue muy criticado el crowdfunding que puso en marcha el año pasado para el Marina Abramovic’s Institute, un centro de performance, música, danza, cine, teatro y educación artística en general, donde impartirán el método Abramovic y el método de trabajo de larga duración. La puesta en marcha de este crowdfunding fue muy criticada, puesto que parece un proyecto personal y la artista no tiene problemas económicos. De hecho, si nos paramos a leer el proyecto, comprobamos que Abramovic ya ha gastado en el proyecto más de un millón de dólares, y el crowdfunding era de 600.000$ (que se consiguieron). Sea como fuere, este proyecto levantó ampollas.

Marina con una maqueta del MAI © OMA

Marina con una maqueta del MAI © OMA

Como también levantó, el verano pasado, todo tipo de opiniones la experiencia que vivió junto a la cantante Lady Gaga en un extraño dúo que poca gente entendió más allá de las fronteras del marketing mutuo. Gaga ayudó a promocionar el Marina Abramovic’s Institute y, a la vez, la cantante promocionó su nuevo disco.

Siguiendo el método Abramovic, la cantante realizó a solas y junto a ella algunas acciones típicas de la performer. Todo esto quizás no hubiera sido nada del otro mundo si no se hubiera grabado y además la cantante apareciese desnuda, hecho que en Estados Unidos escandalizó enormemente. Unos días más tarde de la salida del vídeo donde Gaga y Abramovic aparecían practicando los ritos del método de la artista, saltaron a los medios unas posibles declaraciones de Abramovic donde afirma no soportar a Lady Gaga, que odia su música y que durante el método le estuvo molestando todo el rato. Verdaderas o no estas afirmaciones, lo cierto es que ver el nombre de una artista conceptual contemporánea en la prensa amarilla no puede traer nada bueno.

Para la promoción del instituto que lleva su nombre, Marina también colaboró con el rapero Jay Z en una extraña acción/performance/videoclip donde el cantante estuvo seis horas interpretando su tema “Picasso baby” en una sala llena de actores, gente del arte, músicos, diseñadores y fans que compartían un momento con él a solas, al más puro estilo “The artist is present”, pero cantando. Marina Abramovic también aparece en este vídeo dirigido por Mark Romanek, junto a Jay Z compartiendo un momento con él, como el resto del público, y abrazándolo al finalizar la acción. Esta nueva promoción también fue polémica ya que fue similar a la acción de Gaga para la recaudación de fondos para el instituto, sin embargo al no haber desnudos parece que la prensa amarilla no vio interés en ello.

Muchos artistas han trabajado con famosos cantantes, o actores -sin ir más lejos Warhol o Dalí-, ¿qué hay de raro en que una performer de consolidada carrera colabore junto a otros artistas?
Quizás no es eso lo que disgusta a la gente, quizás son los conceptos de sus performances, o la aparente simplicidad de las mismas, que hacen pensar que cualquiera puede hacerlo. ¿Quizás es la falta de información o quizás Marina Abramovic está jugando con el mundo del arte contemporáneo? Ella afirma que quiere ser tomada en serio, y que si estuviera loca no habría colas en el MoMA para participar en sus performances.

Como sea, Marina siempre nos dejará esas grandes performances de los setenta, como “the art must be beautiful, the artist must be beautiful” (el arte debe ser bello, el artista debe ser bello) y, quizás, dentro de otros treinta y cinco años se consideren todas estas criticadas y recientes acciones como hitos en la historia del arte. Sólo el tiempo lo dirá.

 

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